El ‘Chicó’ se hace Grande

Boyacá y su único equipo en la división de honor, buscarán desde el miércoles el título del Apertura frente a un histórico como América.

El amor por Bogotá, pero fundamentalmente hacia el fútbol, marcó para siempre la vida de Eduardo Pimentel. Desde su etapa de estudiante en el tradicional Gimnasio Moderno de la capital colombiana y luego cuando prefirió la pelota antes que la Universidad, al realizar en Millonarios el sueño de ser profesional y además, dar la vuelta olímpica.

Por eso, una vez colgó los guayos, quiso devolverle al equipo albiazul, parte de lo que le dio, pero su trabajo como formador en las divisiones menores resultó efímero por diferencias con los directivos de ese momento. Entonces en medio de la frustración, apareció un buen consuelo: crear su propia institución que tuviera algo primordial, representación capitalina.

De ahí que eligiera el nombre de Bogotá Chicó Fútbol Club y en su escudo representara el parque museo de ese mismo nombre. Así fue el génesis del actual finalista del Apertura, que igual tuvo que hacer el curso en el torneo de ascenso, aunque su primera competencia fue a nivel aficionado en la Liga de Fútbol de Bogotá.

Para competir en la B, se alquiló una casilla y con el apoyo de la empresa privada, Pimentel pudo lograr el concurso de varias figuras, que si bien se aproximaban al retiro, igual convocaban y aportaban algo fundamental: experiencia. Fue así como en 2002, a la capital aterrizaron entre otros, Wílmer Cabrera, Néstor Villarreal y Albeiro Usuriaga, pero con los nombres no bastó para lograr el ascenso en esa temporada.

Esa experiencia, aparte de un hueco financiero, generó el replanteamiento del proyecto y al año siguiente, con algunos futbolistas de recorrido, mas no de reconocimiento marcado, sumados a algunas jóvenes promesas, se alcanzó el tiquete a la división de honor.

La plantilla en la que sobresalieron Adelmo Vallecilla, Claudio Hernández, Armando Navarrete y Luis Yánez, se impuso en la final frente a Pumas de Casanare y adquirió el derecho a participar en la Copa Mustang, de la que ha sido protagonista desde su debut en 2004. Al punto de que en el Apertura de ese año fue el único equipo bogotano semifinalista.


El estadio Alfonso López fue su casa en esa temporada y allí aseguró la permanencia, objetivo fundamental, pero al carecer de hinchada y el apoyo de la Alcaldía, Pimentel buscó una plaza que añorara la A y Tunja fue el destino elegido. Pero a la capital boyacense llegó con nombre y otro entrenador.

De Bogotá, pasó a ser Boyacá Chicó y el buzo de DT, Pimentel se lo cedió a Mario Vanemerak, para convertirse en el presidente del equipo. En su nuevo rol, consiguió el compromiso del gobierno departamental para consolidar un proyecto que permitió además, dos transferencias para sostenerlo económicamente: la de Wason Libardo Rentería al Internacional de Porto Alegre y la de Luis Alfredo Yánez a Independiente Santa Fe.

Él ha sido el arquitecto, pero sin un jefe de obra como Alberto Gamero, difícilmente los réditos a nivel local e incluso internacional, con el debut en la presente versión de la Copa Santander Libertadores, se hubiesen hecho realidad.

El entrenador samario en poco más de dos años de trabajo, consolidó un colectivo que mezcla a la perfección la premisa que muchos usan, pero pocos ponen en práctica: equilibrio entre la experiencia y la juventud. Básico y razón fundamental para justificar lo hecho el sábado en el estadio La Independencia, donde se consiguió por primera vez, el tiquete a la final del rentado.

Y así como su melena, Gamero tiene alborotada a Tunja, donde el próximo domingo habrá un nuevo campeón. Una cita histórica sin duda, a la cual ya confirmó asistencia el Boyacá Chicó que no tiene los años ni la hinchada de Santa Fe o Millonarios, pero está a 180 minutos de lograr lo que ninguno de los dos ha conseguido durante décadas, dar la vuelta olímpica.

Sólo para las estadísticas

Así América se hubiese clasificado por anticipado a la final y Chicó asegurara el otro cupo recién el sábado, la última fecha de los cuadrangulares semifinales del Apertura permitió definir además a Envigado en el A y Medellín en el B, como los escoltas de los clasificados, con ocho y nueve puntos, respectivamente. De igual forma, Santa Fe terminó invicto la segunda vuelta y evitó ser colero de su llave, condición que le cedió a su vecino de patio, La Equidad, equipo que junto al Cali terminaron siendo los de peor producción de la penúltima instancia del torneo con apenas cinco unidades, una menos que el Quindío, penúltimo del otro cuadrangular..

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