El Diego de la gente

En Colombia pocos saben de Diego Gutiérrez, el futbolista bogotano de mayor presencia en la liga estadounidense, pero es aún más desconocida la labor humanitaria que cumple con su fundación.

Basta tomar cualquier directorio telefónico, sea de Bogotá, Medellín o Yopal, para encontrar cientos de Diego Gutiérrez, porque tanto el nombre como el apellido son muy comunes a lo largo y ancho de la geografía nacional. Lo curioso es que uno solo haya alcanzado gran popularidad, pero fuera del país.

En la Liga Profesional del Fútbol estadounidense (Major League Soccer) pocos son los jugadores que pueden preciarse de estar desde su comienzo y uno de ellos es colombiano, el cual, de manera casi ininterrumpida, ha hecho presencia en las 12 temporadas. Y ese ‘casi’ se debe a la ruptura de ligamento en su rodilla izquierda sufrida en 1997 que le impidió estar ese año con Kansas City.

Igual Diego Gutiérrez acepta que ese registro es insuficiente para ser reconocido en nuestro país porque este bogotano, de sus 35 años de vida, 18 los ha pasado en Estados Unidos, luego de que su familia decidió radicarse allí en 1990, en palabras de Gutiérrez, “con la idea de brindarnos la oportunidad a mi hermano y a mí de tener un grado universitario a través de una beca, aprovechando las habilidades que los dos teníamos para jugar al fútbol”.

De hecho, ambos lo lograron, pero sólo él hizo rodar el sueño detrás de la pelota, no sin antes estudiar en dos universidades: “primero en la de Evansville de Indiana, y luego me gradué en psicología deportiva de la de Rockhurst de Kansas”. Y el nivel que mostró en el fútbol universitario fue tal, que le impidió ejercer profesionalmente porque una vez la MLS arrancó en 1996, lo fichó.

“En Colombia no alcancé a jugar en Primera, ya estaba en las reservas de Santa Fe cuando se dio lo del viaje. Entonces, ante la oportunidad de hacer realidad la ilusión de jugar en primera división, no lo pensé dos veces y acepté de una la propuesta”. Esa decisión cambiaría su vida para siempre, ya que al “año de estar jugando en la Liga, conocí a Ginna, mi esposa, nos casamos en septiembre de 1997 y ya  tenemos tres niños, Mia, de 10 años; Lina, de 9, y Diego Javier, de 5”.

A ellos no les ha faltado nada gracias a la estabilidad de su profesión, pero en 2006 junto a su compañera, decidieron ayudar a la niñez desamparada: “sentimos que, como padres, no podíamos ignorar el hecho de que 3.000 niños mueren diariamente alrededor del mundo a causa de la malaria y que un simple toldillo puede ayudarlos a protegerse contra los mosquitos, que son los que la portan y propagan”.


Fue así como le picó el bicho de la solidaridad y creó la campaña Nothing But Nets, la cual ha “recaudado más de 20 millones de dólares y todo el dinero es utilizado para comprar los toldillos porque, infortunadamente, esta enfermedad se da en regiones donde las personas no tienen medios suficientes para comprarlos”.

Mali ya está ‘cubierta’

El tema lo apasionó tanto que, a la par de irse documentando sobre éste, fue involucrando socios, entre ellos la NBA, la MLS, varios grupos religiosos y compañías multinacionales como la Exxon Mobil. Pero lo que más le satisface es que “en la campaña todos pueden participar, desde un niño hasta una petrolera. Con sólo donar 10 dólares le estás salvando la vida a alguien y por eso hemos tenido mucho éxito en colegios”.

A todos los que ha logrado vincular, y espera todavía sumar, lo primero que les hace ver es que “salvar una vida es muy fácil, con el simple hecho de donar un toldillo que viene impregnado con un insecticida inofensivo al ser humano, puedes hacer la diferencia y hasta el momento hemos distribuido más de seis millones de ellos, pero aún nos falta mucho camino por recorrer”.

Lo importante es que se decidió y dio el primer paso, desconocido en Colombia, pero que en  Mali, el país africano, fue suficiente para convertirlo en su ‘ángel de la guarda’. “En diciembre pasado viajé a esa república con mi esposa, como parte de una delegación diplomática que llevó a cabo una campaña de salud comprensiva, en la cual se aplicaron vacunas y se distribuyeron vitaminas”.


Además, si algo impulsó más a Gutiérrez fue que “en seis días se pudieron entregar más de tres millones de toldillos que llegaron a hogares donde la pobreza es absoluta, lo cual nos permitió culminar una de las primeras tareas que nos trazamos en ese país, la de cubrir a todo niño menor de cinco años”. 

Vivir en carne propia la problemática lo comprometió más y por eso desde comienzo de este año empezó a planificar la próxima visita para diciembre y enero próximos porque “son los meses en los que el calendario nos lo permite y esa es una de las razones por las que no puedo viajar con tanta frecuencia a Colombia, mi tierra de la que extraño a la familia, mis amigos, la calidez humana de la gente y, por supuesto, su exquisita comida”.

Pero ni siquiera la distancia lo ha desprendido de las raíces: “Fernando Hernández, con quien estuve en Santa Fe y vive en San Luis, Missouri, es padrino de mi hija Lina”. Y aparte del ex arquero albirrojo, se mantiene en contacto con muchos de sus compañeros, “entre ellos, Wílmer Cabrera, que actualmente es el técnico de la selección Sub 17 de Estados Unidos, Óscar Pareja, Roberto Vidales y Ricardo 'El Gato' Pérez”.

En la Casa Blanca

Varios de ellos también se han unido a su causa, y aunque siempre la ha hecho sin esperar nada a cambio, la Major League Soccer y la Fundación de Fútbol de Estados Unidos se lo reconocieron, tras otorgarle el premio al Humanitario del Año 2007.


En el discurso de premiación, el jurado que lo eligió calificó su esfuerzo como “un ejemplo de esfuerzos humanitarios y filantrópicos, así como también un deportista magnífico y un importante jugador que apoya más de una docena de organizaciones”.

Pero no fue la única distinción, porque el 25 de abril del año pasado George W. Bush y la primera dama de los Estados Unidos lo recibieron en el Rose Garden de la Casa Blanca para destacar su labor humanitaria y luego, en octubre, participó como panelista en el foro sobre la malaria que organizó la Fundación Bill & Melinda Gates en Seattle.

Agradece todos esos gestos, pero no dudaría en cambiarlos por más donaciones que permitan “seguir combatiendo una enfermedad que cobra todavía muchas víctimas y para vencerla se necesita no sólo de tiempo, también de concientizar a las personas de que pueden tenerlo todo, pero en definitiva no tienen nada si no comparten con los demás“.

Confía en propagar el eco de su obra, tanto para que, dentro de poco, pueda extenderla al país que lo vio nacer: “porque si bien quiero mucho a Estados Unidos, me siento colombiano y qué mejor muestra de ello que ayudar a compatriotas que tienen muchas necesidades”.

Por eso ya ha venido explorando distintas posibilidades para Colombia. “Hay varias regiones en las que los niños necesitan ayuda y yo quiero ser lo más eficiente posible, de ahí que me esté tomando mi tiempo para investigar el camino y saber cuál es la acción apropiada a tomar”.

Tal vez para entonces ya no esté en la cancha porque “llegó el momento de darle la oportunidad a otros y terminada esta temporada, me retiraré”. El Chicago Fire perderá así a su líder, la MLS a un referente, pero la humanidad seguirá contando con un titular indiscutido de la caridad que podrá tener el nombre de muchos, pero el corazón de pocos.

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