Está prohibido escupir

<p>Las autoridades chinas no sólo corren para tener listos los escenarios sino para enseñar a ciudadanos a hacer fila y a cuidar el medio ambiente.</p>

Además de acondicionar la infraestructura de las ciudades y los escenarios deportivos que serán sede de los Juegos Olímpicos 2008, las autoridades chinas, así como grupos de voluntarios civiles están corriendo una verdadera maratón para transformar las costumbres locales que no son bien vistas por los visitantes extranjeros.

Al recorrer las calles de Beijing o de Hong Kong llama la atención encontrarse con carteles donde se prohíbe escupir a los ciudadanos, so pena de pagar costosas multas. Manuel Antonio Carreño, autor de la célebre urbanidad que ha señalado el código de conducta seguido por millones de ciudadanos, se hubiera escandalizado al presenciar las escenas que hacían parte de la vida cotidiana hasta hace pocos meses.

Debido a los altos niveles de contaminación que vive ese país asiático, es corriente ver cómo los ciudadanos pueden practicar expectoraciones por lo menos ocho veces al día sin recato alguno de hacerlo en cualquier lugar público. Por lo pronto incumplir la norma de no escupir, representa multas equivalentes al 7% de un salario mínimo por cada vez que olviden  la orden gubernamental. El hecho de modificar una costumbre tan arraigada, ha sido una labor de titanes, que muestra que China está dispuesta a pagar cualquier precio para dejar en alto la imagen del país frente a los millones de personas de todo el mundo que van a presenciar los Juegos Olímpicos.

Es importante recordar que estudios del World Bank señalan a la China como uno de los focos más impresionantes de contaminación del planeta. De las 20 ciudades más polucionadas, 16 se ubican en este país. Sin embargo, aunque esto puede explicar la costumbre inaceptable de escupir en cada esquina, no es el único hábito chino que molesta a los visitantes.

El irrespeto por las filas y la costumbre de gritar sin importar el lugar en donde se encuentren, caracteriza a los grupos de chinos que se comportan así, dentro y fuera de su patria. Se ha institucionalizado el día 11 de cada mes como el día de hacer la cola para cambiar el hábito de conseguir acceso a cualquier lugar a punta de codazos. Las campañas incluyen anuncios en medios de comunicación masivos, carteles en las calles y en lugares de alta visibilidad, como las estaciones del metro, al igual que brigadas de ciudadanos dispuestos a hacer realidad el lema: “Nuevo Beijing, Grandes Olimpiadas”. De igual manera, se ha trabajado en la transformación de la conducta pública a fin de mostrar la mejor faceta del país a propósito de los Olímpicos 2008.


Se insta a los ciudadanos a sonreír para atraer a los turistas que se congregarán a partir de agosto. Se han hecho populares, asimismo, los cursos de etiqueta para que los conductores de taxi y personal relacionado con la industria de hotelería y turismo estén a tono con las costumbres del mundo en lo que a cortesía y buenos modales se refiere.

Los conductores de taxi en Beijing suelen echar “cuentos chinos” a la hora de cobrar una carrera, incluso sin poder comunicarse verbalmente con sus clientes. Es posible tener cinco opciones de precio para el mismo recorrido, por lo que los turistas deben negociar como si fuera en un mercado callejero los precios de este servicio de transporte público, ampliamente utilizado por los extranjeros. Quizá decidan hacer parte del movimiento de transformación para complacer a los visitantes, aunque es más probable que quieran literalmente “hacer su agosto” con los turistas de las olimpiadas.

De acuerdo con residentes extranjeros en China, consultados por El Espectador, la transformación del país de cara a los Juegos Olímpicos ha sido significativa. En los últimos 18 meses se ha incrementado el número de habitantes de Beijing que se pueden comunicar en inglés con los extranjeros, con lo cual la apertura cultural es un hecho cierto.

Los hoteles, los servicios turísticos y las personas están dispuestos a copiar exitosos modelos como el de Tailandia, donde los ciudadanos sonríen por mandato del Rey para hacer sentir cómodos a los visitantes. El cambio no sólo se refleja dentro del país. Los chinos que viajan al exterior también reciben instrucciones por parte de los guías de turismo para mejorar su comportamiento en lugares de interés histórico, donde tradicionalmente se escuchaban megáfonos con gritos perturbadores para excursionistas de otras latitudes.

Es predecible que los chinos,  herederos de la disciplina instaurada en la revolución cultural, sean capaces de seguir las instrucciones al pie de la letra que se dan en los nuevos manuales de urbanidad y consigan transformar sus costumbres hasta ser parte de la estandarización que exige un mundo global.

Es probable entonces, que  para el día 8 del mes 8 de 2008 los ciudadanos del país más poblado del mundo hayan logrado cambiar significativamente sus modales para agradar a los visitantes y a todos los fanáticos de los Juegos Olímpicos.