Con la fuerza de su mano izquierda

El ciclista boyacense, de 25 años, comienza este sábado la defensa del título de los premios de montaña del Tour de Francia.

“Cuando más jodido está, es cuando más responde ante los retos”, con esta contundente frase Claudia Patricia Flórez, esposa del ciclista Mauricio Soler, resume el actual momento del ciclista boyacense, quien desde este sábado afrontará la defensa del título de los premios de montaña del Tour de Francia, en medio de complicaciones de salud.

Justo hace un año, después de correr la carrera francesa, Soler fue operado, en Milán, de la muñeca derecha, tras una rotura de tendones. Pues ahora el problema es en la mano izquierda. En pleno Giro de Italia, el corredor del equipo Barloworld, fue arrollado por un ciclista debutante y aunque de inmediato pudo subirse a la bicicleta, días más tarde tuvo que retirarse de la carrera. La lesión dictaminada por los médicos del equipo fue una microfractura entre los dedos meñique y anular.

Según cuenta su esposa, debido a la exigencia que hizo Mauricio en los días posteriores, esa lesión se agravó y por eso lo mandaron el 25 de mayo para Colombia a recuperarse, pero también a cumplir con su plan de preparación rumbo al Tour. Y Soler, como todo un profesional, lo hizo al pie de la letra.

Durante el mes que duró en Ramiriquí (Boyacá), su tierra natal, Soler cumplió una apretada agenda que comenzaba a las 4:45 de la mañana. “Se comía una fruta, yogur y cereal. Se entraba a bañar y luego hacía algunos entrenamientos”, dice su mujer, con quien lleva tres años de casado.

Pero ese no era su desayuno, apenas era una entrada para lo que vendría luego. Por ahí a las 6:30 llegaba el plato fuerte: sopa, arepa y chocolate. Y ahora sí, a entrenar, claro, con bebidas hidratantes, bananos y arepas en su mochila.

A las 2 de la tarde regresaba a la casa, “embarrado hasta la cabeza”, tras correr durante más de cinco horas bajo la intensa lluvia que azota por estos días a Colombia. Con un buen duchazo ponía fin a los últimos ejercicios de estiramiento. Luego venía el almuerzo y una pequeña siesta para luego cumplir la sesión de terapia que su esposa fisioterapeuta de profesión le complementaba con algunos remedios caseros a base de panela y caléndula.

“Uno aprende muchos truquitos, porque los ciclistas sufren muchas lesiones. Por ejemplo, siempre tengo en casa crema No. Cuatro, porque ellos sufren siempre de pañalitis, por estar tanto tiempo sentado en la bicicleta”, explica Claudia, quien conoció al ciclista en su consultorio en Duitama, cuando Mauricio fue en busca de ayuda porque tenía bronquitis. “Eso fue amor a primera vista. Después de once meses de novios, nos casamos”, asegura emocionada.


Tras cumplir con sus tareas de preparación para el Tour, Mauricio salía para el pueblo, donde junto con su esposa montó un almacén de bicicletas y luego regresaba a la casa a mirar su correo a ver qué nuevas indicaciones le mandaba su equipo, a escuchar algo de música (su favorita es Ramazzotti, Andrea Bocelli y Vicente Fernández) y a jugar con el consentido, su perro Aquiles.

Hombre de pocas palabras

Juan Mauricio Soler Hernández tiene 25 años. Es un hombre que habla poco, pero cuando lo hace es contundente y claro en sus cosas. “Él no es de rodeos, dice lo que piensa y ya. No habla más de la cuenta, pero no se guarda nada”, cuenta Patricia, al tiempo que afirma que eso no quiere decir que no sea de mal genio. “Se pone muy bravo cuando le interrumpen un entrenamiento, cuando lo despiertan, le dicen mentiras y cuando los periodistas lo asedian mucho”.

Y aunque es cero expresivo, tiene un corazón de un niño de 10 años, es tierno y romántico. A su esposa la conquistó a punta de chocolates, muñecos de felpa y muchos perfumes.

Por el corre corre de su vida profesional, que le absorbe las 24 horas del día, hay poco tiempo para la diversión. Por eso su esposa tiene bien contadas las veces que salen: “Recuerdo un safari de cuatro días que hicimos por Sudáfrica y un paseo por Italia, después de la operación del año pasado. No hay tiempo para más”.

¿Y salen a bailar? “A bailar, nunca, además porque no tiene ni idea de hacerlo. Mauricio me dice que quiere aprender, pero algún día habrá tiempo para eso”, contesta una esposa resignada.

Mauricio viajó la semana pasada a Italia para reforzar la terapia y realizarse algunos exámenes de alta resolución, porque lo cierto es que el boyancese va o va al Tour, pues una de las condiciones de los organizadores de la carrera de invitar al Barloworld era la presencia garantizada de Soler.

En su maleta se llevó unas ganas inmensas por mejorarse y la bandera de su departamento que recibió de manos del gobernador unos días antes de irse. Sólo espera que la fuerza de su mano izquierda no le falle ahora cuando más la necesita.

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