Fuerza, espíritu y profesionalismo

Los Tucanes,  el equipo nacional  que defenderá el título en el torneo Iberoamericano de Bogotá.

¡Llegó la selección de Colombia! Pero… ¿Y dónde están las nubes de periodistas, los flashes, las cámaras de Tv? Tampoco hay curiosos, ni coleccionistas de autógrafos. No, aquí no hay de eso, porque se trata del seleccionado de rugby, Los Tucanes, ese que no goza ni gozará de la fama y el despliegue mediático que tiene la selección de fútbol, por ejemplo.

Lo que sí hay, y de sobra, es compromiso. A las 8 de una gélida noche bogotana, uno a uno van llegando, morral al hombro, y se alistan en medio de la penumbra de un parque público, al norte de la ciudad, donde se reúnen para entrenar. No importa que haya sido una dura jornada de trabajo o de estudio; la prioridad es prepararse para el torneo Iberoamericano en el estadio de Techo, en el que se estrena mañana, a las 9 a.m. contra la selección regional de Norte de Santander.

El amor por el deporte del balón ovalado es el motor de esta nómina de 25 jugadores, dirigida por Carlos Tejada, que cuenta con un gran nivel, no sólo deportivo, sino académico e intelectual. Ingenieros, politólogos, publicistas y hasta microbiólogos hacen parte de este equipo nacional, que tiene un promedio de edad de 27 años. Son rugbiers bien preparados y aunque el deporte es aficionado, ellos lo viven con gran profesionalismo.

De todas formas, Tejada advierte que “el rugby no es un deporte para ganarse la vida, como el fútbol” y resalta que “el 97 por ciento de los jugadores de rugby en el mundo son aficionados”. Él es uno de los pocos hombres que en Colombia se dedicó de lleno a esta disciplina desde 1992, primero como jugador y ahora en su labor de entrenador de clubes y de la selección mayor.

“Opté por escoger el rugby como mi modo de subsistencia”, dice el técnico, que está muy interesado en sembrar la semilla del rugby en las aulas para cosechar talento y aumentar su práctica.

“Tenemos un proyecto con varios colegios y nos ha ido muy bien porque ya tenemos equipos en el Nueva Granada, en el Liceo Francés, Gimnasio Moderno”, destacó este antioqueño, quien espera terminar la licenciatura en educación física que comenzó hace algunos años.

“Cuando juego rugby no creen que soy microbiólogo, o cuando estoy trabajando, con mi bata, no me creen que juego rugby”, dice Javier Castellanos, el vicecapitán de Los Tucanes, egresado de la Universidad de Los Andes, y con una especialización y una maestría en biotecnología realizada en Australia, donde jugó rugby profesional.

“Cuando volví de Australia me ofrecieron un contrato en Alemania, pero yo no vivo del rugby sino que vivo para el rugby. Yo llevaba siete años preparándome en mi profesión y tenía que ejercerla”, afirma Castellanos, quien reparte su tiempo entre el


monitoreo de organismos genéticamente modificados en el laboratorio y los taloneos y los line-out (saques) en el campo de juego. También, debido al rugby, ha tenido que dejar espacio para ir al quirófano: “Ya llevo tres cirugías en una rodilla y una en la nariz”.

El capitán de Los Tucanes es Daniel de Castro, un bogotano que empezó a amar el rugby en Montevideo (Uruguay), donde vivió durante 17 años. “A mi jefe le advertí que en las noches tengo que entrenar”, cuenta este politólogo con especialización en mercadeo y opinión pública y quien labora para una agencia de publicidad. “Estoy en el departamento de planificación estratégica de la agencia y aquí estoy dentro del departamento estratégico del plantel”, dice entre risas De Castro, el cual cumple la función de medio scrum, que es como el armador en el fútbol.

Aquí el técnico no es un ‘policía’ que vela por la disciplina del grupo. Cada jugador, por iniciativa propia, cumple horarios, se cuida y hasta hace sacrificios.

“Estás representando al país y eso te motiva a venir a entrenar, ir al gimnasio, a alimentarse bien, incluso a dejar de ir a rumbear. A uno lo ven como el diferente en la oficina, pero ahí también está lo divertido”, explicó el capitán De Castro.

“Muchos jóvenes dicen que no les queda tiempo de hacer deporte, pero a las 7 de la noche ya están por ahí tomando cerveza”, agregó.

Actualmente hay 95 países que practican el rugby y Colombia está en la casilla 64 del escalafón de la International Rugby Board (IRB), máximo rector mundial. Suráfrica, Nueva Zelanda y Australia son los tres mejores, seguidos por Argentina, países donde este deporte ya es profesional.

“Hoy me gustaría, que a cambio del montón de horas que le meto a esto pudiera recibir algo a cambio”, dice el ingeniero industrial Pablo Lemoine, full back o zaguero de la selección. “Disfruto más el rugby, claro, y eso que aquí se recibe nada más que el placer de jugar”.

Con este perfil de jugadores, parecería que para jugar rugby se necesitara de un diploma, pero no es así, aunque sí hay que “estar muy bien ubicado”, según Óscar Bonilla, otro jugador de Los Tucanes, estudiante de ingeniería industrial, quien asegura que este es un deporte de “caballeros, aunque a la hora de jugar parezcan villanos”.

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