Imparable hacia la gloria

Édgar Rentería sigue haciendo historia en la Gran Carpa del béisbol y al completar 2.000 hits se acerca aún más al Salón de la Fama.

Ahora el objetivo del colombiano es estar en la postemporada con los Tigres. 

La meta de cualquier beisbolista al llegar a las Grandes Ligas es convertirse en pelotero regular con su equipo; luego, terminar una temporada por encima con .300 de promedio al bate o estar jugando en octubre, es decir, ir a postemporada. Después vienen otras cosas, como disputar el Juego de Estrellas, tener un anillo de Serie Mundial, ser campeón de bateo, el jugador más valioso, y al final, cuando ya se han alcanzado varias de estas etapas, viene el camino al Salón de la Fama, donde se hacen inmortales. No solamente con los logros antes mencionados: también hay otros parámetros que llevan a Cooperstown.

A Édgar Rentería sólo le falta ser el más valioso y obtener el campeonato de bateo, en cuanto a las metas anteriormente relacionadas, pero haber llegado a 2.000 hits cuando está en la tercera parte de su temporada 12 en las Grandes Ligas, nos indica que día a día se acerca a un puesto entre los mejores de este deporte, reservado para las verdaderas estrellas.

El barranquillero es el pelotero número 249 en llegar a dicha marca y aunque pareciera que fueran muchos los que la han alcanzado, si se tiene en cuenta que desde 1903, cuando se iniciaron las series mundiales, hasta nuestros días han pasado tantos beisbolistas por los estadios, entonces reconocemos que los miembros de ese club son muy pocos. Es más, si se ausculta en detalle y se tiene en cuenta a los latinos, ‘El Niño de Barranquilla’ es el número 29 de este lado del mundo en lograr la hazaña.

Y es que Rentería inició su carrera en el béisbol organizado mostrando desde el primer día que iba a ser un grande. Fue el beisbolista que conectó el primer hit de los Marlins en 1992, cuando todavía ese equipo no estaba en las Grandes Ligas. Un año después, y ya en la Gran Carpa, Édgar se encontraba en la liga de novatos y Arquímedes Lugo, un lanzador de los Astros de Houston, iba hacia el partido perfecto, pero en la octava entrada el joven colombiano le rompió el “no hit” momentáneo y esa pelota reposa en el museo del equipo.

Pero definitivamente su primer momento glorioso y hasta el momento insuperable, se produjo el 26 de octubre de 1997, cuando dio el batazo que dejó en el terreno a los Indios de Cleveland para darles la Serie Mundial a los de la Florida.

Camino al Hall de la Fama

En ese instante empezó a dar pasos agigantados hacia el Salón de la Fama de Cooperstwon y su carrera hacia él no se detiene, si se analizan las cifras de algunos peloteros que son grandes figuras y cuyos nombres están enclavados entre los inmortales del béisbol. El venezolano Luis Aparicio, por ejemplo, considerado como el mejor a la defensiva entre segunda y tercera base, se ubica en el número 34 de todos los tiempos, con un promedio de .262 en 18 temporadas gloriosas.


Al barranquillero le va a quedar difícil igualarlo defensivamente, pero su promedio al bate, las carreras empujadas y el número de hits marchan a un ritmo superior al del bolivariano, hoy miembro del Salón de la Fama con gran mérito. El campo corto de Maracaibo, al término de la decimotercera temporada tenía 1.975 hits, 25 menos que Rentería, que va a gozar de al menos 300 turnos al bate antes de que termine la competencia de 2008.

En las demás novenas, históricas por demás, como Cardenales de San Luis, Medias Rojas de Boston y Bravos de Atlanta, dejó huella, la misma que ahora empieza a formar en los Tigres de Detroit, donde ejemplos históricos no le faltan.

Lou Whitahker es el instructor de jugadores de campo corto de dicha organización y su nombre siempre estará relacionado con el de Alan Tramel, ya que ambos conformaron la llave de doble plays más longeva en la historia de la pelota caliente. Durante 19 años, entre segunda base y short stop, edificaron toda una leyenda. El primero terminó su carrera de 19 años con 2.369 imparables, mientras su compañero en dos décadas de ejercicio bateó 2.365.

Promedio de admirar

La responsabilidad de devolver a esa novena a renglones protagónicos no le pesa a Rentería. En una entrevista a El Espectador, algunas semanas atrás, cuando en el comienzo de temporada los partidos se contaban por derrotas, el barranquillero prometió: “Vamos a salir de esta”.

De hecho lo han venido consiguiendo, gracias a una nómina de lujo, con alto poder a la ofensiva y a la cual ha aportado el pelotero colombiano, quien desde el pasado martes en la noche, cuando conectó su hit 2.000, aceleró su marcha hacia el salón de los inmortales del béisbol y su promedio de 160 imparables por temporada así lo advierte.

Proyectando esas cifras, Rentería al finalizar septiembre estaría por el orden de los 2.080 y, de acuerdo con el cálculo de los especialistas, se le pronostican al menos cinco temporadas más de alta producción, pero en el peor de los casos, si bajara ésta a 140 hasta el año 2013, rondaría la cifra de los 2.800 y no hay un pelotero con esa cifra que esté fuera de Cooperstown, aunque para gozar de esa distinción deberá esperar cinco años después de su retiro, plazo establecido para ser elegido, con la excepción de Pete Rose, pero por problemas extradeportivos.

 Su rendimiento, y especialmente el profesionalismo que ha distinguido a Édgar, indican que puede jugar muchos años más, ya que durante 12 en las Grandes Ligas, apenas ha estado en lista de incapacitados por dos semanas y en un par de ocasiones. Es decir, que ha sido un deportista sano e íntegro para que, a la par de los números, la salud también le haya acompañado.

Y si bien las marcas hay que lograrlas primero, para Rentería no hay imposibles y lo hecho hasta ahora indica que el sueño de que un colombiano acompañe a Babe Ruth en Cooperstwon no es tan lejano como parece.