¿Con licencia para errar?

Los especialistas en arbitraje coinciden en que el juez antioqueño se apresuró al decretar el final del juego entre América de Cali y Boyacá Chicó.

Pasarán los años y se seguirá hablando de la desacertada decisión del árbitro antioqueño Wílmer Roldán, quien increíblemente el miércoles decretó el final del partido América-Chicó justo cuando Frank Pacheco, volante del equipo ajedrezado, entraba solitario al área y remataba para vencer al arquero Adrián Berbia y conseguir el que habría sido el gol de la victoria de su equipo.

Ante la mirada atónita de los jugadores visitantes y hasta de los mismos americanos, además de los reclamos de unos y otros, el central se mantuvo firme en una decisión que seguramente le cobrará factura en su futuro como árbitro.

Y aunque ante los ojos de todo el mundo, Roldán hoy es el malo de la película y su errada decisión ya tomó tintes suspicaces, los cierto es que aferrados al reglamento, él estaba en la potestad de acabar el partido, pues el tiempo ya estaba cumplido. Lo difícil de entender, claro está, es que lo haga justo cuando un jugador avanza con opción gol.

“La ley faculta al árbitro para dar por terminado el juego cuando quiera, luego reglamentariamente no hay falla. Pero por sentido común no debió hacerlo en ese instante, pues había una posibilidad inminente de gol”, coincidieron varios especialistas en el tema como los ex árbitros Armando Pérez y Rafael Sanabria y el juez activo José Borda.

Pérez, silbato antioqueño que se retiró a comienzos de los años 90, agregó que “el problema es que no fue práctico en esa acción. No le dio buen manejo, no demostró su experiencia. Uno no acaba un partido en una jugada contundente, de peligro, eso desdibuja todo lo bueno que haya hecho durante los otros 92 minutos”.

Para Óscar Julián Ruiz, en cambio, “el árbitro perdía con cara o con sello, porque algunas recomendaciones de instructores indican que hay que dejar concluir la jugada, otras sugieren terminarla una vez se cumpla el tiempo porque, de continuar, con la reanudación se pasaría del tiempo añadido y ahí vendría el reclamo del otro equipo”.

Pero obviamente esta tesis no está dentro del libreto del técnico del Chicó, Alberto Gamero, quien señaló que “Roldán miró al juez de línea, quien validó la jugada porque no había fuera de lugar y cuando el balón va para adentro, termina el partido. No me dejaron ganar el partido, pero me queda la tranquilidad de saber que todo el país vio lo que sucedió”.

Sorprendentemente, el presidente del equipo boyacense, Eduardo Pimentel, quien casa peleas hasta prestadas, no se mostró ayer tan alterado como de costumbre y por el contrario dijo que estaba triste, que ya no quiere desgastarse más, porque está seguro de que al Chicó no lo van dejar ser campeón. “Me tengo que someter, porque aquí no se puede hablar nada, no se puede denunciar nada. Me toca tomar la postura de borrego y agachar la cabeza, porque si no, me quedó aquí peleando solo. Lo que pasó fue indignante y los jueces saldrán a decir que pitaron excelente y que sólo al final cometieron un error chiquito, pero un error decisivo en el partido. Y estoy seguro de eso mismo va a pasar el domingo en la final”.

Lo cierto es que la decisión de Roldán generó controversia en todo el país, aunque por fortuna no reacciones violentas de los afectados. Pero ¿qué habría pasado si le decisión la toma en contra del local, el América?  Seguramente nada.

Ahora se espera que Roldán haga sus descargos ante la Comisión Arbitral y ésta anuncie qué clase de castigo le aplicará a un juez Fifa que se equivocó dentro del reglamento.