Mariana, la duquesa del tenis

Su historia deportiva empezó a los 5 años. A sus 18, es la primera colombiana en llegar a la final de un Grand Slam.

En sus primeras derrotas no era capaz de contener las lágrimas. Salía tan furiosa de la cancha que sus padres no sabían cómo controlar sus pataletas. Mariana Duque tenía apenas cinco años y comenzaba a forjar su carrera deportiva. Hoy, a sus 18 años, sigue sintiendo un nudo en la garganta cuando no triunfa y así sucedió el día en que perdió la medalla de oro en los Juegos Panamericanos contra la número 50 del mundo.

Sin embargo, el sabor de la derrota fue distinto. Los títulos acumulados en los últimos meses y su rápido ascenso en el escalafón mundial fueron más que suficientes para devolverle la sonrisa. Pues sólo este año fue campeona del Satélite Profesional de Jalapa (México) y del Mundial Juvenil de Barranquilla, subcampeona mundial en Ecuador y medalla de plata en los Panamericanos de Río de Janeiro.

Y, sin duda, su mejor carta de presentación fue el subtítulo en el Roland Garros Junior. Por eso está catalogada entre las 200 mejores tenistas del planeta. Resultados que no podían ser distintos porque el amor y la dedicación de Mariana por el deporte blanco comenzaron cuando apenas incursionaba en el jardín infantil y todos los fines de semana jugaba con su padre José Guillermo en las canchas del club Bogotá Tenis.

Tiempo después, días antes de cumplir sus siete años, les dijo a sus papás que quería salirse del colegio para dedicarse al tenis. "Me sorprendió que siendo tan pequeña estuviera segura de lo que quería hacer con su vida. Por eso decidimos apoyarla para que combinara sus estudios de colegio con el entrenamiento", recuerda hoy su mamá Silvia Mariño.

Empezó a entrenar en la Academia de Colsánitas. Su talento y destreza se robaron la atención de la organización, que no dudó en integrarla al equipo. Los entrenamientos se cruzaron con sus clases en el colegio Marymount y la exigencia en ambos frentes se hizo cada vez más fuerte, hasta que sus padres decidieron tomar cartas en el asunto.

"Aunque siempre le daban permiso para salir al exterior y participar en torneos, cada vez que retomaba el estudio era un drama porque estaba atrasada en tareas y exámenes. Por eso la cambiamos a un colegio de educación personalizada que le permitiera cumplir con sus deberes académicos y dedicarse al tenis", explica su madre.

Al poco tiempo ganó sus primeras medallas, sus primeros torneos, y pasó "del puesto mil para arriba", como ella misma decía, al 850, al 275... Hoy es una de las 200 mejores tenistas del mundo. "He tenido que sacrificar el tiempo que comparto con mis amigos y mi familia, pero el tenis me ha dado mucha felicidad, y un año tan bueno como este me motiva a consagrarme a este deporte y tener un 2008 lleno de satisfacciones", asegura ella, la Mejor Deportista Juvenil de El Espectador 2007.

De familia deportista

La imponencia de la sagrada cancha de Wimbledon en Londres deslumbró a Silvia Mariño. Viajó junto con su esposo a ver jugar a Mariana, invitada al cuadro principal por su excelente desempeño en el Roland Garros Junior, donde terminó subcampeona. Aunque ya están acostumbrados al nerviosismo y las emociones que sienten cada vez que ven a su hija en la cancha, nada fue equiparable a la alegría que les produjo acompañarla a uno de los eventos más antiguos y prestigiosos del tenis.

"Verla en esa cancha jugando contra tenistas mayores que ella y con un ranking más alto, fue lo máximo", resaltan sus padres. Aunque sus cuatro hijos son deportistas desde pequeños, José Guillermo, en fútbol y Silvia y Catalina con el tenis, la sorpresa la dio Mariana cuando se convirtió en deportista profesional y primera mujer colombiana en llegar a la final de un Grand Slam. Hoy, a sus 18 años, ya hace parte del escalafón mundial de este deporte.

El próximo año terminará el colegio y se dedicará a perfeccionar su juego: la potencia del saque, la precisión de su derecha y su juego corto que ha puesto a temblar a sus rivales. Serán días de trabajo duro y ella lo sabe. Comenzarán a las seis de la mañana y se extenderán hasta las cinco de la tarde. El tiempo para su familia y amigos seguirá siendo escaso. Pero también sabe que para consagrarse como una de las mejores tenistas del mundo tendrá que hacerlo. Su ídolo, la suiza Martina Hingis, lo hizo y fue la número uno del mundo. Mariana Duque no lo descarta.

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