A media máquina

David Villa marcó tres goles para los ibéricos y encabeza la tabla de artilleros del torneo. Fábregas, en posición viciada, anotó el cuarto.

Innsbruck es una preciosa ciudad enclavada entre las montañas austríacas y ha sido dos veces sede de los Juegos Olímpicos de Invierno, en 1964 y 1976. Aquí, más que en cualquier otro lugar, el esquí es el deporte rey, aunque por estos días varios miles de hinchas españoles les han enseñado  a los moradores los coros que entonan cada ocho días en Madrid y Barcelona.

Y ayer, durante 90 minutos, el estadio Tivoli Neu, fue testigo de que los aficionados locales han aprendido, pues a los gritos de los 15 mil ibéricos se unieron 10 mil más, no propiamente rusos, quienes gozaron desde el minuto 20 del partido, cuando el delantero del Valencia, David Villa, desequilibró el marcador.

El duelo terminó ahí, pues a los rusos, que habían generado mucha expectativa en la ronda clasificatoria y parecían haber encontrado un gran nivel bajo la batuta de Guus Hiddink, les pesó el estreno y no fueron capaces de hacer frente a una España que no aparece como candidata al título, pero que nadie descarta.

Fue un triunfo justo, así se haya conseguido jugando a media máquina. David Villa hizo una tripleta y Cesc Fábregas, en posición viciada, anotó el cuarto, mientras que para los rusos Roman Pablyuchenko hizo el del honor.

Un 4-1 con el que España cumplió, pero no encantó. Claro, la debilidad del rival no permitía celebraciones excesivas. “Estamos contentos, así hay que iniciar un torneo. Vamos a mejorar en la defensa”, dijo al final el técnico Luis Aragonés, criticado antes del partido por dejar en la suplencia a Cesc Fábregas, reclamado durante toda la primera parte por los hinchas.

La gran figura del partido, David Villa, presentó su candidatura al título de mayor anotador del torneo, pero advirtió que su objetivo es salir campeón, no goleador: “No es mi mejor partido con la selección, pero sí el más productivo, fuimos contundentes e incluso pudimos haber marcado más goles”, señaló al recibir el trofeo que le entregó la firma Castrol en la zona de entrevistas.

A pesar de la victoria, los jugadores y miembros del cuerpo técnico salieron preocupados porque cuando Rusia intentó atacar, le creó problemas en defensa y obligó al lucimiento del arquero Iker Casillas. Sus seguidores, en cambio, todavía deben estar celebrando en la plaza Emperador Maximilian, en donde la lluvia no fue impedimento para que vestidos con camiseta roja, los hinchas españoles calentaran un poco la fría pero bella Innsbruck, a la que el verano no ha llegado aún.

Sin jugar bien, la selección ibérica quedó a un paso de la segunda ronda y empezó a ilusionar a los incrédulos que con algo de razón aseguran que España llega como favorita a todos los torneos y sale por la puerta de atrás. Bueno, desde 1964, cuando ganaron en casa la Eurocopa, no han logrado títulos en categoría de mayores, motivo suficiente para no confiar demasiado, pero en la Euro 2008 al menos arrancaron con pie derecho.

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