Iván Duque: así fue su histórico triunfo en las elecciones presidenciales

hace 36 mins

Las mujeres de Léider

<p>Preciado es el terror de las defensas en el fútbol colombiano, pero en casa es sometido más fácil de lo que parece por la marca de su esposa y la referencia permanente de sus dos hijas. Por eso, el tumaqueño no descarta buscar el tercer heredero para tener un poco de respaldo masculino. Este sábado será uno de los protagonistas del clásico capitalino.</p>

Son las siete de la noche y el silencio que reina en el hogar Preciado advierte que el descanso empieza a apoderarse por completo de él, pero alguien con voz firme y autoridad de sobra lo interrumpe para hacer una sola pregunta, de cuya respuesta depende si se apaga o no la luz: “¿Derley ya terminó de leer y Valeria hizo todas las tareas?”.

Las sonrisas pícaras de ambas parecen decírselo todo a la madre, quien antes de acudir al regaño, encuentra la oportuna solidaridad del jefe del hogar que se aparta por un momento del televisor y sin necesidad de muchas palabras, les deja en claro que hacer caso, es el camino recomendable.

“¿Si escucharon a la mamá?”, es lo único que se atreve a decirles Léider Preciado a sus dos hijas, pero ni siquiera el ceño fruncido es lo suficientemente convincente y por eso la única alternativa posible es el chantaje: “Si acaban rápido, jugamos”, promete. Ellas encantadas aceptan y sólo así Marileth, la abnegada progenitora, encuentra cierta resignación.

“Soy más alcahueta que la mamá, pero guardando sus límites, porque si ella dice algo, hay que respetarlo y no quitarle la autoridad que tiene”, reconoce el goleador de Santa Fe, cuyo carácter que le distingue en la cancha e incluso lo ha traicionado en algunas oportunidades, se esfuma una vez llega a casa.

En su lugar predilecto para el descanso, deja que “la señora haga lo que ella considere, porque en el hogar siempre mandan las mujeres, así sea una no más, por ejemplo en la mía siempre mandó mi mami, estando de todas formas mi papi. Uno a veces de chicanero dice que manda el hombre en la familia, pero es puro cuento, ellas son las jefes”.

Mari, como llama cariñosamente a la mujer que conoció gracias a su amigo y ex compañero Gustavo del Toro hace 11 años, deja por un momento la timidez para aceptarlo y de paso afirmar que en las tareas de la casa, Léider estaría expuesto a la tarjeta roja… “No ayuda a hacer oficio porque llega muy cansado y a la cocina se mete unas dos veces al año”.

Con ganas de matrimonio

Pero en lo que jamás podrá sancionarle, será por la entrega incondicional hacia Derley y Valeria, de ocho y cuatro años respectivamente, quienes “son sus ojos y por eso así haya tenido doble turno de entrenamiento, siempre saca tiempo para jugar con las niñas, es que hasta de caballo lo ponen al pobre”, afirma la mujer que Preciado espera llevar algún día al altar.

“Nos casamos por lo civil y algún día nos casaremos por la Iglesia”, dice sin dudarlo el tumaqueño. La fecha no está prevista, pero podría ser después de que llegue el tercer hijo de la familia. “Mi señora y yo queremos buscar el niño, pero es que la vida está muy dura, los colegios están muy caros y las universidades ni hablar, entonces eso es para pensarlo bien”, dice.

La aprobación del matrimonio católico y otro heredero ya se la dio doña Colombia, quien “es y será lo máximo en la vida de


Léider Preciado, porque fue la mamá perfecta, echada pa’lante y Dios y la vida también me premiaron con una buena mujer que me ha dado dos hermosas hijas que son todo para mí”.

Por eso desde su natal Tumaco, la profesora que “este año se pensiona porque debe darle el chance a otros”, todavía lo orienta a la distancia. “Siempre hablamos dos o tres veces a la semana y me envía sus bendiciones”, aunque aparte de encomendárselo a Dios, también aprovecha para darle “consejos duritos que le llegan a uno”.

Esos mismos intenta compartirlos con sus pequeñas, en especial con Derley por ser la mayor, cuyo nombre es el de su padre al revés y a quien define como “muy lindo, especial y nosotras lo consentimos mucho, lo acariciamos donde le pegan”. Ella disfruta como pocas en el estadio y no hay partido en el que deje de mandarle “muchos besos”, con tanta pasión que no se queda en El Campín, porque “casi todo el curso de mi colegio es de Santa Fe, aunque también hay algunos de Millonarios, Cúcuta y América”.

Apoyo incondicional sin duda, definitivo en momentos difíciles y ahora cómplice de un sueño que se vislumbra posible, el cual es impulso suficiente para el hombre que ya superó el centenar de goles con la camiseta albirroja y este sábado va por otro registro para dedicárselo a las mujeres de su vida: convertirse con dos gritos frente a Millonarios, en el máximo anotador de los clásicos bogotanos.

Valeria, quien ya empieza a hablar más claro, lo hace también con la sinceridad propia de los niños. “Mi papi es bravo y me regaña porque no me voy a acostar”, acusó la menor, que cada madrugada aparece en medio de los dos, porque “mi hermana ya está grande y yo todavía soy muy chiquita”.

Ante esa expresión de ingenuidad pura, a Léider no le queda de otra que sonreír, aunque sus ojos también pudieron hacerse agua, porque sus hijas ya le han sacado lágrimas, por ejemplo hace siete meses cuando le “pareció bacano llevar tatuado el nombre de las dos –uno en cada antebrazo– y por ellas lo que sea, hasta el dolor, porque pensé que era más suave, pero dolió mucho”.

Igual lo soportó y está dispuesto a soportar más con tal de hacerlas felices, ya sea con un gol dedicado, una caricia espontánea o un juego infantil en el sofá. Así es el Léider papá, el mismo que en el área se las puede arreglar solo, pero en casa, a falta de una, tiene triple marca personal y escalonada si se quiere, porque Marileth lo reduce con un beso, Derley necesita de una mirada para someterlo y Valeria lo rinde a sus pies a punta de cosquillas.