La pasión del fútbol calienta a Europa

Rodó la pelota y el calor llegó a Europa. La emoción del gol apareció y
la pasión de los aficionados se tomó todos los rincones de Suiza y
Austria.

La lluvia que reinaba durante las últimas semanas claudicó por fin para que el sol brille y la temperatura suba a medida que pasan los días. Basilea, Viena, Ginebra, Klagenfurt y Berna y Zúrich comenzaron a vivir una Eurocopa que promete ser la mejor de la historia y que seguramente, aunque no batirá los récords de asistencia porque los estadios son pequeños, será la más turística.

Y es que la posición privilegiada de los dos países organizadores, en todo el centro del Viejo Continente, ha facilitado el desplazamiento de hinchas de todos los países. Francia, por ejemplo, está apenas a una hora en tren de las ciudades en las que jugará la selección gala. A alemanes, italianos, españoles y checos no les toma más de tres horas el viaje en auto. Y los que están un poco más lejos, como holandeses, griegos, rumanos, croatas, polacos y suecos necesitan de un par de horas de vuelo para llegar.

Tal vez por eso no hay una sola habitación disponible en las ciudades sede, en las que en cada esquina se encuentran grupos de aficionados con las caras pintadas, pelucas, disfraces y banderas. Y también varias cervezas, pues en Europa ir al fútbol es sinónimo de tomarla. Por eso, desde bien entrada la mañana, se congregan cientos de personas en las plazas principales y comienzan a entonar sus gritos de ‘batalla’, porque a pesar de que han sido capaces de integrarse y formar un bloque social y económico, en sus gustos futbolísticos nunca se pondrá de acuerdo con sus ‘hermanos’ continentales.

De hecho, aunque las autoridades han reportado buen comportamiento y están felices por la ausencia de fanáticos ingleses, ya han protagonizado disturbios alemanes y holandeses, también imparables cuando el licor se les sube a la cabeza. Y eso que el mal arranque de las selecciones locales calmó los ánimos. Suizos y austríacos no pudieron celebrar, y tuvieron que conformarse con aceptar con hidalguía las derrotas contra checos y alemanes.

De acuerdo con el comité organizador, el fin de semana llegaron a Suiza y Austria millón y medio de turistas, pero apenas 100 mil asistieron a los estadios. Los demás viajan a las ciudades en las que juega su selección, pasean, comen, ven el partido en algún lugar público, celebran y al día siguiente se van a sus países. Dos días después vuelven y hacen lo mismo, esa es la tradición.

Y eso que los hinchas que regularmente asisten al fútbol no son mayoría en un torneo como éste. El 30% de la boletería se les entrega a las autoridades locales y deportivas, empresas patrocinadoras e invitados. Un 38% más a las federaciones de los dos países en contienda, que se encargan de comercializarlas, generalmente por intermedio de sus agencias de viajes asociadas, que venden paquetes turísticos con todo incluido. Y apenas el 32% restante llega a manos de los aficionados.

Claro que no falta la reventa. Por ejemplo, para conseguir una boleta para el partido Italia-Holanda, en una tribuna general, había que pagar 500 francos suizos, unos 900 mil pesos colombianos. Y para el juego inaugural, entre suizos y checos, la cifra era el doble. Y si a esa suma se le adiciona lo que cada visitante gasta en hospedaje, comida, transporte y regalos, pues se deduce que en apenas 22 días el fútbol moverá miles de millones de euros.

Por eso hay cerca de 10 mil periodistas en Suiza y Austria. Todos dedicados a cubrir los pormenores de un torneo en el que participan 16 selecciones, pero es visto en directo en 134 países. De los 30 canales públicos locales que existen, en inglés, francés, alemán e italiano, ninguno deja de informar al menos durante seis horas diarias noticias del torneo.

Y eso que la Eurocopa apenas comienza. Los primeros partidos han sido emotivos, pero todavía falta mucha tela por cortar y cuando llegue la fase de eliminación directa la temperatura subirá. Llegó el fútbol y con él también el verano y el calor que tanto se extraña por estos lados. Como cada cuatro años, la pasión por la pelota desató la locura de los europeos, integrados económicamente, sin fronteras físicas, pero con colores de camiseta definitivamente diferentes.

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