Santiago Villa, en la carrera de su vida

El colombiano sufrió quemaduras de tercer grado en más del 30% de su cuerpo. Su cuello y manos sufrieron mucho, pero sobre todo sus piernas, quedaron destrozadas. Tras 45 días, este fin de semana intentará de nuevo competir.

El viernes 19 de octubre de este año, Santiago Villa, un destacado motociclista colombiano de 30 años, vio la muerte frente a frente. Hasta ese día había sufrido caídas de todos los calibres, pero esta vez se enfrentaría a un accidente diferente y más grave que cualquiera que hubiese tenido.

En desarrollo de la competencia de duración Asra Team Challenge en Daytona, Estados Unidos, carrera en la que había triunfado el año pasado, Villa cumplía con un retanqueo de combustible montado en su moto, mientras esperaba que sus mecánicos completaran la maniobra en cuestión de segundos.

En medio de la operación falló el acople entre el tanque lleno de gasolina y el de la moto, y en décimas de segundo, lo que hasta entonces era la búsqueda de la gloria, del triunfo, se convirtió en un drama que va más allá de lo deportivo.

“Toda la gasolina que estaba en el tanque se me regó encima”, recuenta Villa. “También se regó sobre la moto. Alguna gota tocó el motor o algo caliente y la moto se prendió en llamas y obviamente yo, como estaba lleno de gasolina, quedé convertido en una antorcha humana”.

Las llamas llegaron, según testigos, hasta más de cuatro metros de altura, mientras Villa corría y luego se revolcaba. Pasaron casi dos minutos antes de que auxiliares lograran extinguir el fuego de su cuerpo.

Debido a que en las motos la indumentaria no es fabricada en materiales ignífugos como en el automovilismo de velocidad, Villa sufrió quemaduras de tercer grado en más del 30% de su cuerpo. Su cuello y manos sufrieron mucho, pero sobre todo sus piernas, quedaron, según él mismo dice, “destrozadas”.

“Yo nunca en la vida había sentido tanto dolor. Nunca había visto algo tan impresionante como lo que vi cuando me miré las piernas”. Las ampollas eran casi del tamaño de un balón de fútbol y el dolor tan intenso que ni la mayor dosis posible de morfina surtía efecto.

Empieza el milagro

Villa fue atendido en un hospital en Orlando, al sur de Daytona, donde estuvo sedado durante varios días. Casi después de dos semanas ya era consciente del dolor nuevamente. Cerca de un mes que permaneció interno fue intervenido en cuatro ocasiones. En la tercera le pelaron las piernas para hacerle nuevos implantes y aunque en un principio los médicos no fueron optimistas en cuanto al resultado, tal vez la fe de Villa, hizo el primer milagro.

“Yo me esperaba otra cirugía, pero en la última cita médica cuando me quitaron los vendajes, el doctor quedó loco”, dice Villa. “Era un milagro. Todo pegó perfecto y todo quedó al pelo. El médico me dijo que me fuera para la casa fresco”.

Tan pronto pudo, empezó a ejercitar sus piernas llenas de cicatrices y a recuperar los más de 10 kilos de peso que perdió. Ni por un segundo pensó que el 19 de octubre iba a ser el día que pusiera fin a su carrera y en su mente se hizo a la idea de volver a subirse a la moto.

Volver a correr

Aunque parezca increíble, este sábado, unos 45 días después de su accidente, Villa intentará volver a subirse a su Yamaha para poder cumplir con uno de los objetivos que se ha trazado en su carrera. Él lidera el campeonato regional de la Florida en la categoría expertos –en el que el año pasado había sido segundo– y necesita un buen resultado en la válida final de este domingo en Homestead, para ser campeón.

“Yo no voy a dejar que me quiten el campeonato porque ha sido muy duro llegar hasta acá”, dice Villa convencido. “Hay que correr y la cosa va en serio. Vamos a ver cómo me siento. El sábado me voy a montar en la moto, voy a dar unas vueltas y voy a ver si lo logro. Si estoy bien mental y físicamente, correré el domingo y trataré de ganar”.

Muchos dirán que está loco, aunque siendo sinceros, cualquiera que dentro de sus cabales sea capaz de poner la rodilla contra el asfalto a más de 200 kilómetros por hora montado sobre una moto, debe tener algún grado de demencia, aunque sea mínimo.

Pero quienes conocen a Villa saben por qué él quiere volver a correr. Su madre Claudia y su novia Diana –quien lo vio prendido en llamas– están que le pegan según él, pero aún así lo apoyan en su decisión después de haberlo acompañado en su vertiginosa recuperación.

“Para ellas fue duro todo”, dice. “Esto ha sido una pelea, pero ellas saben que soy motociclista. Con mi mujer me conocí en esto y mi mamá sabe que esto es lo que adoro y obviamente no tienen la sonrisa en la cara pero me están apoyando”.

Villa tiene además una oferta para 2008 en un equipo del campeonato de motociclismo más importante en los Estados Unidos, el AMA. En los próximos días podría estar firmando el contrato, cumpliendo así con otro sueño que ha tenido desde que empezó a correr.

Unos 150 colombianos acompañarán a Santiago este fin de semana en Homestead cuando intente defender en la pista el liderato del campeonato regional de la Florida. Si lo logra o no, realmente no importa, porque con su voluntad y deseos de seguir adelante, está ganándose la carrera más importante, la carrera de su vida.