Su carrera necesita un oro olímpico

Asafa Powell, una de las estrellas que irá a Beijing. Atleta jamaiquino intentará consagrarse en los 100 metros.

Entre jamaiquinos anda el juego. Usain Bolt, quien posee el actual récord mundial (con 9,72 segundos), y Asafa Powell, el anterior (9,74), son los grandes aspirantes al oro olímpico en la prueba reina del atletismo, los 100 metros.

“No hay malos sentimientos entre nosotros”, dice Powell en una charla amena en Estocolmo, minutos después de vencer por un pelo (9,88 a 9,89) a Bolt en la parada de la Liga de Oro que se realizó en la capital sueca.

Asafa es un hombre de conversación fácil y acento entrecerrado, que habla inglés con el mundo y patois, un dialecto isleño, con los interlocutores jamaiquinos. “Me siento muy bien. Quería ver exactamente en qué punto estoy para Beijing y allá daré lo mejor de mí mismo para ganar”, advierte el velocista.

Bronce en los Mundiales de Osaka 2007, Powell busca su primer gran triunfo internacional perseguido por el fantasma del fracaso en altas competiciones. De nada ha servido que el hijo de reverendos protestantes y el más joven de seis hermanos se haya encargado de correr cinco de los diez 100 metros más rápidos de la historia y de rebajar dos veces el récord (9,77s y 9,74s), ahora precisamente en los pies de Bolt. Su carrera necesita el oro olímpico y él lo sabe.

¿Cómo es correr 100 metros en 9,74?

La primera vez que corrí así de rápido creí que mi cuerpo había muerto. No estaba habituado a ese tipo de sufrimiento. Sentí mucho dolor después. Me costó dos semanas recuperarme.

¿Así que el embalaje es dolor?

Sí. Generalmente el cuerpo sufre demasiado por la exigencia.

Usain Bolt le quitó el récord del mundo...

Él es una buena persona. Me respeta mucho. Le dije que ya es tiempo de empezar a trabajar duro. Escuchó mi consejo. Empezó a salir mucho menos de fiesta y a tomarse los entrenamientos muy seriamente. Para mí, yo sigo siendo el dueño del récord, porque lo tiene un jamaiquino.

Bolt o el estadounidense Tyson Gay, ¿quién es más peligroso?

De quien tengo miedo realmente es de mí mismo. Me presiono para hacer lo correcto porque, si lo hago, nadie puede ganarme. Soy el único que me puede ganar.


¿Cómo se presiona?

Cuando estoy entrenando me veo increíble. Llego al calentamiento y me siento muy bien, pero cuando estoy dirigiéndome a la pista, empiezo a preguntarme: “¿Lograré hacerlo igual de bien?” Todo eso empieza a cruzarse por mi mente. No pienso en los otros. Pienso en si voy a ser consistente.

Por eso se le compara con Marlene Ottey, quien ganaba en todas las reuniones menores, pero que nunca se colgó en su cuello el oro olímpico.

Honradamente no escucho a la gente. Escucho a Stephen Francis, mi entrenador. Muchos dicen que es un problema mental, que cuando voy a las grandes competiciones no puedo conseguirlo. La verdad es que nadie sabe eso. No están conmigo cada día en los entrenamientos para ver lo que hago. Y mi entrenador me dice que no es un problema mental, sino de ejecución.

Él le dijo que no iba bien preparado al Mundial de 2007.

Salí a la pista con un montón de bobadas en la cabeza. Estaba pensando en la celebración. Estaba confiado pensando en la marca, en lo que haría después de la carrera. Esas son las cosas equivocadas, pues tienes que enfocarte en lo que debes hacer para llegar primero a la meta.

Acabó siendo bronce. ¿Qué le dijo Gay, que fue el ganador?

Fui a recoger mi maleta y él vino y me dijo que no me preocupara porque él ganaría algunas carreras y yo otras. “Mantén la cabeza alta”, dijo. Siempre lo recordaré.

Ustedes dos son muy religiosos.

La religión es muy importante para mí. Crecí en la Iglesia, creyendo en Dios y en que todas las cosas son posibles para Él y ayuda al que se ayuda a sí mismo.

¿Cómo le sienta la compañía de Bolt y Gay?

Muy bien. Los 100 metros se estaban convirtiendo en algo un poco aburrido hasta que aparecimos Justin Gatlin, Gay y yo. Ahora está Usain y la gente se ha adaptado. Hay tres personas que pueden correr en 9,7 y por eso la gente se pregunta quién va a ganar. Antes, la pregunta era otra: ¿cómo va a ganar Asafa, qué tan rápido correrá? Eso me ha quitado muchísima presión, pero la gente sigue pensando que, si junto todas las piezas, ganaré.

A los ojos de quienes no son expertos, los 100 metros parecen sencillos.

Pues son muy duros. No hay espacio para la más mínima duda. Todo pasa tan rápido que ni siquiera se siente el dolor sino hasta después de cruzar la meta. En 10 segundos te juegas el trabajo de cuatro años, la adrenalina está a mil, es algo incomparable.