“Uno tiene que ser persona antes que jugador”

Tony revela algunas intimidades del número dos del escalafón mundial. Cuenta que Rafa tiene una vida normal, sin extravagancias.

“Cuando comencé a entrenarlo, Rafael tenía sólo cuatro años y pegaba todos sus golpes a dos manos. Un día le pregunté: ¿Cuántos tenistas conoces que hayan sido número uno jugando así? Ninguno, me respondió. Yo le dije: tranquilo, no serás tú el primero, vamos a pasar a una mano”, recuerda Tony Nadal, el entrenador de su sobrino, Rafael, y quien a pura lógica logró corregir uno de los primeros defectos que presentaba el hoy número dos del escalafón mundial de la ATP. Comenzaban los años 90 en el municipio de Manacor y Rafael era un niño apasionado no precisamente por el deporte blanco…

“A él le gustaba más jugar fútbol que tenis, una cosa normal porque los chicos siempre prefieren los deportes de equipo. Era delantero por izquierda y marcaba muchos goles. Pasó que, a medida que fue ganando títulos y trofeos, el tenis lo fue atrapando.

Mientras disfruta de sus vacaciones en las playas de Mallorca (España), Tony acepta gustoso la propuesta de El Espectador para revelar detalles e intimidades del  Nadal más famoso, el que luego de destronar a Roger Federer en Wimbledon, acaricia la cima del tenis mundial. Después de todo, nadie lo conoce mejor…

“Desde un comienzo fui muy exigente porque mi idea de la vida es la disciplina. El tenis es un deporte duro de cabeza donde el jugador debe aguantar mucha presión. Lo tenía muy claro: él tenía que ser mentalmente fuerte”.

¿Y cómo consiguió eso?

Hablando y planteándole situaciones difíciles. Muchas veces lo obligué a entrenarse en canchas en pésimo estado y con bolas desgastadas. Le decía: “eso es lo que hay, adáptate”. Yo a Rafa no le permití nunca tirar una raqueta porque me molesta que la gente se queje. Los que están en África y no pueden comer se pueden quejar, pero tú no. Una vez en París,  cuando jugaba el primer año en el circuito, Rafael  se estaba comiendo tres croissants de chocolate antes de un partido y su manager, Carlos Costa, me dijo delante de él: “¿Le permites hacer eso?”  Le respondí: “sí, que tenga dolor de estómago y sea la última vez que lo hace. Es su problema y lo tendrá que solventar”. Esa suma de cosas fueron forjando su carácter y lo convirtieron en un joven muy receptivo. 

Me imagino que ahora las cosas han cambiado y debe ser más difícil darle órdenes…

Es obvio que a una persona de 22 años no le diría las barbaridades que le decía de pequeño, pero Rafa sabe que yo no soy el que le lleva las raquetas a encordar ni el tío que está ahí para acompañarlo. Yo digo y hago lo que yo creo que tengo que hacer. Él me puede discutir una cosa pero no cinco, porque sino tiene que cambiar de entrenador. No


soy un dictador, pero el principio de respeto se mantiene, no estoy de jefe pero tampoco de empleado. Lamentablemente los grandes jugadores se acostumbran a escuchar siempre cosas agradables de la gente que los rodea. Yo a Rafa le he dicho siempre lo mismo: “no te engañes, ahora te adoran pero eso se acaba. Uno tiene que ser persona antes que jugador”.

¿Cómo es la vida de Rafael Nadal fuera de las canchas?

Le encanta jugar golf, pescar, compartir momentos con sus amigos, lo que se dice una vida normal. Eso tiene relación con la educación que recibió. Si tú ves la realidad  de los tenistas, te das cuenta de que sus familias les hacen creer que son estrellitas desde pequeños porque ganan torneos. Eso nunca le ocurrió a Rafael. Él ha sido tratado exactamente igual desde cuando era un niño.  Hoy vive en la misma casa de siempre  y ni se le ocurre salir hasta tarde por las noches porque su padre no se lo permitiría. Si quiere comprarse un coche, tiene que pedir permiso porque aún no se ha independizado. Rafael conoce el lugar que ocupa en el mundo y sabe que la forma más segura de ser feliz es actuar con normalidad, sin extravagancias. 

Hablando de cuestiones más técnicas… ¿de dónde nace la extraordinaria capacidad que Rafael ostenta a la hora de defender?

En los torneos infantiles, Rafa era un jugador muy agresivo, con un golpe de drive que desequilibraba a sus rivales. Pero ya a los 16 años comenzó a enfrentarse  con gente mayor y mucho más potente, y el panorama se le complicó porque si él no metía el primer saque, el segundo se lo atacaban con facilidad. Eso hizo que se fuera adaptando a un tipo de juego más defensivo, no le quedó más remedio. 

¿Estudian mucho a los rivales?

Ya tenemos suficientes problemas con nuestro juego como para estar pendientes en exceso del contrario. Procuro que Rafa adapte algunos golpes en función del rival, por ejemplo, si juega con Federer sabe que tiene que tirarle mucho más al revés que al drive, eso es evidente. Pero él tiene la capacidad de cambiar de táctica durante los partidos de acuerdo a su sensación y conveniencia. 

¿Cuál fue la clave para conseguir el título en Wimbledon luego de dos intentos fallidos?

Rafa tuvo la suerte de afrontar Wimbledon después de haber ganado Roland Garros de manera aplastante, como nunca antes lo había conseguido. Eso le dio una confianza única. Además, mejoró su saque y el revés cortado. 

El próximo objetivo es el Abierto de los Estados Unidos, sobre cemento… ¿Qué le falta a Rafa para ser dominante sobre esta superficie?

Fundamentalmente, la convicción de que lo que ha hecho hasta ahora lo puede repetir en superficies duras. Tiene que intentar ser más agresivo, subiendo a la red con mayor frecuencia porque debe cerrar más rápido las jugadas y ese es un

tema de concepto. Durante un punto sobre cemento, Rafael piensa: ‘si pego dos drives más, tengo un 80% de posibilidades de ganarlo, si voy a la red esa probabilidad baja a 60 %’. Esa es la mentalidad de un jugador que se formó sobre pistas de tierra batida. 

¿Le preocupa que el desgaste físico de Rafael repercuta en su futuro tenístico?

Lo normal es que dentro de cinco años él no esté entre los primeros del escalafón mundial. Rafa lleva cuatro años siendo el dos del mundo y eso es demasiada presión, no sólo física sino también mental. Hoy en día la exigencia del tenis es constante debido a la actitud de los dirigentes de la ATP, quienes con sus decisiones contribuyen para que sea un deporte rompedor de jugadores. Jugar en cemento destruye las rodillas, la intensidad del saque, los desplazamientos bruscos hacen que, al final, todo el mundo esté hecho polvo. Por eso, si Rafa logra mantenerse arriba tres años más, yo estaría contentísimo.

¿Cómo está viviendo Nadal estos momentos en los que está tan cerca de conseguir el número uno del mundo?

Está ilusionado, pero también consciente de la dificultad que enfrenta. Federer es Federer y encima ahora tiene otro rival que es Djokovic, un grandísimo jugador. Rafael sabe que tiene opciones, pero no más de la cuenta.

¿Qué tipo de relación tienen Nadal y Federer?

Se llevan muy bien, son dos personas educadas y respetuosas. La disputa que sostienen dentro de las pistas no se traslada afuera. A mí no me alegró demasiado ver a Roger recibir un 6-0 de Rafa en la final de París porque entiendo el deporte como máxima lucha, pero sin llegar a la humillación del rival. Me gustaría que Federer ganara alguna vez Roland Garros, porque se lo merece por corrección y por talento.

Listos para la Copa

El español Rafael Nadal, el suizo Roger Federer y el serbio Novak Djokovic son los tres primeros clasificados para la Copa Masters de Shanghai, que se disputará en esa ciudad china del 9 al 16 de noviembre, y en el que compiten los ocho mejores tenistas del mundo según la lista elaborada por la ATP.

Todavía falta camino

Rafael Nadal pidió “calma” a los que lo consideran como el número uno del tenis mundial después de su victoria sobre Roger Federer en la final de Wimbledon. “Sigo siendo el número dos del mundo. Simplemente tengo que seguir jugando bien y así tendré opciones de ser número uno”, dijo el español.

Temas relacionados