La mala suerte de Carlos Sainz

El español Carlos Sainz, quien era el líder del Rally Dakar Argentina-Chile, se vio obligado a abandonar la competencia tras un accidente. Este retiro forma parte de una lista de insólitos incidentes que le han impedido celebrar triunfos que tenía en el bolsillo.

La suerte volvió a darle este jueves la espalda al piloto español Carlos Sainz, esta vez en el Dakar Argentina-Chile, prueba en la que tuvo que abandonar por un accidente cuando lideraba cómodamente la clasificación de carros.

La trayectoria de Carlos Sainz está marcada por un palmarés brillante (dos títulos mundiales de Rallies, en 1990 y 1992, y uno de Todoterreno, en 2007), pero también ha estado plagada de sucesos desafortunados. El más recordado de todos es el que vivió en el Rally de Gran Bretaña de 1998, cuando tuvo que abandonar por una avería cuando ya veía la meta del último tramo.

Frases como “trata de arrancarlo” o “la cagamos, Luis”, están asociadas a un piloto tan brillante como en ocasiones poco afortunado. Por el camino de Sainz se han cruzado ovejas, troncos y hasta cámaras. Su primer contacto con el infortunio se produjo en 1989, en el Rally de Gran Bretaña. Cuando el madrileño estaba a punto de lograr su primer triunfo en el Mundial, se rompió la transmisión a falta de dos tramos para acabar.

En el Rally de Cataluña de 1991 Sainz se disponía a sacar su coche del parque cerrado de Lloret de Mar (Gerona) para afrontar la última etapa, pero el motor de su Toyota Celica GT4 se negó a arrancar. Ese mismo año, de nuevo en el Rally de Gran Bretaña, la junta de la culata de su Toyota Celica Turbo 4WD se rompió y Sainz se despidió de revalidar el título que ganó en 1990.

En 1994, otra vez en Gran Bretaña, Sainz se salió de la carretera en la última etapa, en una escena recordada por todos por la célebre frase que Sainz le dijo a su copiloto: “La cagamos, Luis”. Antes del incidente que le costó el título, Sainz se encontró dos troncos en una curva que tuvo que esquivar. El primero estaba a la entrada de la curva y el otro a la salida. “El que los puso sabía lo que hacía, pero tuvimos bastante buena suerte al poder evitarlos” , comentó entonces.

El Rally de Nueva Zelanda de 1997 está en su memoria y en la de muchos aficionados, porque en él atropelló a una oveja en plena especial, lo que le obligó a retirarse del rally. Y volvió a llegar el Rally de Gran Bretaña de 1998. El suceso más cruel de los vividos por Sainz, que se quedó tirado a medio kilómetro del final del último tramo y cuando parecía que el título era imposible que se le escapara. La frase de Moya “trata de arrancarlo, Carlos, por Dios”, es la que recuerda este episodio.

El español llegó al Rally de Gran Bretaña de 2001 con pocas posibilidades de ganar el título. Se salió de la pista y atropelló a un grupo de espectadores mal colocados. Abandonó voluntariamente. En el Rally de Argentina de 2003, un error de su entonces copiloto, Marc Martí, le costó la victoria. Ya habían ganado en los tramos, pero el navegante no le avisó que llegaban antes de tiempo a un control. El español fue penalizado.

En 2003, Sainz estaba a un paso de acabar en la cuarta plaza el Rally de Cataluña cuando el motor de su coche se paró de repente por una avería eléctrica. Acabó séptimo. En el Rally de Gran Bretaña de 2003, un cortocircuito en los cables de la cámara de televisión que lleva en el habitáculo desconcentró al piloto madrileño, que en el tercer tramo se salió de la carretera.

El jueves Sainz volvió a vivir el infortunio. En la duodécima etapa tuvo que abandonar tras sufrir un accidente en el kilómetro 79. Su vehículo cayó por un terraplén de cuatro metros.

Como consecuencia del golpe, el copiloto Michel Perin se lastimó en un omoplato y tuvo que ser evacuado en helicóptero. El accidente se produjo por una mala indicación en el libro de ruta que también hizo que el coche que seguía al de Sainz se quedase colgando del barranco.

Carlos Sainz había ganado seis de las diez especiales disputadas hasta ahora y lideraba la clasificación general con 27.31 minutos de ventaja. Otra vez será.

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