Los autogoles de Adriano

El éxito y la fama le quedaron grandes al atacante brasileño de 27 años.

Mientras millones de jóvenes futbolistas en África y América Latina sueñan con llegar a Europa, Adriano, el atacante brasileño del Inter de Milán, decide rescindir su contrato con el club italiano y no regresar al Viejo Continente porque allá no es feliz.

Ni los cuatro millones y medio de euros que gana al año pudieron retener al talentoso delantero de 27 años, quien viajó a Brasil a finales de marzo para jugar con su selección los partidos por la eliminatoria ante Ecuador y Perú, y luego desapareció hasta la tarde del jueves pasado, cuando convocó a los medios de comunicación a una rueda de prensa en un hotel de Río de Janeiro, para anunciar que dejaba el fútbol por un tiempo indeterminado, que las razones eran personales y que si algún día regresaba a las canchas, sería con la camiseta del Flamengo, el club en el que se formó.

“He perdido la alegría de jugar. En Italia no soy feliz. No sé si voy a quedarme uno, dos o tres meses sin jugar. Voy a reflexionar sobre mi carrera. No era feliz en Italia. Soy feliz en Brasil, junto a mis amigos y a mis familiares”, señaló categóricamente el jugador.

Adriano llevaba una semana escondido en casa de unos amigos, en una favela de Río, situación que generó rumores sobre su supuesta muerte y problemas de alcoholismo y drogadicción, aunque aparentemente su crisis actual no tiene que ver con eso.

La estrella del Inter, que con Mourinho, su actual entrenador en el Inter, mantiene una relación tan complicada como la que le caracterizó con Mancini, el anterior técnico, declaró que cortaba por lo sano y sin confrontación con nadie.

Piensa en su felicidad

Así parece que acabará la crisis personal y deportiva que lastra su carrera en el equipo lombardo desde hace cuatro años. Mientras Adriano descansa en Río, en Milán el Inter negocia con su representante la ruptura del contrato que los unía hasta 2010. “Todo lo que hice fue bien pensado. Conversé con mi familia, mis amigos y mi agente. Hago esto pensando en mi felicidad”, señaló el jugador, que hasta hace unos años era una de las figuras más prometedoras del fútbol brasileño, pero que perdió interés por el fútbol profesional estando en Milán.

Esta temporada Mourinho se empeñó en recuperarlo. Para eso trató de alejarlo de la vida nocturna, pero fracasó. Adriano siguió frecuentando discotecas hasta el alba, faltando a los entrenamientos y descuidando su forma física. Hasta que el jueves, ante una nube de cámaras, el protagonista de la desventura dio por terminada su agónica relación con el fútbol y anunció lo que muchos habrían resuelto para perseguir la felicidad: unas vacaciones por tiempo indefinido.

“Sufría una presión muy grande desde que tenía 18 años y me fui a Europa”, confesó el futbolista, cuyos problemas de conducta se remontan a su adolescencia, cuando mataron a tiros a su padre en la favela carioca de Vila Cruzeiro. “Mucha gente no lo comprenderá, pero mi situación era pesada, mala. No era fácil para mí. Dejar el Inter es una opción de vida. No sé si volveré a jugar”, sentenció antes de desaparecer nuevamente.

En Milán, el técnico José Mourinho declaró: “Si es feliz dejando de jugar, perfecto. Debemos entenderlo. Él debe decir qué cosa quiere hacer, pero está claro que el Inter ha hecho el máximo por ayudarlo”.

“Necesita ayuda profesional”

Varias figuras históricas del fútbol brasileño, como Pelé, Jorge Mario Lobo Zagallo y Carlos Alberto Parreira, coincidieron en que “Adriano es un buen muchacho que necesita buscar la ayuda de un profesional, no sólo para volver a jugar fútbol, sino también para cuidar su vida”.

Parreira agregó que el atacante “llegó a un punto en el que no importa el dinero, no importa la riqueza, no importa el prestigio, no importa nada”, y agregó que, a su entender, esa situación se “salió de control” y afectará en el futuro la salida de futbolistas brasileños a clubes del Viejo Continente.

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