Los hermanos Salcedo, de peones a reyes

El ajedrez les ha permitido montar en avión, conocer otros países y estudiar en la universidad.

Los hermanos Salcedo Páez, hijos de una humilde familia que vive al sur de Bogotá, encarnan aquella popular frase de que “cuando se quiere se puede”. No hay obstáculos económicos, estratos sociales ni influencias. La consigna es salir adelante. Y así, hechos a puro pulso, Édison, el mayor con 19 años; Diana, con 18, y Jackelín, con 11, pueden decir con la cabeza en alto que han sido —en diferentes épocas— campeones nacionales de ajedrez.

En una casa que, al cálculo del ojo, no pasa de los seis metros por cuatro —ubicaba en el barrio Sanbernardino, en Bosa— con paredes de ladrillo y eso sí, muchos, pero muchos trofeos y medallas, se teje la historia de tres deportistas que anónimamente, sin prensa, ni representantes ni nada de eso, encontraron la mejor forma para poder estudiar, viajar y hasta conocer un avión, una situación impensable si no hubiera sido por su dedicación al ajedrez.

Todo comenzó porque a César, el padre, le gustaba practicarlo con sus amigos y en sus largos turnos cuando era celador descubrió todos los secretos del deporte ciencia. Él le enseñó a su hermano Juan Carlos, policía, y él empezó a inculcarles a sus sobrinos el amor por este deporte. El primero en recibir el legado fue Édison, ya un poco más alejado del ajedrez, pues tiene que salir a trabajar para ayudar a su familia que hoy se sostiene con el trabajo de repartidor de chiclets de su padre. Él sale todos los días con un carrito de tienda en tienda y es ayudado por su esposa Aurora, quien ya se cansó de emplearse en casas y ahora es su copiloto ideal.

La segunda de la dinastía fue Diana, múltiple campeona en diferentes categorías y quien gracias al ajedrez puede ser una orgullosa universitaria, al cursar tercer semestre de Administración de Empresas en la Central, becada —claro— el 70% por ser una deportista de alto rendimiento.

Y la alumna aventajada es Jackelín, la pequeñita de la casa que estudia sexto grado en el colegio Francisco Socarrás de Bosa y es actual campeona Sub 10, y la única de los tres hermanos que se ha dado el lujo de viajar fuera del país. El año pasado estuvo en Argentina, en el Panamericano, y terminó en el quinto lugar.

No son famosos ni están llenos de plata, pero reflejan la historia de cientos de deportistas colombianos que con bajos recursos son capaces de vivir, a su forma, como unos verdaderos reyes.

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