Una final cinco estrellas se verá en la Copa Libertadores

Estudiantes y Cruzeiro van por el título más prestigioso de clubes en Suramérica.

Estudiantes, mito, mística y trabajo

Los acusaron de salir a las canchas con alfileres para pinchar a sus rivales, de tirarles tierra a los ojos, de cargar con ungüentos altamente tóxicos para reducirlos, de hablar, de provocar. Los sindicaron de ser los  artífices del antifútbol, y en Inglaterra, cuando llegaron para jugar ante el Manchester United de Bobby Charlton y George Best la final de la Copa Intercontinental de Clubes en 1968, los diarios los recibieron con agresivos titulares en los que los calificaban como “animals”.

 Cada uno de aquellos episodios  se transformó en leyenda. Con el tiempo y las sucesivas victorias de Estudiantes de La Plata, tres veces campeón de la Libertadores (1968-1969-1970), una del mundo y cuatro de Argentina, los mitos sepultaron por momentos las historias de la fundación del club, de los primeros juegos y los clásicos enfrentamientos con los “triperos” de la ciudad, Gimnasia y Esgrima, y borraron las épocas en las que los “players” salían al campo vestidos con un largo saco azul de paño inglés, y la camiseta roja y blanca de listones debajo.

Osvaldo Zubeldía fue responsabilizado de aquel gran cambio. Unos lo tacharon de haber sido el asesino del romanticismo. Otros, de haber formado al equipo que escribió la gran historia del club.

Zubeldía había sido un jugador en tonos medios de Atlanta y Vélez Sarsfield. Cuando arribó a La Plata, dijo que había llegado la hora “de no perder más con los grandes, de no regalar nada. Seremos pobres pero no giles (tontos). Habrá que contrarrestar el mayor poderío de los enemigos con inteligencia, con astucia, pero por sobre todas las cosas con tra-ba-jo”. Se enfundó un buzo con las iniciales de DT, y comenzó a reclutar a algunos viejos zorros del fútbol que quisieran ganar algo. Su referente fue Carlos Salvador Bilardo, estratega dentro de la cancha, líder y capitán. Su salvación futbolística, Juan Ramón Verón, el talento, el hombre de los goles fundamentales o sencillamente “la Bruja”, como le decían y le cantaban desde la tribuna: “Si ve a una bruja montada en una escoba es Verón, Verón que está de joda…”.

Las dictaduras de aquellos años obligaron a las barras a que cambiaran “joda” por “moda”, pero Verón siguió siendo Bruja. Algunos periodistas decidieron opacar a Zubeldía y Cía. porque si ganaban había que meterlos en las tapas y dedicarles demasiado tiempo en los noticieros, y Estudiantes no vendía como Boca o River. “Fue una conspiración básicamente porteña”, diría muchos años más tarde Bilardo, en 1983, ya vestido de técnico y campeón con su Estudiantes de nuevo.

Después de aquel grupo de Sabella (el entrenador del equipo hoy), Ponce, Trobbiani y Gottardi llegó un largo período de ostracismo, hasta que en 2006 volvió otra Bruja, Juan Sebastián Verón, el hijo de la antigua leyenda, y Estudiantes sacó del baúl de los recuerdos su vieja mística, sus victorias agónicas, sus hazañas, y se instaló en la final de la Copa que tanto luchó y tanto quiso, en honor a Zubeldía, sin regalar nada, siendo pobres pero por sobre todas las cosas, con trabajo.

Cruzeiro, un ejemplo para los grandes

Tal vez no tenga la misma historia gloriosa de Flamengo, Vasco, São Paulo, Corinthians o Palmeiras, pero en la actualidad es el club de fútbol más organizado de Brasil.


El Cruzeiro Esporte Clube, finalista de la Copa Santander Libertadores de América, cuenta con la mejor infraestructura y con una eficiente gestión empresarial a la que en los últimos años se le han sumado resultados deportivos y económicos.

El club se fundó el 2 de enero de 1921 y su aparición significó hacer realidad un viejo sueño de la colonia italiana en Belo Horizonte, que quería un equipo de fútbol que la representara. Claro, su primer nombre fue Societá Sportiva Palestra Italia y su uniforme tenía los mismos colores de la bandera italiana, camisa verde, pantaloneta blanca y medias rojas.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno brasileño prohibió el uso de términos y denominaciones referentes a naciones enemigas, por lo que se cambió el nombre a Palestra Mineiro. Años después se propuso renovar la imagen del equipo, que pasó a llamarse Ypiranga, pero sus aficionados hicieron una consulta general y decidieron denominarlo Cruzeiro.

En sus 88 años de historia, el equipo ha ganado más de 100 títulos en torneos oficiales nacionales e internacionales. Sus mayores logros fueron la conquista de las Copa Libertadores de 1976 y 1997, además de las Supercopas Suramericanas de 1991 y 1992, y la Recopa de 1998. Tostao, compañero de Pelé en la selección auriverde, es su goleador histórico, con 248 anotaciones, seguido por Dirceu, quien logró 224. Zé Carlos jugó 619 partidos para el club, 18 más que Dirceu y 20 más que Piazza.

Por sus filas han pasado, entre otros, Ronaldo, Álex, Dida, Jairzinho, Palinha, Rivaldo, Toninho Cerezo y los colombianos Víctor Hugo Aristizábal y Alexánder Viveros, además de los técnicos Paulo Autuori, Luiz Felipe Scolari y Wanderlei Luxemburgo.

Verón, en duda para el miércoles

Juan Sebastián Verón “está mejorando poco a poco” de su lesión, dijo el entrenador de Estudiantes, Alejandro Sabella, quien confía en que podría jugar ante Cruzeiro mañana en la final de la Copa Libertadores, en La Plata. “Todavía es prematuro decirlo. A veces hay casos en los que la alineación de un jugador en el equipo se resuelve un rato antes del partido”, comentó el técnico. Verón, la figura del equipo platense, fue baja por una distensión en el sóleo de su pierna derecha en el encuentro de vuelta de las semifinales que Estudiantes le ganó en Montevideo a Nacional de Uruguay, por 2-1. Sabella afirmó que los dos choques de la final “pueden ser muy cerrados”, aunque opinó que “así será especialmente el primero, porque en el segundo puede ser que haya un resultado diferente y el equipo que esté atrás en el resultado tendrá que salir a buscar la victoria con cierta desesperación”.

Va por la tercera Libertadores

El Cruzeiro de Belo Horizonte, tradicional rival del Atlético Mineiro, ha logrado dos títulos de la Copa. El primero fue en 1976, cuando derrotó a River Plate. Como local le ganó 4-1, pero de visitante cayó 2-1. En el partido de desempate se impuso 3-2.

Un año después volvió a jugar la final, esta vez ante Boca Juniors, al que le ganó 1-0 en casa. A domicilio perdió 1-0. El juego de desempate quedó 0-0 y en una dramática definición por penaltis se impusieron los ‘xeneizes’. En 1997 se coronó nuevamente tras derrotar 1-0 a Sporting Cristal de Perú, al que le había empatado como visitante.

 

últimas noticias