El golf, de regreso a sus orígenes

El estadounidense Tom Watson, a sus 59 años, sueña con lograr su sexta corona. Por primera vez Tiger Woods, el número uno del mundo, no jugará la ronda final del evento.

El atletismo, la equitación, la natación, la lucha y el golf son los deportes más antiguos que todavía se practican. Pero a diferencia de los cuatro primeros, que formaban parte de las actividades cotidianas de la gente y que se aprendían con el fin de utilizarlos como herramientas para subsistir, el golf se inventó para recrear y divertir.

Y su cuna fue el Reino Unido, en donde justamente el domingo concluirá el Abierto Británico, el evento deportivo de mayor tradición en todo el mundo, pues se realiza desde 1860, cuando el campo del Prestwick Golf Club coronó al escocés Willie Park como su primer campeón.

Desde entonces, ganarlo se ha convertido en la obsesión de todos los golfistas, pues lograr la corona en la región en donde se creó ese deporte tiene un sabor especial, como el de Tierra Santa para un religioso, el Lejano Oriente para los practicantes de artes marciales o Brasil para los amantes del fútbol.

Durante varios años el torneo sólo contó con jugadores nacidos en Escocia, Inglaterra e Irlanda, pues para los extranjeros resultaba demasiado dispendioso viajar hasta allá sólo para jugar dos días.

Pero eso cambió en 1892, cuando los directivos decidieron doblar la duración del torneo y jugar 72 hoyos en vez de 36. Desde entonces se implementó el sistema de cuatro jornadas de 18 hoyos cada una.

Los escoceses dominaron a su antojo las primeras 29 ediciones del torneo, hasta que en 1890 el inglés John Ball Jr. se llevó el trofeo conocido aún como la Jarra de Plata y un premio de 10 libras esterlinas.

Sin embargo, vale la pena destacar los casos de las familias Morris y Park, que entre sus padres e hijos conquistaron 14 títulos. En 1967, con 46 años y 99 días, Tom Morris Sr. se convirtió en el más veterano en ganar, mientras que Jr., 12 meses después, fue el campeón más joven, con 17 años, 5 meses y 28 días.

La primera victoria de un golfista no británico se dio apenas en 1907, cuando el francés Arnaud Massy superó a los otros 54 jugadores, entre ellos el legendario Harry Vardon, el máximo ganador de títulos en el torneo y sin duda la primera gran estrella de ese deporte, al punto que viajó a Estados Unidos para promocionarlo.

Y aunque el torneo era siempre organizado por The Royal and Ancient Golf Club of St. Andrews, que es el campo más tradicional y prestigioso de la Gran Bretaña, se realiza en diferentes escenarios de Escocia e Inglaterra.

En 2009, por ejemplo, se juega en Turnberry, cerca de Glasgow, aunque en 2010 regresará a St. Andrews, en donde se juega cada cinco años.

En la era moderna hay dos nombres que se destacan: el australiano Peter Thomson y el estadounidense Tom Watson, quien increíblemente, a sus 59 años de edad, lideró las dos primeras jornadas de la actual edición, superando de lejos a las figuras del nuevo milenio.

Watson, quien logró cinco coronas entre 1975 y 1983, dijo tras su brillante actuación que “debió ser porque amo el viento, la lluvia y las condiciones climáticas adversas que se dan aquí”. A propósito, por tradición, el Abierto Británico siempre se realiza en campos situados junto al mar, un sello particular del torneo.

“Ganar ese trofeo es la graduación para cualquier golfista. El Masters de Augusta es prestigio, sin duda, pero aquí hay más historia, como un aire legendario”, explica Jack Nicklaus, quien con 18 títulos es el hombre que más Majors ha conquistado. En el Open se impuso en 1966, 70 y 78.

Y en los últimos 20 años apenas tres jugadores han repetido título: Nick Faldo, Tiger Woods y Padraig Harrington, lo que indica que ni siquiera el número uno del mundo es dominador absoluto en los campos británicos. De hecho, el viernes quedó eliminado, pues por primera vez en sus 11 participaciones no pasó el corte.

Este año, 156 jugadores de 26 nacionalidades iniciaron la competencia, casi 20 veces la cifra de los que participaron hace 149 años. Y ni hablar de la diferencia entre el cinturón de cuero rojo y las 10 libras esterlinas que recibió el primer ganador, a la Copa de Plata maciza y el millón cien mil dólares que recibirá esta tarde el ganador.

Claro que más allá de la recompensa monetaria, cada uno de los golfistas que aún pueden lograr el título, sueña con la gloria, con poner su nombre al lado de las leyendas del deporte de los reyes, justamente en la tierra en la que lo juegan hace más de 500 años. “No me quiero retirar sin ganarlo, así que vendré el año entrante o los que le sigan, hasta que lo consiga”, dijo hace una semana Phil Mickelson, quien no acudió a Turnberry porque acompaña a su esposa en un tratamiento contra el cáncer.

Pero quien sí está es el colombiano Camilo Villegas, que no se cansa de repetir que aunque su sueño ha sido siempre imponerse en el Masters de Augusta, lo cambiaría por una victoria en el Abierto Británico, quien según él es “más para mi estilo, aunque complicado y exigente”.

Uno de sus mayores obstáculos será seguramente el inspirado Tom Watson, quien se quiere despedir del golf por la puerta grande, aunque ya ha hecho méritos suficientes para salir en hombros.

 

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