Jugadores de fútbol, en posición viciada

El caso de Javier Flórez no es el primero de futbolistas colombianos que por exceso de licor se han metido en líos judiciales que comprometieron seriamente sus carreras.

“Cuando se actúa bajo el efecto del alcohol se corre el riesgo de cometer errores como el que cometí”. La frase no corresponde a alguien que dejó el camino del trago sino de quien por transitar en él, hoy está tras las rejas y afronta cargos por homicidio agravado y porte ilegal de armas que lo mantendrían en prisión durante varios años, tal vez décadas.

En estado de embriaguez, Javier Flórez en su último día de vacaciones, antes de retornar a entrenamientos con el Atlético Júnior, asesinó hace tres semanas con arma de fuego a Israel Cantillo Escamilla en Barranquilla y desde el lunes pasado se encuentra recluido en la cárcel del municipio de Sabanalarga, Atlántico.

El caso del mediocampista, que argumentó haber actuado en defensa propia, se une a la ya amplia lista de escándalos protagonizados por otros futbolistas colombianos que en su mayoría abusaron del licor y lo mezclaron con gasolina, comprometiendo la vida de algunas personas en accidentes de tránsito.

Uno de los casos más comentados fue el que inmiscuyó a Iván René Valenciano, entonces delantero del Morelia, quien atropelló en la capital del Atlántico a la joven Luz Karime Cortés en mayo de 1997, quien estuvo al borde de la muerte tras aquel incidente. Dos años antes, el mismo delantero, había hecho alarde de su apodo de Bombardero y portando una pistola 765, se hirió accidentalmente el 13 de noviembre de 1995.

Pero el primer futbolista en exceder los límites, sobre todo de velocidad y ocasionar víctimas mortales, resultó ser Jairo Fernando Castillo. Luego de salir de una fiesta, El Tigre conducía por la autopista Simón Bolívar de Cali una lujosa camioneta en la madrugada del 19 de agosto de 2001 y tras colisionar con un taxi, chocó contra un poste.

En el interior viajaban cinco personas, de las cuales fallecieron dos: Claudia Patricia y Katherine Ojeda, de 23 y 21 años, respectivamente. El atacante, que a raíz de ese hecho perdió el contrato con el Génova de Italia, fue sentenciado a 36 meses por homicidio culposo, delito excarcelable, pero por el que tuvo que indemnizar a la familia de las fallecidas con una cifra cercana a los $700 millones.

Al año siguiente, casualmente otro artillero, también pasó del estrellato a estrellarse. El 14 de diciembre de 2002, Hamilton Ricard colisionó cuando conducía su vehículo en una de las carreteras del municipio de Zarzal, al norte del Valle del Cauca. En el siniestro murió Édgard Andrés Rosero Garcés, de 17 años, y otras tres personas quedaron heridas.

Recién hasta enero 24 de 2007, un juez de Roldanillo lo condenó a tres años de cárcel por homicidio y lesiones personales culposas, además de obligarlo a pagar una multa de $300 millones a las familias de las víctimas del accidente. El actual jugador del Shanghai Shenhua de China evitó ir a prisión al ser excarcelables tales delitos.

Valenciano, Castillo y Ricard pudieron entonces proseguir con sus carreras, pero el que no tuvo esa oportunidad fue el vallecaucano Jhon Álex Rodríguez, luego de que el 23 de enero de 2002, el entonces mediocampista del Deportes Tolima estrellara su vehículo contra un árbol, en la vía que de Ibagué conduce al municipio de El Espinal, Tolima.

En el accidente perdió la vida Yury Andrea Caicedo Gamboa, de 16 años de edad, y resultaron heridos Yerson Enit Mosquera, Lexis Argelia López Segovia y Javier Hernández Pérez, por lo que el Juzgado Sexto Penal del Circuito de Ibagué sentenció al deportista a la pena de cuatro años de prisión, así como al pago de multa por una considerable suma, por homicidio culposo agravado y lesiones personales culposas. De acuerdo con las pruebas aportadas al proceso, las causas del accidente fueron el exceso de velocidad del vehículo que conducía el futbolista y el estado de alicoramiento en que se encontraba. Rodríguez Espinosa cumplió con detención domiciliaria parte de la condena, pero no pudo volver a los gramados y ahora se dedica a buscar jugadores para recomendárselos a los equipos.

Otro que por la imprudencia frente al volante pasó de defender a buscar defensa fue el zaguero Manuel Galarcio, que el 12 de marzo de 2006, con su vehículo, un mazda 626, colisionó contra un grupo de ciclistas en Cali y le causó la muerte a dos de ellos, identificados como Pablo Andrés Ramírez y Víctor Manuel Vidalge.

Al jugador, que en ese momento militaba en el América, se le acusó de homicidio culposo y durante la audiencia de legalización se manejaron dos agravantes del hecho: presentaba alicoramiento en grado leve e intentó huir del lugar del accidente. Igual quedó en libertad porque el delito imputado tenía pena inferior a cuatro años y era excarcelable.

“Eso es algo que intento dejar atrás por la tranquilidad de mi familia y la mía propia”, le confesó a El Espectador el zaguero que a sus 34 años espera sumarse al Cortuluá en la Primera B. Pero así como la de Galarcio, las vidas de otros futbolistas nunca volvieron a ser las mismas después de chocar con una triste realidad que ahora despierta fantasmas en la figura de Javier Flórez.

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