La Unión hizo los goles

En Santa Fe aún se habla de la tripleta de Julio Gutiérrez y <strong>El Espectador</strong> dialogó con su descubridor, el técnico paraguayo Rogelio Delgado, quien lo hizo debutar en Unión Española.

Hay formas de sentir como propia la felicidad ajena, pero ninguna tan peculiar como la de aquel que le trazó el camino a alguien y con el paso del tiempo comprueba que supo cómo transitarlo sin encontrarle tope alguno a sus ilusiones.

Por eso, si la emoción envolvió a Julio Gutiérrez cuando vio sacudir no una sino tres veces la valla del Boyacá Chicó, el júbilo se apoderó de Rogelio Delgado, técnico paraguayo y descubridor del delantero chileno, al que hizo debutar con Unión Española en su plena adolescencia, por allá en el año 97.

“No sabe lo contento que me pone saber que triunfa en el fútbol colombiano”, es lo primero que la emoción le permite confesar al DT, que recuerda como si fuera hoy aquel momento en el que su ojo clínico no le fallaría.

Fue en Santiago de Chile donde “lo conocimos prácticamente en su niñez y después de un amplio seguimiento, a los 15 años lo acercamos al club y al poco tiempo ya debutaba en primera porque sus condiciones así lo reclamaban”.

Obviamente habían cosas por pulir en él y aunque según su mentor, “tenía carencias en el aspecto físico, siempre mostró ese enorme potencial para resolver con una facilidad pasmosa, condición propia de los verdaderos goleadores”.

El festejo siempre fue lo suyo, pero no lo único, ya que la vocación de retrasarse para ser generador de fútbol no es para nada nueva y Delgado da fe de ello: “Por su riqueza técnica lo tirábamos 15 metros atrás y aparte de tener más panorama, evitábamos que aquel jovencito entrara en fricción con los centrales que habitualmente son fuertes y robustos”.

La solidaridad del chileno en el campo no ha tenido ni tiene límite alguno, al punto de que el domingo quiso que su tercer festejo fuera de Cristian Nazarit. “Él se lo merecía, yo seguí la trayectoria de la pelota, pero cuando vi que no alcanzaba a entrar, la empujé, así que fue tanto de él como mío y por eso lo busqué para que celebráramos juntos”.

Salió ovacionado, como debía, pero el “Ok” de la afición albirroja lo recibió hace rato y él mejor que nadie lo sabe... “El gol contra Millonarios (N. del R.: marzo 21, 1-1), significó mucho para mí porque era el primero en Colombia y anotar en un clásico es algo que marca al hincha para siempre”.

“Con el más mínimo espacio podía hacer cualquier cosa”, advierte Delgado. Y vaya si lo hizo el domingo en El Campín, donde el ex delantero de la Universidad Católica les hizo el jaque mate a los ajedrezados con su constante movilidad y decisión a la hora de encarar al arco rival.

El descenso los separó

Poco menos de un año Delgado y Gutiérrez coincidieron en el vestuario hispano porque el descenso acosó tanto, que se fueron a la B; pero de ese amargo momento hubo algo positivo, ya que “como tomamos prácticamente descendido el equipo, la apuesta fue hacia los juveniles y entre ellos, Julio tuvo su chance”.

Después cada quien cogió su rumbo, pero siempre la gratitud hizo posible el contacto, “bien fuera cuando viajaba a Chile o él venía a Asunción”. Pero ya llevaban meses sin saber uno del otro, hasta que la buena nueva de El Espectador los reunió de nuevo.

“Le mando un fuerte y apretado abrazo”, fue el mensaje del entrenador guaraní que dirigiera también al Antofagasta del balompié austral, pero ahora alejado de la primera división porque la considera “demasiado inmediatista y con mucha urgencia de resultados”.

Delgado volvió a su esencia y, como docente, dirige su propio centro de formación, el Espíritu Santo en Roque Alonso, ciudad limítrofe al norte de Asunción, donde “se puede apostar a procesos más organizados”, y a los prospectos que ya forma, les pondrá de ejemplo a aquel joven de 15 años que descubrió y que hoy, mucho más maduro y con unos cuanto goles encima, sigue haciéndolo quedar bien.

Revivió un Preciado recuerdo

Era clásico bogotano, razón de sobra para llegar a El Campín, pero Léider Preciado tenía un motivo más que hacía imperdible tal cita: estaba a dos goles de llegar al centenar de anotaciones como profesional.

Y aquel 22 de agosto de 2004, el tumaqueño con la 23 albirroja a su espalda, no sólo alcanzó la cifra, sino que siguió de largo con su tripleta frente a Millonarios (anotó a los 37, 62 y 80), para un 4-1 inolvidable. Por ese mismo resultado, el tumaqueño repetiría la gesta el 12 de agosto  de 2007, contra Bucaramanga en el Nemesio.

Desde entonces, ningún otro jugador cardenal había conseguido tres goles en un juego, hasta que el domingo pasado Gutiérrez mostró credenciales de artillero. Y aunque el austral está a muchos festejos de Calimenio, el último ídolo del ‘Expreso’, manteniendo agudo ese olfato, podría estar en camino a serlo.