Polémica por norma de la Dimayor a la hinchada

No cayó bien la restricción a que las barras viajen y no porten camisetas de sus equipos cuando éstos son visitantes.

Cualquier medida que se tome para frenar la violencia en los estadios debe ser bien recibida, pero antes de implementarse tiene que ser analizada conjuntamente por los diferentes protagonistas del espectáculo del fútbol.

Por eso no cayó bien la decisión de la Dimayor de prohibir el ingreso a los estadios de hinchas con distintivos, camisetas o banderas de los clubes visitantes, así como la solicitud a las autoridades de Policía para que restrinjan los desplazamientos de las barras de una ciudad a otra.

El martes, dirigentes de varios equipos profesionales se quejaron de que Ramón Jesurún, presidente de la Dimayor, no les comentó la idea previamente y que ésta es autoritaria y descabellada, pues además de afectar sus taquillas y los acuerdos comerciales que tienen con empresas patrocinadoras, realmente no resuelve el problema de violencia dentro y fuera de los escenarios.

Jesurún anunció la medida como consecuencia de los disturbios que se presentaron en Cartagena, Neiva y Armenia en las primeras fechas de la Copa Mustang II y aunque determinó que son de inmediato cumplimiento, el próximo jueves 13 de agosto se reunirán los delegados de los 18 clubes de la primera división para estudiar posibles modificaciones.

Lo primero que tendrán que determinar es cómo financiarán y coordinarán con los entes gubernamentales los planes para frenar los actos vandálicos de los barras bravas, así como los mecanismos para carnetizarlos, judicializarlos e impedir que sigan alejando a los buenos aficionados de los estadios.

Les dan la pelea a los violentos

Incrementando el número de agentes de policía que vigilaban los partidos de fútbol, multando económicamente a quienes causaban destrozos en escenarios y sitios públicos, judicializando a los hinchas que ocasionaban lesiones personales a otros, identificando a los aficionados de cada equipo y prohibiéndoles la entrada de por vida a fanáticos conflictivos, las autoridades del Reino Unido acabaron con los barras bravas, un fenómeno que generó grandes problemas a finales de los 80 y comienzos de los 90.

En Argentina, los clubes y el Gobierno están dando la pelea con medidas como el registro previo obligatorio de todas las personas que van a fútbol y la prohibición de algunas barras visitantes para ir a determinados estadios.