“Para mí cualquier cosa es posible”: Usaín Bolt

Tyson Gay y Asafa Powell, sus rivales, le ayudaron a realizar la nueva marca.

Hace 15 años se consideraba imposible bajar de 9:60 en los 100 metros, pero ahora hasta los 9:50 parecen asequibles para el campeón jamaiquino. 

A las 2:35 minutos del domingo pasado Usaín Bolt rompió por tercera vez, en año y medio, el récord mundial de los 100 metros. Y aunque con su victoria sobre Tyson Gay y Asafa Powell, los otros dos hombres más rápidos de la historia, pareció despejar cualquier duda sobre su superioridad, lo que hizo verdaderamente fue generar más: ¿hasta dónde llegará el jamaiquino en su lucha contra el tiempo?, ¿será capaz de bajar de 9:50?, ¿hará lo mismo en los 200 metros este martes?

Entrenadores, atletas, analistas, fisiólogos, biomecánicos y aficionados ya no saben qué pensar. Porque si cuando ganó el oro olímpico en Pekín, en 2008, dejó en claro que no se había empleado al ciento por ciento, en Berlín sí pareció haberlo dejado todo en la pista, al punto de que dijo que no hubiera logrado la marca sin la presión que le impusieron hasta los últimos metros sus rivales.

“No me pongo límites, para mí cualquier cosa es posible”, dice el corredor de 22 años, a quien la fama de amante de las discotecas, los autos, las playas y la ropa deportiva le sienta tan bien como el primer lugar del podio.

Y es que lo que está haciendo es sencillamente majestuoso. El domingo le sacó un metro a Tyson Gay, quien corrió más rápido que nunca. De hecho, si se hubiera enfrentado a Carl Lewis en su mejor momento, o al legendario Jesse Owens les habría ganado por más de cuatro metros.

Hace 10 o 15 años los científicos, estadísticos y matemáticos consideraban que el límite del ser humano en los 100 metros estaba en 9:60, teoría que Usaín Bolt destrozó ante 70 mil personas y con 26 grados centígrados de temperatura. Bajó 11 centésimas, el mordisco más grande que nadie le había dado antes al récord mundial.

“Es monstruoso lo que ha hecho. Y ha colocado en el podio, tras él, a los otros dos mejores del escalafón histórico, Gay y Powell, quienes llegaron a la carrera en un buen momento de forma y no tuvieron problemas físicos. ¿Y qué podrá hacer en la altura de México? ¿Y con un viento al límite de los dos metros por segundo a favor? ¿Y cuando en vez del velocista natural que es ahora haya pulido su técnica y maneje mejor su cuerpo?”, dice asombrado Ramón Cid, el técnico nacional de España y uno de los más reconocidos de Europa, testigo privilegiado de la hazaña del jamaiquino, nacido en la pequeña población de Trelawny, el 21 de agosto de 1986 y quien es, sin ninguna duda, el mayor tesoro nacional de su país.

Todas esas dudas se irán resolviendo con el tiempo. De hecho, hoy martes comenzará, con las rondas clasificatorias, su lucha por el título de los 200 metros, en los que nuevamente su principal adversario será Tyson Gay, quien está arriba 6-2 en sus enfrentamientos directos. Luego tendrá que trabajar con su equipo para buscar la victoria en la posta de 4x100, con la cuarteta de Estados Unidos como su principal obstáculo.

“Estoy preparado para todo. Quería el récord y quiero más. Estoy orgulloso de mí, contento porque me di cuenta de que puedo seguir mejorando en la salida, en el técnica y en la potencia”, advirtió el corpulento atleta de 1,93 metros de estatura y 76 kilogramos de peso, a quien ya se puede comparar, sin lugar a dudas, con los mejores velocistas de la historia del deporte base.

A eso, además, se suma su tremendo carisma, pues casi siempre está sonriente y dispuesto a atender a los periodistas y, sobre todo, a los aficionados, para quienes sin duda es un ser como de otro planeta.

“Creo que, aunque es parte de mi trabajo, es la manera de disfrutar del sueño que tenía de niño. Quería ser famoso, tener muchos amigos y ser reconocido. Ahora que lo he logrado, tengo que pasármela bien y aprovechar”, dijo Bolt ayer en una rueda de prensa en el estadio Olímpico, en la que le preguntaron además cómo había celebrado su nueva marca.

“Pues no tuve ni tiempo, porque debí hacer unas sesiones de fotos con mis patrocinadores y con la gente de la Federación Internacional de Atletismo (Iaaf). Si hubiera podido, me habría ido a un McDonald’s con un par de amigos a comer algo que me gusta”, respondió el atleta que, al lado del nadador estadounidense Michael Phelps, otro amigo de las marcas y las medallas doradas, hace pensar que el hombre verdaderamente no tiene límites en su lucha contra el tiempo.

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