La economía de la ilegalidad

El hombre entró en la tienda a eso de las 8:30 p.m. El lugar ya hedía a la fácil alegría de la borrachera.

Lo vio a él, sentado en la parte de atrás del local con dos personas más. Pidió una cerveza. “Poker, fría”, le dijo a la mujer detrás del mostrador. La mirada fija siempre en él, las manos inquietas dentro de la chaqueta. Recibió la botella, húmeda, helada, perfecta. Tomó un sorbo. Esperó. Caminó los 10 pasos que lo separaban de la mesa donde él se encontraba. Abrió su chaqueta, sacó el revolver y disparó una, dos, tres y tantas veces más. El silenciador acalló no sólo el estruendo de las balas, sino cualquier otro ruido. Los clientes vieron salir al hombre de la cerveza Poker caminando y perderse en la infinidad de la noche en el barrio Las Acacias de la localidad de Kennedy.

En los fríos reportes de las autoridades el caso quedó clasificado como una venganza, el mayor motivo de homicidio en la ciudad. De los casi 800 asesinatos que se presentaron en el primer semestre de este año, el 35% fueron venganzas, por encima de las riñas (18,1%) o los atracos (14,5%). ¿Por qué?

Rubén Darío Ramírez, director del Centro de Estudios y Análisis en Convivencia y Seguridad Ciudadana (Ceacsc), tiene su propia teoría. “El mayor problema de la ciudad es la ilegalidad. Cuando a una persona le quedan mal en un negocio ilegal, por ejemplo una venta de relojes robados, ésta no va adonde un juez para exigir lo que es suyo. Va a la justicia privada y ya está. Y es ahí en donde la venganza aparece”.

La ilegalidad lo permea todo. De acuerdo con información del Ceacsc, las conductas más comunes de esa ilegalidad que al salir mal termina con la muerte de alguien van desde la venta de pólvora, el comercio de libros y software pirata, los servicios de acompañantes, los juegos de suerte, la venta de minutos hasta el préstamo y la usura (el conocido “gota a gota”).

Ahora bien, el mismo Ramírez admite que la respuesta a esa especie de economía ilegal no es sólo un paquete de medidas policiales. Se necesita generar empleos que disuadan al ciudadano de hacer el tránsito de la legalidad a la ilegalidad como forma de vida. Una de las cosas que más preocupan a las autoridades en este aspecto tiene que ver con los jóvenes, de por sí una población vulnerable. “Es necesario encontrar formas de ocupar el tiempo de los menores cuando salen del colegio porque de nada sirve que se eduquen durante una parte del día, si en la mayoría de su tiempo no tienen nada que hacer porque esto es un factor de riesgo muy grande para que caigan en el círculo de lo ilegal”, afirma Ramírez.

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