El señor de los globos

Así fue el día Yuri Chillán,  gestor de El Vuelo de la Libertad.

A las 5:30 de la mañana, sin un ápice de cansancio en su rostro y ataviado con un impermeable amarillo, el secretario general de la Alcaldía, Yuri Chillán, se revolvía nervioso, pues por distintos medios le informaban que las carreteras del norte comenzaban a abarrotarse de carros, que los vientos soplaban hacia el oriente en lugar de hacia el norte, tal como estaba previsto, y que había cientos de ciudadanos deseosos de montar en los coloridos globos del festival que, de alguna manera, él se había inventado. 

Faltaban apenas dos horas para que las llamas quemasen el fétido gas propano y las cestas se izasen hasta los cielos, cuando Chillán recordó su paso por Europa. Vivió allí durante diez años, la mayor parte de ellos en un pueblo de la costa francesa llamado Biarritz. Abandonó el viejo continente para ponerse al servicio de Samuel Moreno, pero con la intención de hacer de Bogotá una ciudad visitada y alternativa. Rememoró que fue precisamente en Francia, antes de la Revolución de 1789, cuando Luis XVI y su esposa María Antonieta se vistieron con sus mejores galas para celebrar el vuelo de un gallo, un pato y una oveja que se elevaron once metros a bordo de un primitivo globo aerostático.

En medio de las tensiones y los timbres de sus celulares, Chillán saludaba con amabilidad, lograba su mejor sonrisa para las cámaras y respondía a las preguntas de decenas de grabadoras acusantes mientras oteaba el horizonte en busca de nubes que pudiesen acarrear problemas. “Pida más policía, tráigame a fulano, ¿salí bien?, podemos repetir la foto si quiere”, repetía.

Un estruendo de aplausos acompañó la salida del primer aerostático. Hubo miles de felicitaciones para Chillán por parte de centenares de rostros anónimos. “Siento satisfacción”, dijo sonriente. Once curiosos personajes delatados por un pequeño globo bordado en hilo color vino tinto en el pecho de sus chaquetas de cuero aplaudían con fuerza. Formaban parte del Festival del Globo de la ciudad mexicana de León. Escandra Salim, miembro del grupo, tranquilizaba minutos más tarde a Chillán por dos globos que no habían logrado aterrizar. “Tranquilo, a nosotros en muchas ocasiones se nos han quedado durante varias horas en la Sierra”. Sobre las 8:30, las aspas de un helicóptero sobrevolaron el parque Simón Bolívar. Los paracaidistas tocaron el suelo. Chillán respiró aliviado; sonaba la música.