Neil Barofsky, el vigilante de los 'narcos' colombianos

El fiscal ahora tiene la lupa sobre Wall Street.

Cuando en octubre del año pasado el Congreso de Estados Unidos aprobó el desembolso de US$700 mil millones para sacar de apuros a las instituciones financieras, bastó un par de semanas para que bancos y fondos de inversión se pelearan US$300.000 millones, ahogados y angustiados por las deudas del desplome de las hipotecas.

Pero, ¿quién iba a seguirle la pista a semejante y políticamente incorrecta suma? En busca de la persona indicada para vigilar el manejo del Programa de Alivio para Activos en Problemas (TARP), a través de los cuales se desembolsaría la totalidad del paquete de rescate, George W. Bush llamó a la Corte Distrital de los Estados Unidos para el Distrito Sur de Nueva York.

Desde hacía ocho años trabajaba allí el fiscal Neil Barofsky, Magna Cum Laude de derecho de la Universidad de Nueva York y economista de la Universidad de Pensilvania. Barofsky, desde el año 2000, a sus 30 años, se había especializado en perseguir a ladrones de cuello blanco, a lavadores de dinero y, de paso, a narcotraficantes colombianos.

Se hizo célebre, entre muchos casos, por haber llevado a juicio a Steven Chin Leung, un hombre de Hong Kong que tras el ataque a las Torres Gemelas usurpó la identidad de su propio hermano para fingir su muerte y evitar un proceso por falsificación de pasaporte. También dicen que hizo llorar ante los estrados a un ejecutivo de la compañía Refco, una empresa de servicios financieros que colapsó al descubrirse fraudes en su contabilidad.

Sin embargo, es un cuchillo de madera, “traído de las selvas de Colombia”, como suele reseñar la prensa estadounidense, lo que pareciera ser uno de sus más grandes trofeos. “Lo guarda para recordar lo violento que puede llegar a volverse el crimen”, reseñó hace unos meses en The Wall Street Journal la periodista Deborah Solomon.

El mismo Barofsky, en el pequeño perfil con el que se presenta hoy como inspector general del TARP, hace gala de sus logros como enemigo del “crimen organizado”, y se precia de haber liderado la investigación que condujo a la acusación formal de 50 “altos mandos” de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, “descrito por la Fiscalía General de Estados Unidos como la más grande acusación presentada en un caso de narcóticos en la historia del país”.

Varias veces vino Barofsky a Colombia. Y tras recoger pruebas, regresaba a su oficina, en el Distrito Sur de Nueva York, desde la cual se adelantaron en los últimos años parte de las investigaciones que dieron con los pedidos de extradición de Ricardo Palmera, alias Simón Trinidad, miembro del estado mayor de las Farc; Anayibe Rojas Valderrama, Sonia, comandante de esta misma guerrilla y condenada por narcotráfico; y decenas de lavadores de dinero y cómplices de los carteles colombianos, como el ex coronel de la Policía Leonel Mendoza, quien en 1994 se hizo famoso por facilitar operaciones de embarco de cocaína en el Aeropuerto El Dorado, y cuya acusación formal estuvo en manos del fiscal norteamericano en 2005.

El 7 de diciembre de 2008, casi dos meses después de que la mitad de los fondos del paquete de rescate hubiesen sido entregados a Wall Street, Neil Barofsky fue confirmado por el Senado estadounidense para vigilar estos recursos. Tiene autorización de cargar pistola, pero prescinde de ella, y ha conformado un equipo de fiscales de alto nivel, quienes hoy siguen los pasos de los ejecutivos norteamericanos con la misma minuciosidad con la que en el pasado siguieron a los enlaces del Cartel del Norte del Valle.

El martes, en las 250 páginas de su primer informe oficial, Barofsky anunció que  abrió  veinte  investigaciones yseis auditorías por presuntos malos manejos en los fondos del paquete.  

Muy pocos en Estados Unidos dudan de que sea la persona para tan compleja tarea. “Si pudo con las Farc”, dijo tras su nominación Preet Bhara, ex compañero de colegio y hoy asesor de un senador demócrata, “podrá con un puñado de banqueros de Wall Street”.

 

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