Primera escuela de humor en el mundo

Un lugar donde, de semestre en semestre, se busca ser feliz.

Se trata de la primera escuela de humor en el mundo, creada por el humorista Antioqueño Crisanto Alonso Vargas, Vargas Vil. Aquí los padres de familia traen a sus hijos para enseñarles a ser niños felices.

En este país de  reinados, del ingenio, del rebusque, de las miles de instituciones educativas que existen donde se enseña incluso a ser vendedor ambulante o albañil, nace otra propuesta única en el mundo y por demás quijotesca: La escuela de humoristas Vargas Vil Colombia. “Mi papá era un tipo con mucho carisma. Era culebrero, músico, escribía discursos para los políticos, cartas para enamorados y le enseñaba a los niños. Todos los niños de la cuadra iban a mi casa y veíamos un ídolo en él.  Los niños salían felices con sus enseñanzas. Yo siendo el más tímido de los 28 hermanos, me dio mucha nostalgia cuando mi papá murió y me di a la tarea de reemplazar el boquisabroso como le decían”, relata Crisanto Alonso.

Desde niño tuvo la idea de  una escuela de humor, pues en un departamento como Antioquia son muchos los talentos que se encuentran en cada esquina, pero que muchas veces se  pierden porque nadie les ayuda a descubrir todo su potencial. “Cuando yo llegué a Medellín pude participar en diferentes festivales como el de la trova y de mentirosos. Ingresé a la radio y me sentía privilegiado porque era un medio muy elitista. Por mi programa pasaron más de 100 humoristas: Jeringa, los Marinillos, Luz Amparo, sólo por mencionar algunos. Siempre quise enseñarle a los demás. Las mamás levan a los niños a clases de natación, de gimnasia, de pintura, de fútbol; pero, por que no pensar en que el niño sea alegre. El niño puede nacer con una espontaneidad pero eso hay que despertarlo como se despiertan todas las cualidades”, dice Crisanto.

50 niños de cuatro años en adelante llegan todos los sábados desde hace seis meses a la casa de Crisanto para su proceso de formación. “En este momento la idea de nosotros es tener un espacio donde los niños se puedan divertir  a través del arte, del juego, de la lúdica, de la risa. Tenemos profesores en diferentes áreas para que los niños descubran su potencial y al final nos digan si quieren ser humoristas y como quieren expresar ese talento”, asegura Esperanza Carvajal, coordinadora de la escuela.

Son cuatro semestres de capacitación y al final del proceso se eligen a los pequeños más destacados para hacer parte del semillero de humoristas. “Actualmente tenemos 20 niños en el semillero. Yo quiero poder llevar cada año cinco o seis de estos niños a un programa de televisión para hacer humor”, comenta Crisanto. 

En el teatro de la casa de Crisanto los niños no parar de reír. Se arrastran por el piso, hacen monerías y en cada ejercicio enseñado por el profesor, descubren como ser felices. “Yo tengo el humor en la sangre. Llevo muy pocas clases pero me gustaría seguir los pasos de mi papá con las imitaciones”, dice Juan Pablo Vargas de 13 años. “Me parece que esto es lo mío, es lo que más me gusta y quiero hacer imitaciones”, comenta Daniel Mesa, de 13 años. 
 
En ningún otro lugar existe algo similar. Una escuela para ayudarles a los niños a redescubrir el significado de la vida y la alegría en pequeñas cosas. “Es la primera escuela del humor, si existieran otras sería una copia. Todas las grandes ideas son locas. Es demasiada responsabilidad y es quijotesco que los papás me traigan los niños aquí y yo no les digo que van a ser Cantinflas o Montecristo o Lelutier, pero van a  ser niños muy alegres para la vida. No van a ser resentidos”, concluye Vargas Vil.

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