El fin de la era Plan Colombia

La última determinación de Washington contempla un fuerte recorte a la ayuda que desde hace una década se presta al país. El campo militar es el más afectado con la reducción.

El gobierno de Obama dejó conocer sus intenciones con Colombia para el año 2012. El cambio que prevé es importante. La solicitud de la Casa Blanca ante el Congreso para el presupuesto de ayuda al exterior llevará a Colombia un recorte fuerte. El monto será US$398 millones, una caída de aproximadamente US$100 millones desde 2010 y US$200 millones desde 2007.

La mayoría del recorte previsto vendría de la ayuda a las Fuerzas Armadas y la Policía colombianas, que caerá a US$196 millones, después de US$285 millones en 2009. (Otra vez, hay que agregar aproximadamente US$120 millones de otras fuentes, para llegar a US$310 millones en ayuda de seguridad).

Esta caída significa el verdadero fin de la época del Plan Colombia. Aunque seguirán para rato las fumigaciones, los contratistas, los asesores militares y el apoyo a los helicópteros Black Hawk, esto ya está llegando a ser una cosa menor o mayoritariamente financiada con fondos colombianos.

La ayuda no militar a Colombia —que no sufre un recorte tan fuerte— está ganando importancia. El grueso del apoyo económico y social a Colombia irá al sistema de justicia y al componente económico de los programas regionales de Consolidación, como el de la región de La Macarena que tanta inversión ha recibido desde 2007.

De estas tendencias, quedan tres conclusiones:

1. Colombia no está sola. Entre 2009 y 2012, la ayuda a América Latina y el Caribe pueden sufrir un recorte del 18 %. En Colombia, el grueso del recorte vendrá de la ayuda militar y policiva, que caería 43 % al nivel regional. Algo parecido le puede pasar también a México. De hecho, el Estado colombiano por el momento ha recuperado el puesto “número uno” entre los receptores de ayuda militar y policiva estadounidense en la región.

¿Por qué tanto recorte? Porque el déficit presupuestal de los Estados Unidos ya alcanza el 10% del PIB —un nivel que recuerda a Argentina en tiempos de Alfonsín— y ni Obama ni los republicanos del Congreso tienen voluntad alguna de incrementar impuestos, recortar el gasto de defensa o seguro social. Entonces programas como ayuda al exterior están extremadamente vulnerables a verse recortados. Y regiones menos “estratégicas”, como América Latina, se recortarían aún más fuertemente.

2. Colombia está viendo el resultado de varios años de insistir en el “éxito” de sus políticas de seguridad. El país puede ser un destino para turistas en barcos cruceros o una zona de crisis humanitaria que necesita ayuda masiva. Los líderes de Colombia ya desde hace rato han escogido promover la primera imagen.

3. El enfoque de gran parte de la ayuda es acertado. Una proporción mayor ya irá al bienestar económico y el fortalecimiento de instituciones civiles, especialmente la justicia. La esperanza es que la ayuda para el futuro servirá a Colombia en su lucha para restituir la tierra y enfrentar al poder del crimen organizado.

Aunque el movimiento en una dirección menos bélica merece aplausos, sigue siendo una gran lástima que haya menos recursos. Después de haber gastado tanto en la guerra durante la época Plan Colombia, los recortes de hoy dejan un mensaje muy desafortunado: de que Estados Unidos siempre tiene dinero para helicópteros, pero no tanto para instituciones.

 * Coordinador principal del Programa de Políticas de Seguridad Regional, Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA).

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2011-02-15T21:58:00-05:00

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Adam Isacson*

El Mundo

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