Argentina se pinta de Chávez

Las trabas comerciales impuestas por el gobierno argentino comienzan a afectar a toda la región. En el país el temor por una recesión se hace latente.

Argentina comenzó a apretarse el cinturón y las medidas que el gobierno de Cristina Fernández comenzó a tomar desde el año pasado para atenuar la caída del superávit comercial no han tenido buen eco ni dentro ni fuera del país. Afuera, los gobiernos de América Latina y de Europa se quejan por las trabas comerciales impuestas. Al interior, la población se preocupa por el incremento en los servicios públicos, las nuevas condiciones para comprar dólares, la escasez de algunos productos debido a los bloqueos en las importaciones.

Mientras, los organismos multilaterales critican la forma como Argentina maneja sus índices económicos y la oposición aprovecha para hablar de una “chavización” de la economía. Revistas como The Economist, incluso, han decidido dejar de publicar las cifras oficiales de inflación por considerarlas mentirosas. Lo cierto es que las previsiones no son buenas para el país. Las más optimistas auguran un crecimiento del Producto Interno Bruto de 4%, que comparado con el 7% que el país logró en años anteriores, preocupa al gobierno. Como también genera dudas el déficit energético que se triplicó en el último año.

En la calle, cualquier anuncio relacionado con la economía hace que los argentinos vuelvan a pensar en los efectos que dejó el corralito en 2001. Las restricciones comienzan a notarse en los recortes de los subsidios de transporte así como los de luz, agua y gas, lo que ha hecho que esto aumente los costos, en algunos casos, en un 200% y 300%. En las góndolas de los supermercados algunos productos comienzan a escasear: carne de cerdo, cereales, salmón.

En la pasada Asamblea del Banco Interamericano de Desarrollo, que culminó hace pocos días en Montevideo, fue casi unánime la crítica en contra de las nuevas políticas impuestas por el Ministerio de comercio argentino. Y es que buscando proteger la industria interna, cada vez son más las trabas del gobierno para permitir la entrada de importaciones.

Casi todos los sectores se han visto afectados. El tecnológico, el automotriz, el de construcción, el de alimentos, el textil. Y un largo etcétera. Los productos importados deben pasar ahora por un doble filtro, y las demoras en la aduana se hacen cada vez más largas. Computadores, celulares, pero también pañales, teteros, libros, zapatos, quedan varados en los puertos aguardando aprobación del Ministerio de Comercio. Algunas compañías evalúan salidas a este escenario que incluyen, incluso, el cierre de sus oficinas en Argentina.

Los países del Mercosur ya mostraron su descontento con las medidas impuestas por Argentina. Tanto la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, como el presidente chileno, Sebastián Piñera, –que se reunió la semana pasada con Fernández– han presentado quejas formales al gobierno argentino. Por su parte, Perú, Colombia y México, evalúan demandar conjuntamente al país austral, ante la Organización Mundial de Comercio. Incluso en Europa, Dinamarca, que preside temporalmente la Unión Europea, ha pedido explicaciones al gobierno argentino por las restricciones a los productos ingleses, particularmente.

Entre tanto, en Suramérica, cada país ha comenzado a tomar acciones para enfrentar esta crisis. Uruguay, Chile, Brasil, buscan otros mercados para compensar el dinero que dejan de recibir de Argentina, y presionan para que el gobierno de Cristina Fernández evalúe abrir sus puertas comerciales. En Colombia, los empresarios manifestaron al Ministerio de Comercio Exterior su preocupación.

Y aunque desde la Casa Rosada intentan minimizar el tema, e indican que el número de importaciones ha crecido con respecto al año anterior, los números muestran lo contrario. Tal y como explica el economista José Luis Espert, “a esta misma altura del año pasado, la industria crecía al 12 por ciento, mientras que hoy apenas llega al 2”.