El papa revoluciona Cuba

Esta visita papal es muy diferente a la que realizó Juan Pablo II en 1998.

La llegada de Benedicto XVI a Cuba el lunes, luego de su visita a México, mueve todas las piezas del ajedrez político cubano: la disidencia, el exilio, la policía política, la Casa Blanca, la prensa extranjera, el Partido Comunista y, por supuesto, la jerarquía de la Iglesia católica están esperando que la presencia del Papa genere cambios en el país. El presidente, Raúl Castro, quiere el aval de la Iglesia —clave en las recientes reformas y las liberaciones de disidentes— en el proceso de cambio que vive la isla. Y la Iglesia, por su parte, busca en Cuba conquistar el terreno perdido: llevar a más cubanos a sus filas, pues desde 1959 hay en la isla un abanico de confesiones cada vez más amplio.

Sin embargo, desde antes de partir en su gira por México y Cuba, el Papa fue claro y dijo que la ideología marxista no sirve. A lo que el gobierno cubano, a través de su canciller, Bruno Rodríguez, respondió: “Aquí se respetan todas las opiniones”. El Vaticano también dejó claro que Benedicto XVI no se reunirá con los opositores, a pesar de las quejas de varios grupos de derechos humanos, lo que aumentó las manifestaciones en los últimos días. A 12 horas de la llegada del Pontífice, varios grupos denunciaron las detenciones arbitrarias de opositores, entre ellos 18 Damas de Blanco, así como amenazas e intimidaciones.

“A propósito de la visita papal, el régimen castrista ha aumentado sus acciones represivas y de intimidación contra pacíficos disidentes”, señaló en un comunicado la opositora Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN). Berta Soler, líder de las Damas de Blanco, que abogan por la libertad de los presos políticos y los derechos humanos, aseguró que a pesar de la negativa papal, intentarán ir a la misa de Benedicto XVI en la Plaza de la Revolución de La Habana, que se realizará el miércoles.

El pontífice iniciará este lunes su visita en Santiago de Cuba, donde será recibido por el presidente Raúl Castro y oficiará su primera misa al aire libre en la isla. El martes 27, Benedicto XVI visitará el santuario de la Virgen del Cobre, patrona de la isla, y volará a La Habana, donde concluirá su viaje.

Católicos, santeros, espiritistas, ateos y comunistas: todo Santiago de Cuba, epicentro de la revolución de Fidel Castro, se prepara para su llegada. “Se ha dicho que todo el que quiera ir a recibir al Papa y luego a la misa lo puede hacer, pero con disciplina. Allí estaremos”, dijo a la AFP Arelys González, una militante comunista de 50 años y contadora en el hotel Casa Granda, un emblema de Santiago de Cuba. Ángel González, de 52 años, que es espiritista y santero (practica cultos africanos), también dice que estará en “primera fila” en la misa que oficiará el Papa en su primera jornada en la isla. “No hay contradicción; al final todos somos hijos del mismo dios”.

Largo proceso

El comienzo

Luego de la histórica visita que realizó el papa Juan Pablo II a Cuba, en 1998, y que suavizó las tensas relaciones con el régimen comunista, la frase del entonces pontífice: “Que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba”, marcó un hito en la historia del país.

Un nuevo rol

Fue en 2006, cuando Raúl Castro se convirtió en presidente, debido a la enfermedad de su hermano Fidel, que se dio un nuevo acercamiento entre Cuba y la Iglesia católica, la cual asumió un rol como interlocutora del Estado.

Enviado especial

Esta nueva era comenzó hace cuatro años con el viaje a Cuba del secretario de Estado vaticano, Tarcisio Bertone, quien abrió el camino para las negociaciones entre el Gobierno y la oposición con el fin de conseguir la liberación de varios disidentes.

Libertad

El diálogo, iniciado en mayo de 2010, entre el presidente Castro y el cardenal Jaime Ortega, condujo a la excarcelación de 130 presos políticos, incluidos los 52 de la Primavera Negra de 2003, y convirtió a la Iglesia en único interlocutor del Gobierno.

A España

La liberación se condicionó a la expatriación de los beneficiarios, con excepciones de última hora. España, con el ministro Miguel Ángel Moratinos, fue el tercer interlocutor y 700 cubanos (disidentes y familiares) fueron trasladados allí.