Las llamas cercan Moscú

Los incendios forestales envuelven la capital rusa en una densa nube de humo. El verano ya cobró 52 vidas.

La visibilidad no superaba los 200 metros de distancia y la gran mayoría de habitantes de Moscú salían a la calle con mascarillas para protegerse del humo. La propagación de los incendios forestales por cuenta del verano, que se perfila como el más intenso de los últimos 50 años, ha puesto a la capital rusa y sus alrededores en una situación difícil. Los 35 grados centígrados de la temperatura promedia en la última semana no eran suficientes para levantar la densa capa que ha dejado el fuego. El cielo sólo se veía gris y el aplazamiento de vuelos en los aeropuertos Domodedovo y Vnukovo desataba el caos entre los pasajeros.

El viernes, el olor a quemado y el humo se posaban sobre toda la ciudad. De acuerdo con el Departamento de Protección Ambiental del Ayuntamiento de Moscú, por estos días los niveles de contaminación del aire se encuentran cinco veces por encima de lo normal, razón suficiente para que el gobierno local invite a los 10,5 millones de habitantes de la ciudad a permanecer en sus casas el mayor tiempo posible mientras la situación se normaliza. Los pronósticos meteorológicos sostienen que el humo se mantendrá hasta mediados de la próxima semana.

De otro lado, la Nasa puntualizó que la nube de humo es de aproximadamente 3.000 kilómetros y se extiende sobre gran parte de la Rusia europea, comparable con el resultado de una erupción volcánica.

Desde que el verano se inició a comienzos de junio, la ola de calor ha cobrado 52 vidas, los incendios forestales han consumido cerca de 700.000 hectáreas de bosque y la sequía ha echado a perder 10 millones de hectáreas de cultivos. La preocupación por una eventual crisis alimentaria motivó al primer ministro ruso, Vladimir Putin, a suspender transitoriamente las exportaciones de granos.

Mientras tanto, 150.000 personas (entre soldados, bomberos y equipos de emergencia) tratan de contener las llamas, que entre el jueves y viernes se duplicaron alrededor de los bosques circundantes a la capital. Incluso, el Ejército ha tenido que trasladar depósitos de municiones y misiles para prevenir posibles accidentes.

Ahora, la mayor preocupación del Ministerio de Emergencias es la posibilidad de que el fuego alcance la región de Bryansk, al nordeste de Moscú, contaminada con material radiactivo desde 1986, cuando uno de los reactores de la planta de Chernobyl —hoy territorio ucraniano— estalló y produjo la mayor catástrofe nuclear de la historia. Las llamas podrían elevar a la atmósfera partículas dañinas y revivir el fantasma de la tragedia.

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