¿Pelea entre los hermanos Castro?

El origen de las supuestas divergencias entre Fidel y Raúl se basa en cuestiones políticas.

Resulta asombroso, y lamentable, observar cómo incluso mentes inteligentes de este mundo siguen picando el mismo anzuelo que durante más de 50 años han tirado Fidel y Raúl Castro. Un anzuelo al que sólo se le ha cambiado la forma y el color de la carnada de acuerdo con la turbulencia que se alza en torno al gobierno que desde 1959 rige el destino de los cubanos.

Basta analizar la personalidad de los hermanos Castro y el desenvolvimiento actual de los herederos, por vía sanguínea, de esa Corona para descubrir que no hay allí ninguna divergencia. Basta analizar la historia del proceso, los bruscos tirones que Fidel antes y Raúl ahora han dado al timón del poder, y basta poner sobre el tablero de juego un simple análisis de las estrategias de la llamada “Revolución” cubana en estos 50 años o los muy sutiles e inteligentes posicionamientos de los familiares de los Castro en la actual estructura del poder mediático, económico y militar, para comprobar que, como dirían en Cuba, “todo esto es más de lo mismo”, por lo que es muy ingenuo no ver en esas supuestas divergencias de cara a la opinión pública internacional “la marca de la Bestia”, es decir, una muy pensada estrategia de ofrecer al mundo la idea de que es posible que en Cuba se esté produciendo ese cambio que, según sondeos, quiere la mayoría, incluidos muchos de los antiguos defensores del “socialismo a lo Fidel Castro”.

La única divergencia real está en la individualidad de los hermanos: Raúl es pragmático y Fidel es idealista. Pero es de tontos olvidar que la dependencia de Raúl Castro al “ejemplo” histórico de Fidel le ha impedido llevar a fondo las reformas que pudo encabezar cuando llegó al poder y su hermano languidecía en su camastro de enfermo. Es de tontos olvidar que a Raúl Castro, incluso sus más cercanos amigos, hoy en el poder, lo han visto siempre como el ejecutor de las ideas del “Gran Líder”. Y es de tontos olvidar que Raúl y sus seguidores saben que el verdadero protagonismo en la mentalidad del pueblo cubano lo posee Fidel Castro y ellos son simplemente, como se escuchó mucho en estos meses, “dinosaurios que han demostrado no saber dirigir” o, según los más respetuosos, “una generación que ya cumplió su papel”.

No puede olvidarse que desde los primeros días de la Revolución, Fidel dio señales y dijo que su relevo era Raúl. Lo confirmó felicitando a los delegados al V Congreso del Partido Comunista por haber reelegido a Raúl como Segundo Secretario y puso el broche de oro a esa “ordenanza imperial” el 31 de julio de 2006 cuando “a dedo” eligió a su hermano al frente del país. La jugada, como se dice en el baseball, estaba cantada, y eso ha sido lo que hemos visto hasta hoy. Raúl ha seguido el guión que su hermano mayor escribió en 1959, dando ciertos retoques que Fidel, por simples razones de coherencia, no podía hacer. Y el propio Raúl se encargó de aclarar esa estrategia cuando en su toma de posesión como presidente de los Consejos de Estado y de Ministros anunció que Fidel seguiría al frente del Partido Comunista (órgano que, como se sabe, rige la vida política del país, es decir, el 100% de las decisiones) y puso a votación de la Asamblea Nacional del Poder Popular (el Parlamento cubano) la propuesta de que los más importantes asuntos económicos, políticos y de relaciones internacionales se le consultarían siempre a Fidel.

El origen de las supuestas divergencias se basa en cuestiones de maquillaje político: Fidel no ha respaldado la gestión supuestamente independiente de Raúl; Fidel ha intentado, desde sus “Reflexiones” publicadas en el periódico Granma, desviar hacia asuntos “más importantes para la salvación del mundo” la atención mediática sobre los epidérmicos cambios que Raúl ha realizado; y ahora, finalmente, cuando Raúl libera a presos políticos que Fidel encausó, aparece diciendo que está totalmente recuperado y lanza ante el Parlamento el mismo discurso de siempre, ahora más apocalíptico: Estados Unidos será el culpable del estallido de la Tercera Guerra Mundial.

Su reaparición lleva su marca: en primer lugar, Fidel conoce su poder mediático y sabe que es la única razón por la cual los periodistas de todo el mundo dejarán de hablar de las excarcelaciones de presos políticos en la isla. Cada uno de esos presos es testigo de la barbarie de la dictadura contra las libertades políticas, individuales y los Derechos Humanos en Cuba, y Fidel sabe que no puede permitirse dejar correr libremente esas voces de denuncia: es necesario contrarrestar propagandísticamente… ¿qué cosa mejor que la reaparición de Fidel en el escenario internacional? Según puede verse en la prensa, desde que apareció, la atención sobre las excarcelaciones ha decaído.

En segundo lugar, Fidel necesita recuperar la esperanza de aquellos sectores de la izquierda internacional que han ido alejando o retirando su apoyo al gobierno cubano, desilusionados por los hoy evidentes desastres económicos, políticos y sociales y la posible derrota del socialismo en Cuba, que achacan al mandato de Raúl.

En tercer lugar, su reaparición es un mensaje, también muy directo, a un sector que tradicionalmente Fidel ha controlado y que, según declaraciones llegadas desde la isla, muestra ya fisuras de división: las instituciones armadas. Fidel, con su regreso, les está recordando que sigue al frente de todo y que Raúl cuenta con su apoyo.

Finalmente, y tiene que ver con la ceguera de poder y la tozudez de Fidel, su retorno es un intento por desacelerar los cambios casi obligatorios nacidos de la situación económica y el descrédito internacional del país y del régimen. Para ello retorna con un elemento que siempre ha utilizado para demostrar que “hay otros problemas más urgentes e importantes que resolver”: el protagonismo que Cuba gana denunciando al mundo que, nuevamente, el espíritu guerrerista y prepotente de Estados Unidos puede llevar a una tercera conflagración mundial. Otra vez, así, el “profeta” Fidel Castro y el “modelo de humanismo del sistema socialista cubano” estarán en el centro de atención del mundo.

Y así será: hasta tanto los Castro no mueran (y quiero añadir, hasta tanto no se frene a los herederos que, como he repetido en varios de mis artículos, se han ido colocando en planos de poder muy peligrosos de cara al futuro de la isla) no habrá cambios reales y todo, como ahora, será una larga consecución de estrategias propagandistas que pretenderán lavar la cara sangrienta y los trapos sucios mediante tres eslabones esenciales que se han mantenido desde 1959 hasta hoy: la superioridad “humanista” del “socialismo cubano” frente al capitalismo, la “heroica” lucha del pueblo cubano frente al expansionismo monopólico de Estados Unidos y los “avances y libertades” que ha dado la Revolución a su pueblo (el llamado “Paraíso cubano”) en un mundo que se cae a pedazos.


* Escritor y Periodista