Superministro del Papa con alma colombiana

El nombramiento del nuevo superior de todos los obispos del mundo, quien fue profesor en seminarios de Bogotá, Manizales y Cali, renueva lazos de la Iglesia de Colombia ante la Santa Sede.

En los seminarios mayores de Bogotá, Manizales y Cali lo recuerdan como “el padre Marcos”. Pero el canadiense Marc Ouellet ahora no es sólo un sacerdote de la congregación de los Sulpicianos, sino uno de los ministros más poderosos del Vaticano pues el papa Benedicto XVI lo acaba de nombrar Prefecto para la Sagrada Congregación de los Obispos, o sea el jefe de los jefes de la Iglesia católica.

El nuevo cargo de Ouellet fue celebrado en Bogotá justo cuando llega a su fin el apogeo de Colombia en la Santa Sede tras la muerte del cardenal Alfonso López Trujillo y el retiro del cardenal Darío Castrillón Hoyos, quienes llegaron a ser ministros del papa Juan Pablo II. “Para el cardenal, como para mí, Colombia es nuestra segunda patria, porque aquí vivimos una parte importante de nuestras vidas”, destaca el padre Pierre Jean Jolicoeur, superior de la Casa de los Sulpicianos en el norte de Bogotá y amigo personal de Ouellet desde la juventud, porque se formaron en el Seminario Mayor de Montreal y vinieron a Colombia a finales de los años 60 a educar sacerdotes.

Siendo arzobispo de Quebec, Canadá, el Papa lo llamó a Roma porque es considerado uno de los máximos teólogos católicos, estudios en los que se conoció con Joseph Ratzinger. Su amigo en Bogotá explica que “es un conservador ratzingeriano” en cuanto a que defiende posturas como el no al aborto y al matrimonio homosexual, aunque ha reconocido en público errores de la Iglesia como complicidad con el antisemitismo y casos de pederastia. “Le habla de tú a tú al Papa y es políglota”. Además de dominar el griego y el latín, habla francés, inglés, italiano, alemán y español.

“El español lo aprendió aquí”, cuenta desde Manizales Olga Nubia Rivera Álvarez, durante seis años secretaria de Ouellet y actual bibliotecaria del Seminario Mayor Nuestra Señora del Rosario. Allí fue profesor de teología y filosofía y luego rector, “cuando había aprendido los dichos paisas”. “Haber sido secretaria del padre Marcos es difícil tarea. Sólo puedo apelar a la memoria del corazón para describir tan maravillosa personalidad: de intensa vida espiritual y profunda teología; dotado de una magnífica inteligencia, ésta a su vez coronada por una sencillez y calidad humana incomparables; generoso como el que más, en especial con aquellas personas de escasos recursos económicos; cuando las circunstancias lo exigían era recio y enérgico, actitudes que cedían ante la humildad y nobleza de su corazón; de buen humor, abierto al diálogo y cercano en la relación con los empleados. A Dios doy gracias por haber colaborado de alguna manera en el proceso vocacional de muchos sacerdotes colombianos”.

“Con la muy buena voz que tiene, en el Vaticano debe interpretar Noches de Cartagena, su canción preferida”, agrega el padre Jolicoeur, a quien invitó a Roma cuando Juan Pablo II lo hizo cardenal. El canadiense, profesor de griego y latín de muchos sacerdotes colombianos, describe así a Ouellet: “Es un hombre alto, bien presentado, con el carisma y el poder de atracción del liderazgo, deportista hasta que se quebró una pierna jugando hockey, y en la incapacidad se dedicó a reflexionar y se entregó a la vida religiosa; emprendedor, espiritual, hijo de un autodidacta, estudioso, apasionado, exigente, muy sensible, tan sensible que llora fácilmente; un intelectual e ideólogo de la Iglesia que enseñó en Roma en la Universidad Lateranense y en el Instituto Juan Pablo II sobre la familia”.

En la prensa especializada en Roma es considerado “el verdadero Papa de América”, es decir, el cardenal de ese continente mejor preparado para ser Pontífice una vez fallezca Benedicto XVI, por encima del hondureño Óscar Rodríguez Madariaga, presidente de Caritas Internacional y quien fue uno de los principales candidatos en el último cónclave.

Los más felices con Ouellet en el Vaticano son sus cercanos amigos colombianos, en especial la comunidad sulpiciana, pequeña pero muy reconocida porque sus sacerdotes son considerados los mejores profesores. No son más de 350 en el mundo y en Colombia hay unos 30, entre definitivos y candidatos en los seminarios de Cúcuta y Cali. Bogotá, Manizales y Zipaquirá son las otras ciudades donde han dejado huella. “Los primeros cuatro padres sulpicianos llegaron a Manizales en 1949 y fue el cardenal Concha quien los pidió para Bogotá —recuerda el padre Jolicoeur—. Yo llegué en 1965, me recibió en el aeropuerto Alfonso López Trujillo y quien me enseñó español fue el hoy arzobispo Octavio Ruiz”.

Ouellet ha vuelto varias veces a Colombia, por ejemplo cuando se ordenó obispo de Líbano Honda su amigo monseñor José Miguel Gómez. También mantiene contacto con monseñor Alberto Giraldo, ex presidente de la Conferencia Episcopal, hoy en Cartago; con el hermano de éste, Hernán, obispo de Buga; con Héctor Epalza Quintero, obispo de Buenaventura, y con monseñor José de Jesús Pimiento.

El ajedrez de la curia colombiana

Con la posesión de monseñor Rubén Salazar como nuevo arzobispo de Bogotá, ocurrida el viernes, se despeja el camino para los próximos posibles cardenales colombianos. Todos tendrán que esperar dos años largos hasta que Pedro Rubiano Sáenz cumpla 80 años de edad (13 de septiembre de 2012) y pierda su mayor poder: el voto en el cónclave.

Entonces, aunque no es obligatorio que sea inmediato, el Papa nombrará un cardenal colombiano. Los candidatos mejor perfilados hasta hoy en Roma son Rubén Salazar, Fabio Suescún, actual obispo castrense y seguro arzobispo quien era el más fuerte candidato al arzobispado de Bogotá, pero, dicen en la Santa Sede, terminó afectado “políticamente” por el escándalo de los falsos positivos dentro de las Fuerzas Militares con las que él convive como guía espiritual. Junto a éstos dos está en Roma el arzobispo Octavio Ruiz, cercano a los afectos del Papa por sus años de minutante en la Sagrada Doctrina de la Fe y actual vicepresidente de la Comisión Pontificia para América Latina. Suena ahora como segundo del Prefecto de la Comisión para el Clero, aunque no se descarta que lo pudieran devolver como arzobispo de Barranquilla.

Claro está que hay otro que se les puede adelantar. Se trata de monseñor Jorge Jiménez Carvajal, arzobispo de Cartagena, y otro conocido del Papa tanto en el Vaticano como en Colombia, porque fue quien lo invitó dos veces a Colombia. Jiménez, quien estuvo secuestrado por la guerrilla en 2002, fue presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) y, por tradición vaticana, ese antecedente se impone a la hora de escoger cardenales. Es más, él es el único ex presidente del Celam que no es cardenal. Eso podría ocurrir en el consistorio previsto para octubre de este año y sería cardenal diácono en calidad de ministro del Vaticano. También, con el respaldo del secretario de Estado Tarcisio Bertone, Jiménez suena para Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida, hoy en cabeza del cardenal Rodé.

La designación del reemplazo de Rubén Salazar en Barranquilla y el anuncio del próximo cardenal colombiano producirán un reacomodamiento de la cúpula de la Iglesia colombiana. En ese sentido se habla, por ejemplo, de monseñor Juan Vicente Córdoba, actual secretario del Episcopado y cercano al presidente Juan Manuel Santos, porque lo casó y bautizó a sus hijos. Él sería el próximo obispo castrense, además es hijo de general, mientras que Fabio Suescún iría al Arzobispado de Barranquilla.