Francia no quiere gitanos

A pesar de las críticas por discriminación, este jueves llega a Rumania un grupo de 79 gitanos deportados por el gobierno francés.

El ministro del Interior francés, Brice Hortefeux, fue el encargado de informar a la prensa la semana pasada sobre el desmantelamiento de 40 asentamientos gitanos ilegales y de la próxima deportación de 700 inmigrantes hacia sus países de origen: Rumania y Bulgaria. Antes de que se acabe el mes, la totalidad de este grupo ya deberá estar fuera de Francia. El presidente Nicolás Sarkozy se comprometió a finales de julio a levantar la mitad de los cerca de 300 campamentos que actualmente tienen lugar en el país.

Con el plazo establecido y los críticos que tachan esta política como racismo y xenofobia, las autoridades trabajan a toda marcha para cumplir con lo prometido. este jueves, 79 inmigrantes rumanos, incluidos en el grupo de los 700 anunciados por Hortefeux, llegarán a Rumania. Componen el primer lote de los 371 gitanos que aterrizarán en Bucarest antes del 26 de agosto, 132 lo harán este viernes y 160 el día 26.

La decisión suscitó un llamado de atención del portavoz de Justicia de la Comisión Europea, Matthew Newman, quien pidió claridad en las deportaciones. Los ciudadanos de Rumania y Bulgaria, como países miembros de la Unión Europea, tienen derecho al libre tránsito en cualquiera de las naciones que la conforman, a menos que carezcan de recursos suficientes para mantenerse o amenacen la seguridad del país de paso. “Las normas son muy claras y Francia debe respetarlas”, sentenció Newman.

Este es uno de los puntos clave del debate. En los discursos del presidente Nicolás Sarkozy la argumentación conduce a sustentar la amenaza a la seguridad y el crecimiento de la delincuencia que los asentamientos han representado para Francia. Sin embargo, desde múltiples frentes, incluido el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de la ONU, los cuestionamientos a la política francesa advierten sobre el recrudecimiento de la discriminación racial y la estigmatización.

Desde París, el gobierno se defiende aclarando que en la mayoría de los casos las deportaciones son voluntarias. Para que decidan regresar a sus países, Francia les ofrece a los inmigrantes un tiquete de avión, 300 euros por adulto y 100 por niño.

La explicación no convence a los críticos. El diario Le Monde protestó por el próximo exilio gitano y otras medidas con las que el Gobierno exalta el nacionalismo francés. En su editorial de este miércoles sentenció que Sarkozy estaba incluyendo a Francia en “lo que se podría llamar ‘el club de los ultras’, esos países donde las políticas de seguridad están fuertemente influenciadas por la extrema derecha”.

 

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