Nuevos vientos, nuevos tiempos

El encuentro con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha sido interpretado como la señal de que el nuevo gobierno colombiano quiere acercarse más a los vecinos. Washington no se perderá detalles de la cita binacional.

En su toma de posesión el presidente Juan Manuel Santos, mediante un discurso de estadista, demostraba conocer los desafíos de su país sin perder de vista el mundo que lo circunda. Eran los primeros indicios de un cambio en la política exterior de Colombia, caracterizada en los últimos años por la búsqueda de una relación preferencial con Washington, con base en una estrecha alianza militar a partir de la implementación del Plan Colombia, cooperación que se profundizó en la era de la seguridad democrática, piedra angular del gobierno del presidente Uribe.

Esa búsqueda de relación “de aliados” con Estados Unidos empezó a desdibujarse cuando se evidenciaron los obstáculos y las evasivas en relación con la aprobación del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Colombia.

Nada nuevo en el escenario regional, ya que en innumerables ocasiones el alineamiento político-militar de algunos países latinoamericanos con Estados Unidos no ha resultado en una ayuda económica significativa o en lazos comerciales más fuertes que contribuyan a concretar proyectos de desarrollo nacional. Fue así con el Brasil de la dictadura militar a partir de 1964 y, más recientemente, con la crisis de Argentina de 2001 a pesar de que el canciller Di Tella definía los vínculos con ese país como “relaciones carnales”.

La no aprobación del Tratado de Libre Comercio, la crisis política y comercial con Venezuela, así como el deterioro de las relaciones con Bolivia y Ecuador conllevaron que al final del gobierno del presidente Uribe —no obstante las renuencias frente al proyecto suramericano de Brasil— mirara al país con el cual comparten una frontera de 1.645 kilómetros como “una opción necesaria”.

Sin embargo, muchos analistas vieron con sorpresa que en las visitas de cortesía del presidente electo colombiano no se hubiera incluido a Brasil. A la par, un respetuoso y consistente trabajo diplomático esperaba el cambio presidencial para profundizar algunos temas pendientes de la agenda bilateral. La visita que este miércoles inicia el Mandatario colombiano responde a una invitación que le hizo el presidente Lula.

Hace mucho tiempo que Brasil ha reconocido la importancia de Colombia en la región y la dimensión del país en el ajedrez geopolítico suramericano. Además, Colombia es la cuarta economía del cono sur;  su ubicación privilegiada (Amazonia, Atlántico, Pacífico, mar Caribe) y sus riquezas naturales la transforman en un socio estratégico en el contexto de esa integración que tanto busca Brasil.

Sin embargo, el debate se ha detenido innumerables veces en la cuestión de una balanza comercial, que beneficia de gran manera a Brasil, tema que incide directamente en los vaivenes de esa relación bilateral.

La mano de Unasur

Desde que se creó la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) Colombia siempre ha estado en la actitud de “ver para creer”. El país ha presentado innumerables signos de duda e inquietudes y hasta renuencias con respecto a su pertenencia al bloque suramericano. No obstante, no se puede desconocer el papel que jugó este organismo regional en persona de su secretario general, Néstor Kichner, para lograr la reactivación de las relaciones entre Colombia y Venezuela.

La visita de Estado del presidente Santos a Brasil puede ser interpretada como un deseo de su gobierno de lograr un mayor acercamiento a la región. En ese sentido, Brasil podría ser visto como un importante puente para que Colombia se aproxime a su vecindario, fuertemente aislado por la política exterior del gobierno anterior. A primera vista, la política exterior del presidente Santos estaría reconociendo el liderazgo político regional y la importancia económica de Brasil. Su economía va desde los commodities, produce aeronaves y la agricultura desempeña un papel muy importante —probablemente el país registre casi el 8% de crecimiento en 2010—; además, experimenta una creciente internacionalización de sus empresas.

Por otro lado, el presidente Juan Manuel Santos estaría también demostrando una relativa autonomía en relación con Washington en la elaboración y desarrollo de su política exterior. Eso nos da margen para pensar que si bien los temas relativos a seguridad siguen siendo candentes en la agenda nacional, finalmente no sólo serán tratados desde una perspectiva militar, sino también política.

Washington, vigilante

¿Será que finalmente el norte de Suramérica se une al proyecto político de la integración en el sur de la región? ¿Será que Washington lo va a permitir? ¿Qué “ventajas” le propondrá a Colombia para que no se junte con los del sur? Para nada es sorpresa que a pesar de la admiración personal que ha expresado el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, por su homólogo brasileño con frases como “this is the man”, en un claro reconocimiento al liderazgo y carisma de Lula, hay un Estados Unidos atento a los movimientos de la diplomacia brasileña en Mercosur, Centroamérica, el Caribe y el mundo árabe.

Ese protagonismo de Brasil ha incomodado a Washington. No podemos olvidar que el “fin” del ALCA se dio en los primeros momentos del gobierno Lula, luego de una fuerte gestión diplomática de Brasil. Nuevos tiempos, nuevos vientos.

Junto al presidente Juan Manuel Santos viajarán los ministros de Defensa, Rodrigo Rivera; de Comercio, Sergio Díazgranados, y el director de la Policía, general Óscar Naranjo. Cada uno de ellos tendrá una agenda paralela. La canciller, María Ángela Holguín, acompañará a la comitiva colombiana, que antes de viajar aseguró que “será una ocasión para iniciar con buenos pasos la relación fluida que Colombia aspira a tener con Brasil, el país más importante de la región”.

Durante la reunión que comienza miércoles serán firmados ocho acuerdos de cooperación (ver recuadro). También se realizarán importantes encuentros, entre ellos con el ministro de Defensa, Nelson Jobim, y los candidatos presidenciales: Dilma Rousseff, José Serra y Marina Silva. En la agenda estarán temas prioritarios como cooperación con la Empresa Brasileña de Pesquisa Agropecuaria (Empraba) y asuntos relevantes para Colombia, como por ejemplo, establecer nuevas estrategias para impedir los corredores de movilidad de los grupos ilegales y cooperación policial para la interdicción de narcóticos, fortalecimiento de las fronteras para facilitar que los habitantes de las ciudades fronterizas puedan estudiar y trabajar en ambos lados sin mayores restricciones.

 * Analista internacional

 

Comercio, la prioridad

El incremento del comercio bilateral entre Colombia y Brasil es una de las prioridades de la visita que encabeza el presidente Juan Manuel Santos, y de la que también forma parte el ministro de Comercio, Industria y Turismo, Sergio Díazgranados. “El objetivo es afianzar los lazos comerciales, de inversión y turismo con este país suramericano, que cuenta con una de las economías más dinámicas de la región. Esto es, claramente, uno de los propósitos que perseguimos”, afirmó el Ministro.

Para lograr esto, la delegación colombiana se reunirá este jueves en São Paulo con 33 directivos de importantes empresas brasileñas, relacionadas con autopartes, siderurgia, infraestructura, construcción; telecomunicaciones; agroindustria , BPO y ‘call centers’; cosméticos, envases de vidrio y turismo. En 2009, la balanza comercial entre los dos países presentó un déficit para Colombia de US$2.130 millones.


Las acuerdos que serán firmados

Se contempla que los dos gobiernos firmen este miércoles ocho acuerdos. Entre otros se acordará uno que cuenta con el apoyo del Sena para crear programas de capacitación para la gente de la frontera, entre Leticia y Tabatinga.

Otro acuerdo buscará crear un permiso de libre residencia para los pobladores fronterizos. La idea es implementar un carnet para que estas personas puedan tener un libre tránsito por la frontera, trabajar y residir en esa zona.

También se firmará un acuerdo de cooperación en el tema agrícola, en especial lo que tiene que ver con cultivos de cacao y caucho. Otro acuerdo tiene que ver con la producción de biocombustibles.

El gobierno colombiano propondrá a Brasil lograr un esfuerzo conjunto, aprovechando la alta capacidad tecnológica del sistema de radares brasileño, para controlar el tráfico de drogas hacia el Caribe, una preocupación cada vez mayor de los países de la región.

Colombia también pondrá a consideración la posibilidad de comprar, de manera compartida, una flota de lanchas rápidas para custodiar el río Amazonas.