Aumentan los problemas de Nicolás Sarkozy

Ocho ciudadanos franceses han sido secuestrados en la última semana. El gobierno guarda silencio.

“Nuestra preocupación por ahora es entrar en contacto con Al-Qaeda”, fueron las palabras con las que el ministro de Defensa francés, Herve Morin, se refirió al breve comunicado en audio difundido por la cadena Al Jazeera, en el que el grupo Aqmi (Al-Qaeda de Magreb) reivindicó el pasado miércoles el secuestro de siete empleados de las compañías francesas Areva y Vinci, ocurrido una semana antes en la región minera de Arlit, en el norte de Níger.

“Esperamos que el gobierno francés no cometa una nueva estupidez”, decía otra de las líneas del comunicado en referencia a un posible operativo de rescate como el intentado el pasado 22 de julio para liberar al activista humanitario francés de 78 años Michel Germaneau, quien fue asesinado dos días después por las milicias islamistas en venganza por sus compañeros muertos durante la frustrada operación militar.

A pesar de las críticas que el presidente Sarkozy hizo a su homólogo español José Luis Zapatero, cuando en agosto pasado se aceptó el pago de un rescate por los catalanes Roque Pascual y Albert Vilalta, también retenidos por Aqmi, las declaraciones de Morin y la llamada telefónica que pudieron efectuar el viernes los periodistas franceses Stéphane Taponier y Hervé Ghesquière, secuestrados en Afganistan desde diciembre de 2009, parecen sugerir que la vía del diálogo habría sido la escogida para manejar tanto su caso como los secuestros ocurridos en Níger y el de los tres trabajadores del grupo de servicios petroleros Bourbon, raptados en aguas de Nigeria el pasado martes.

Este secuestro, probablemente realizado por piratas que tendrían intereses económicos más que políticos, eleva, según la organización Otages du Monde, a 11 el número de ciudadanos franceses secuestrados alrededor del mundo.

Aunque no se ha establecido un enlace directo entre los secuestros de la última semana y la aprobación por el Senado francés de la ley que prohíbe el uso del velo total en lugares públicos, no se descarta que el tema entre en el discurso de reivindicaciones de grupos islamistas radicales, no en vano el país ha sido declarado en alerta roja de amenaza terrorista y el rumor sobre una kamikaze que habría estado a punto de ejecutar un atentado en una estación ferroviaria parisina no ha dejado de circular en los medios de comunicación franceses.

Mientras los opositores de Sarkozy ven en la declaración de alerta una estrategia para desviar la atención y desmotivar las nuevas convocatorias de huelga (dos en octubre), el gobierno ha declarado que dicho rumor no puede “confirmarse ni desmentirse”.