Dilma Rousseff, bendecida por el presidente

La economista se perfila para suceder a Luiz Inácio Lula en el poder.

En uno de los bares de la concurrida Rua Augusta, en São Paulo, fue detenida por accidente. Ahí estaba Dilma Rousseff con su enorme copete y sus anteojos de pasta gruesos y profundos, típicos de los años 70. La policía llegó detrás de uno de sus camaradas mientras bebía una copa. Iban por él. Esa noche, el hombre no tenía otro lugar adonde ir. Lo que no aparecía en los planes de los agentes era que una muchacha, sin explicación, intentara huir desesperada del bar. Fue invisible hasta que se delató a sí misma.

La registraron y decomisaron el revolver que cargaba para librarse de todo mal. Por los caprichos del azar, las autoridades detuvieron a Wanda, Marina o Luiza, cualquiera de los alias de una de las militantes de la Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares rebelada contra la dictadura militar.

Tres años pasó en la cárcel, lo necesario para, entre torturas, recordar cómo había comenzado todo en esa clase de “marxismo” del bachillerato y el inolvidable título del francés Régis Debray, Revolución dentro de la Revolución.

Tuvo tiempo suficiente para pensar en sus huidas por Belo Horizonte, Río de Janeiro y São Paulo; los robos a bancos perpetrados por ella y sus camaradas cada vez que escaseaban los recursos; sus métodos para repartir el dinero del grupo entre las armas, los alimentos y las conexiones urbanas; las clases de francés y de piano en la infancia y el interés de su padre, Pedro Rousseff, exiliado del Partido Comunista Búlgaro, por el modelo de educación europeo.

Las reflexiones se extendieron por los años que siguieron a la salida de la cárcel, aún con el peso de la inhabilidad para ejercer cargos públicos. A partir de los años 90, Dilma Rousseff se enfocó en la política, pasó por la Secretaría de Energía del Estado de Rio Grande do Sul y al terminar la década se enfiló en el Partido de los Trabajadores (PT) con el que es favorita para ganar las elecciones de próximo domingo.

La hija política de Lula

Cuando la acusan de ser radical, no repara. Está convencida de que la determinación es el combustible de las carreras políticas y que ejemplos como los de Hillary Clinton y Margaret Thatcher son los más dignos de citar. El presidente Lula lo ha dicho en reiteradas ocasiones e incluso ha sido multado por intervenir en la campaña electoral. Dilma Rousseff es la indicada para llegar a la presidencia “para acabar con los prejuicios en la política y en la sociedad brasileñas”. Lula también bromeó: “No saben lo que es discutir con esta mujer”.

Hasta 2005, en Brasil muy pocos dudaban de que el heredero de Lula dentro del PT sería el entonces ministro de la Casa Civil (Jefatura de Gabinete), José Dirceu. Un escándalo de sobornos a congresistas lo sacó del gobierno y más pronto que tarde la atención se volcó sobre Rousseff. Los esfuerzos del partido fueron grandes, mantuvieron su candidatura a pesar de que el año pasado un cáncer linfático le fue descubierto.

Antes de la lucha por los votos, Dilma Rousseff debió preocuparse por derrotar el cáncer. Las sesiones de quimioterapia la obligaban a aparecer públicamente usando pelucas, tratando de restar importancia al deterioro de su imagen. Las cirugías estéticas la revitalizaron después de que los doctores aseguraran que todo había sido superado. Su nariz ahora es respingada, su estilo más moderno y sus sonrisas más constantes. “Dilminha ganará”, dicen afectuosamente los seguidores del PT.