Brasil, el buen vecino

El 18 de julio llega a Colombia el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. Se reunirá con el presidente Uribe, participará en una rueda de negocios y viajará a Leticia a celebrar el 20 de Julio. La agenda es “riquísima”. 

Cada semana que pasa se confirma  el evidente e importante papel que cumple Brasil dentro del escenario político regional. Sólo en los últimos seis meses, este país fue el anfitrión de la reunión  de Unasur, en Brasilia; impulsó la propuesta de creación de un consejo suramericano de defensa; ha emprendido una campaña de mundial para proteger el desarrollo de los biocombustibles; fue uno de los dos invitados latinoamericanos a la Cumbre del G8, en Japón -el otro fue México-; y adelanta a marcha rápida la exploración de sus hallazgos petrolíferos, que lo podrían convertir en uno de los diez países con mayor producción del mundo.

En medio de este escenario, llega a Colombia el 18 de julio el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva para asistir como invitado de honor a las celebraciones del 20 de Julio.

El momento de la visita no puede ser más oportuno: las relaciones colombo ecuatorianas siguen fracturadas, las relaciones con Chávez cercano a Lula apenas empiezan a recomponerse tras la visita de Uribe a Venezuela el día de hoy; Colombia, entre tanto, aún se muestra escéptica frente a la creación de un consejo sudamericano de defensa.

“Son tiempos de mucho trabajo”, acepta el embajador brasileño, Valdemar C. Leão, en su oficina en el norte de Bogotá. Allí, el diplomático de profesión y experto en comercio exterior recibió a El Espectador.

 ¿A qué viene el presidente Lula?

El presidente tenía la intención de venir a Colombia en enero, pero su agenda no lo permitió. En mayo, en Brasil, durante la firma de Unasur, el Presidente Uribe lo invitó a las conmemoraciones del 20 de Julio en Leticia. Y el presidente Lula aceptó.

Además de la agenda comercial, ¿qué viene en la agenda política?

Tenemos mucho de qué hablar. Es una agenda riquísima, no sólo en términos bilaterales, sino regionales, donde las cosas todavía no van tan bien como lo desearía Brasil. También habrá que hablar de la reciente creación de Unasur, que es un paso histórico.

A Uribe le suena Unasur, pero no le suena el consejo suramericano de defensa, ¿qué le va a decir Brasil a Colombia en ese sentido?

A nosotros nos parece fundamental que en la región discutamos y comprendamos los planes  de defensa de unos y otros, a ver en qué medida podemos cooperar. Pero para esto se necesita la confianza recíproca, y esta confianza se crea cuando la gente se sienta y habla de sus libros blancos de defensa.

Los  hemos echado de menos en el proceso de distensión de nuestras crisis bilaterales, ¿por qué la lejanía?

No es así. Hay varias maneras de trabajar. Somos amigos de todos y nos molesta una situación de incomprensión. Y claro, buscamos trabajar en diferentes niveles para lograr la reaproximación de estos vecinos.

¿Qué hicieron concretamente?

No puedo decirle.


Hubo llamadas entre los presidentes...

Sí.

 ¿Lograron algún avance?

Estos procesos no salen exactamente como se quiere y el progreso no necesariamente es lineal.

Hace unas semanas, el ex presidente boliviano Jorge Quiroga nos dijo que sentía que el liderazgo regional que debía tener Lula se lo estaba robando Chávez; el domingo, un artículo del ‘New York Times’ propone exactamente lo contrario, ¿por qué asume Lula ese bajo perfil?

No creo que sea bajo. Brasil estuvo al frente de la fundación de Unasur; está al frente de todo un proceso de negociaciones comerciales de integración; está llamando a todos los jefes de Estado a una reunión a fin del año en Salvador de Bahía. ¿Qué otro tipo de iniciativa podría tener el presidente de Brasil además de éstas?

Tal vez posiciones  más contundentes frente a ciertas declaraciones de Chávez...

Brasil tiene diez vecinos y vivimos bien con todos. Siempre es posible encontrar diálogos y puntos de convergencia, y es sobre ellos que tenemos que trabajar. Hay una cooperación muy respetuosa entre Venezuela y Brasil, y sería mal confundir lo que es una opción ideológica y un estilo de gobierno con lo que deben ser las relaciones internacionales.

Tras el rescate de Íngrid Betancourt, ¿cómo se piensa hoy Brasil ante el profundo escepticismo que se vive en Colombia frente a los mediadores internacionales?

Nosotros nunca nos metemos en este tema sin una consulta con el gobierno. Así lo hemos hecho en los ofrecimientos que se hicieron y que se siguen haciendo: Brasil está a disposición de Colombia para ayudar.

Más allá de esa disposición, ¿tiene Brasil alguna idea de cómo lograr la liberación de los secuestrados o el acercamiento del Gobierno con las Farc?

Queremos paz en Colombia, y si un día Colombia piensa que podemos ayudar, ahí estaremos...

 

 

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