Bush les dice adiós a los cuatro amigos

Europa despide hoy al presidente, quien deja claro quién es el nuevo enemigo: Irán.

Aunque el mundo está hoy más pendiente de quiénes serán las fórmulas vicepresidenciales de los candidatos norteamericanos  Barack Obama y John McCain; el  presidente George Bush terminó su última gira europea con los ojos del planeta  sobre él.

Para bien o para mal, su gira, que termina hoy después de desayunar con su tradicional aliado, el ex primer ministro británico Tony Blair, deja enunciados los dos rieles sobre los cuales el futuro presidente de Estados Unidos –sea republicano o demócrata–, pondrá a andar el  tren de su política exterior.

 El primero, son  sus aliados. Con fuertes y jóvenes gobiernos en Italia, Francia y Alemania, más el nexo tradicional con los laboristas en Inglaterra, Bush dejó claro, en su discurso el sábado tras su reunión con el presidente francés, Nicolás Sarkozy, que sus respectivos mandatarios, “Berlusconi y Sarkozy y   Merkel y Brown son la muestra de una Europa poderosa y determinada” para trabajar de la mano con los Estados Unidos.

 Trabajo en equipo cuyos objetivos,  se encargó de enunciar durante toda la semana. Ayer, en vísperas de una cena  con el  primer ministro británico, Gordon Brown –cuya popularidad anda alicaída en las últimas semanas–, Bush le sugirió al líder del laborismo   que reconsiderara el retiro de las tropas británicas de Irak, anunciado por el premier para el final de año. Entrevista por  el diario británico The Observer, Bush dijo que “no debería haber un cronograma definitivo para la retirada de tropas de este país”. Sostuvo, además   que la historia lo recordará, “al menos”,  porque “liberó a 50 millones de personas de las garras de regímenes bárbaros”.

Pero si Irak será la preocupación de Inglaterra, los ojos de los cuatro amigos mirarán desde ahora hacia la desafiante Teherán, contra la que Bush pidió un fortalecimiento de las sanciones, y una “diplomacia con consecuencias” frente a la negativa iraní de suspender su programa de enriquecimiento de uranio.

“Queremos dar a la vía diplomática una oportunidad para funcionar, pero es una cuestión que debemos resolver y si Teherán no accede, habrá que aplicar nuevas sanciones”, dijo en Alemania Ángela Merkel, tras su reunión con Bush la semana pasada. Sarkozy, menos severo, también se refirió el sábado a Irán como un “gran problema”.

Con el despegue de Bush hoy de Gran Bretaña, empieza un nuevo capítulo de la política exterior norteamericana, que él mismo definió esta semana como “una lucha ideológica, donde la libertad debe ganar sobre el odio”. De los resultados de las próximas elecciones en Estados Unidos dependerá que este tren siga su misma marcha o cambie de rumbo.

 

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