La conexión Oaxaca

<b>El Espectador </b>estuvo en el estado que es  paso obligado de la droga colombiana que sale del puerto de Buenaventura. Lugartenientes de los jefes ‘paras’ son los principales socios de los carteles mexicanos.

Aunque las autoridades mexicanas se declaren perplejas por el minisumergible cargado con 5,8 toneladas de cocaína colombiana incautado esta semana en las costas del estado de Oaxaca, esta modalidad es utilizada por los narcos colombianos desde 1995. Uno de los primeros en usarla fue Jorge Eliécer, alias el Negro Asprilla, dueño durante varios años de la ruta de droga por el Pacífico hacia las costas de México, quien purga una pena de 30 años de cárcel en Estados Unidos.

El Negro Asprilla controlaba el puerto de Buenaventura y les transportaba los cargamentos de cocaína hacia México a Víctor Patiño; Juan Carlos Ramírez, alias Chupeta; Carlos Alberto Rentería; Miguel Solano; Fernando Henao; Arcángel Henao, alias El Mocho; Diego Montoya; a los poderosos jefes de las Autodefensas y algunos frentes de las Farc.

La droga llegaba a la zona costera sobre el Pacífico: Ixtapa, Xihuatanejo y Acapulco, en el estado de Guerrero y con mucha frecuencia a Puerto Escondido y Huatulco, en el estado de Oaxaca. Esta zona era —y aún lo es— uno de los puntos privilegiados por la geografía para recibir los embarques que llegan por lanchas rápidas o que son bombardeadas desde aviones para luego ser recogidas y trasladadas al norte del país.

En Oaxaca está el punto más angosto de continente, el Itsmo de Tehuantepec, lo cual facilita el transporte de la mercancía al Atlántico para llegar a Tamaulipas, en la frontera con Estados Unidos. El otro destino de la droga puede ser el transporte por tierra hasta otros estados fronterizos como Nuevo León, Chihuahua, Coahuila o Sonora, donde una frontera porosa sin control permite el paso al vecino del norte (ver mapa).

De la calma a la zozobra

A pesar de ser paso obligado de la droga, hasta hace poco, el estado de Oaxaca vivía una relativa calma en medio de la más fuerte oleada de violencia desatada por los carteles del narcotráfico mexicanos, que deja más de 500 agentes federales asesinados. Hace unos meses esta región del país, una de las más pobres y excluidas, con mayoría de población indígena y con una riqueza cultural reconocida mundialmente, empezó a ser azotada por los asesinatos, el secuestro y “los levantones” (secuestros a los distribuidores de droga para obligarlos a plegarse a una organización criminal).

El Espectador estuvo en Oaxaca, capital del estado, y pudo palpar el miedo que respiran sus pobladores. Todavía se hablaba con repudio del asesinato de dos comandantes de policía que sucedió a plena luz del día, en marzo. Y aún no salen de su


asombro con el último hecho de terror: una cabeza humana y una nota firmada por el cartel del Golfo, amenazando a tres funcionarios, fueron halladas cerca de la casa del procurador general del estado, Evencio Martínez, hace dos semanas. “Este es un ejemplo para que aprendan a respetar, que aquí andamos y no nos vamos”, decía el cartón.

Ni los funcionarios públicos ni los periodistas ni los pobladores hablan del tema. Cuentan las historias de los robos y extorsiones como hechos anecdóticos, pero no se atreven a señalar culpables. “Es el narco, es el narco”, dicen de manera general. Sólo con la promesa de guardar el anonimato se logra conseguir algo de información.

Así nos enteramos de que la tranquilidad de antaño se debía a que la narcoactividad estaba controlada por una sola persona: Pedro Díaz Parada, oriundo de Oaxaca, quien se erigió durante 30 años como el dueño del negocio. Sin ser uno de los grandes capos a nivel nacional, controlaba la zona suroeste extendiendo sus dominios hasta Chiapas, Veracruz, Puebla, Guerrero y Quintana Roo, y negociaba con los demás carteles mexicanos.

Díaz Parada llegó a permear y corromper todas las estructuras de poder de la región, al punto que hasta el día de su captura, en enero de 2007, tenía su oficina en el centro histórico de la ciudad (a una cuadra del edificio municipal) y caminaba por sus calles empedradas sin escoltas ni aspavientos. Se ufanaba de sus obras sociales, como la construcción de carreteras, escuelas, campos deportivos y de imponer justicia, castigando a los hombres que maltrataban a sus mujeres.

La captura llevó a que otras estructuras más poderosas y sangrientas como Los Zetas, El cartel del Golfo y cartel de Sinaloa, empezaran a disputarse el control. El enfrentamiento coincidió con la ofensiva contra los narcos emprendida por el gobierno de Felipe Calderón, que ha obligado a los capos a desplazarse a otras zonas como el sur del país.

El resultado es el aumento de los secuestros (van 300 este año), asesinatos y otras manifestaciones violentas que antes eran propias de estados como Sinaloa (donde van 190 personas asesinadas en dos meses), Chihuahua (más de 100 asesinatos este año), Baja California y Durango, donde ya se observan estructuras definidas, armadas con fusiles R-15, lanzagranadas y todo tipo de armas pesadas.

La conexión

En Colombia, con el cartel del norte del Valle desintegrado, con 15 jefes ‘paras’ presos en Estados Unidos y con una ofensiva contra las Farc, la situación también ha cambiado. Hoy los dueños de las rutas y del negocio son otros.

Uno de los capos visibles era Carlos Mario Aguilar, alias Rogelio, trabajador de Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, quien


controlaba la oficina de Envigado y lideraba el grupo conocido como Los Paisas, que libraba una guerra contra Daniel Rendón Herrera, alias Don Mario. Pero Rogelio, hermano de la famosa fiscal de hierro Cruz Helena Aguilar, que persiguió a Pablo Escobar, se acaba de entregar a la justicia de Estados Unidos.

De tal forma que las principales rutas a México siguen estando en manos de personas de tercer nivel que trabajan para los jefes paramilitares, como alias Valenciano, lugarteniente de Rogelio; alias Monoteto, fiel servidor de Macaco; alias Scuby, quien trabaja para los jefes ‘paras’ que están recluidos en Itagüí; alias El Ñato, miembro del bloque Mineros y alias Botija. Los socios en México de estos nuevos jefes serían los hermanos Beltrán Leyva, quienes están aliados con Los Zetas (la más sangrienta organización creada por ex policías).

Otros que siguen con el negocio son Don Mario; Diego Pérez Henao, alias Diego Rastrojo; Daniel, El loco Barrera; Luis Enrique Calle, alias Combatiente; Ramón Quintero; alias Moacho, quienes por el Pacífico envían droga a sus socios mexicanos Nacho Coronel, Vicente Carrillo y Joaquín El Chapo Guzmán.

De Colombia para México

Analistas y autoridades mexicanas tienden a comparar la actual situación de su país con la realidad colombiana. Buscan coincidencias con la época del narcoterrorismo y un capo para contraponerle al célebre Pablo Escobar. Pero más allá de lo circunstancial, el gobierno de Felipe Calderón lanzó una ofensiva militar y policial que deja como resultado la incautación de 272 toneladas de coca y de 224 millones de dólares en lo que va del año. Incluso está buscando aplicar algunas medidas parecidas a las implantadas en Colombia. Desde finales del año pasado, el general (r) de la Policía Luis Enrique Montenegro Rinco, viene asesorando al ministro de Seguridad Pública, Genaro García. En México ya están estudiando la creación del Bloque de Búsqueda, de la policía judicial, del pago de recompensas y una mejor dotación a los diferentes rangos de policías que existen en el país.

Un estado de contrastes

Oaxaca es uno de los estados con mayores índices de pobreza y analfabetismo, pero los extranjeros buscan en las playas de Huatulco la tranquilidad que no encuentran en Acapulco y Cancún. La capital se levanta en un valle que guarda las tradiciones ancestrales. Allí se fabrica el mejor mezcal, se hacen los alebrijes (tallas en madera ), artesanías en barro negro y se disfruta la mejor comida típica. Más de la mitad de la población es indígena y de los 570 municipios, 412 se rigen por los usos y costumbres.

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