Cuando los amigos se van...

Heriberto García y Flor Marina Sandoval representaban buena parte de la historia reciente del cine colombiano. La pareja colombiana falleció el lunes pasado en un incendio que consumió su apartamento en Queens. El hijo mayor, que no estaba en el apartamento el día de la tragedia, pide ayuda.

La noticia nos estremeció frente al televisor el pasado 16 de junio: muere pareja de colombianos y su hijo menor en incendio en Nueva York. 

Pese a no conocer a la familia, era inevitable sobrecogerse con el amargo final de la aventura, tantas veces recreada en el cine y la literatura, de los emigrantes tras el sueño americano. Según decían los medios, luego de muchos sacrificios, hacía pocos días el matrimonio con dos de sus hijos se había instalado en un apartamento en Queens, donde por fin vivirían con un poco de holgura.

Con esa sencilla reseña podíamos imaginar el resto: la búsqueda de cualquier trabajo, las extenuantes jornadas laborales, la dificultad con el idioma, la ilusión de ver llegar, uno a uno, a los integrantes de la familia, el giro en dólares con destino a Colombia, y quizás el anhelo de regresar al país. Conocíamos de memoria el guión de desdichas que siguen muchos emigrantes y nos dolía saber la repetición de la tragedia.

Pero lo peor estaba por saberse. El lunes nos enteramos que la familia fallecida la integraban Heriberto García, “quien trabajaba como mesero en un restaurante indio junto con sus dos hijos”, su esposa, Flor Marina Sandoval, “quien laboraba en un salón de belleza”, y Felipe, el hijo menor. Así lo registraron los medios en los que se pedía  ayuda para repatriar los cadáveres.

Una pareja de calidad

La historia se nos convirtió en una muy mala película en la que, sin saberlo, el cine nacional era actor de reparto. Porque Heriberto García y Flor Marina Sandoval tienen para muchos cineastas colombianos voz y rostro precisos. Y aunque los espectadores lo ignoren, a ellos les deben gran parte de la calidad de lo que han visto y oído en nuestro cine. Heriberto como sonidista y Flor Marina como maquilladora, se hicieron cargo entre finales de los setenta y el 2000, de registrar el audio, las voces, los chirridos de las puertas y de caracterizar el rostro de los actores para convertirlos en los personajes que otros creábamos para el cine colombiano.

En lo personal no puedo decir, pese a conocerlos desde hace muchos años, que fuéramos íntimos amigos. Pero fuimos algo mucho más importante: cómplices en la aventura que ha sido escribir la atropellada historia del cine nacional. El cine es un trabajo colectivo por excelencia. Por esa razón, conformar un equipo que se comprometa con el sueño de un guionista, un director, un productor, de sacar adelante una película que quién sabe si llegará a recaudar lo mínimo en taquilla, pero que igual podrá conmover a algún espectador en la penumbra de una sala de cine, exige contar con cómplices.

Eso fueron Heriberto y Flor Marina para muchos cineastas colombianos en dos áreas esenciales de la realización cinematográfica, el sonido y el maquillaje.  Al punto que cuando comenzamos a llamarnos, consternados, al descubrir que la tragedia de la pareja colombiana fallecida en Nueva York tocaba, además de sus dolientes naturales —los hijos y demás familiares—, el corazón del cine colombiano, fue sencillo reconstruir algo de su historia.


Lisandro Duque, director de los largometrajes El Escarabajo y Milagro en Roma , en los que Heriberto fue sonidista y Flor Marina maquilladora, recordó a Heriberto como un hombre que se comprometía con los proyectos por un imperativo de orden estético y personal. Contó que para doblar la voz del protagonista de El Escarabajo, un actor mexicano, se internaron junto con Alvarito Rodríguez, durante ocho días en un silencioso lugar de La Calera. Allí se dieron a la tarea de hacer el doblaje de una manera desconocida para Lisandro y para cualquier director: sin ver en una pantalla las imágenes de lo que se iba a doblar y, además, sin que Heriberto cobrara un peso por esa semana de trabajo adicional.

Pero la aparición del matrimonio en el cine comenzó mucho antes de esa anécdota. Según Diego Rojas, estudioso del cine nacional, “Flor Marina y Heriberto protagonizaron, desde su ámbito profesional cada uno, por lo menos treinta años de la reciente y azarosa historia de nuestro cine. Desde las épocas remotas de los cortometrajes llamados de ‘sobreprecio’, años setenta a mediados de los ochenta, la era Focine, con sus dimes y diretes, y el cambio de siglo, con los embates tecnológicos y el empuje arrollador de los nuevos cineastas. Heriberto también aparece con créditos de dirección y de jefe de producción en épocas remotas. Ah, y en El Drácula  de Camila estuvo Flor Marina”.

Así es, ambos trabajaron con Camila Loboguerrero en el corto Por qué se esconde Drácula. Y antes, explica Camila, “en 1976 trabajé con Heriberto en la película Los Herederos de la Tierra, de Manuel Franco. Yo era asistente de dirección y me acuerdo que en mitad del rodaje (en la laguna de Fúquene) a Heriberto se le acabó la cinta virgen de sonido. El se fue a media noche hasta Chiquinquirá y en una emisora consiguió cinta reciclada. Era lleno de energía, feliz y sonriente siempre”. Desde entonces la presencia silenciosa, discreta, como debe ser la de los sonidistas, de Heriberto detrás de la consola de sonido, con los audífonos puestos, y de Flor Marina, pincel en mano, lista a corregir un detalle en el rostro del actor, se volvió imprescindible en cualquier rodaje.

El pasado y el presente

En Barichara, Santander, los registra la memoria de Humberto Dorado, quien, además, hizo llegar un mensaje de Sergio Cabrera que no requiere introducción: “Con profundo dolor me he enterado de la muerte de Heriberto y Flor Marina y de su hijo, no tenía idea del suceso y aún no termino de recuperarme porque Heriberto y Flor Marina fueron en innumerables ocasiones compañeros de trabajo, desde que empecé a trabajar como director de fotografía. Posteriormente me acompañaron en casi todas mis películas cuando empecé a dirigir. Los dos eran personas muy especiales y sensibles y trabajar con ellos siempre fue un placer. Como director de fotografía trabajé con ellos en películas de Francisco Norden, especialmente en un documental sobre Cerro Matoso en que Heriberto grabó sonido durante un par de años. Técnicas de duelo, La estrategia del caracol, Águilas no cazan moscas, fueron películas en las que trabajaron juntos, y ya por separado Flor Marina en Ilona llega con la lluvia y Heriberto en Golpe de estadio”.

Flor Marina y Heriberto, como pocos, hicieron parte del pasado y presente de un cine que a lo largo del siglo XX encaró una


aguerrida lucha para instalar las bases de la industria cinematográfica colombiana. Por eso la lista de películas en la que ambos, o uno de los dos trabajó, es enorme. Incluye títulos como El Doble, de José María Arzuaga, Esperanza, de Maddy Samper, varias películas de Gustavo Nieto Roa, capítulos de Yurupary, dirigidos por Gloria Triana, mediometrajes como Derechos reservados y De vida o muerte, de Jaime Osorio. Al lado de Jaime Osorio, Flor Marina participó en su película Sin Amparo y en  María llena eres de gracia, de Joshua  Marston.

Catalina Bridge, productora ejecutiva de la película Amar y vivir, de Carlos Duplat, en la que también trabajaron, cuenta que, luego, durante el casting de Betty la fea: “Llamamos a Flor Marina para trabajar en RCN. Sin haber aceptado aún, nos maquilló las actrices que presentaron el casting para Betty, entre ellas Ana María Orozco, quien se ganó el personaje. Flor Marina no aceptó el trabajo. No le gustaba la televisión ni comprometerse a largo plazo, pero cuando se diseñó el personaje de Betty se tomaron muchos elementos de los que Flor Marina había planteado en el casting”.

Otro tanto hicieron junto a directores como Felipe Aljure, quien comparte la tristeza que nos embarga y la necesidad de escribir sobre su obra contando que “Heriberto trabajó en La gente de la universal haciendo las últimas dos semanas de sonido directo, cuando los sonidistas búlgaros se devolvieron a Sofía. Además hizo grabaciones adicionales en posproducción. Con Flor Marina trabajé en La misión, ella estaba en el departamento de maquillaje”.

Sin embargo, Heriberto y Flor Marina sintieron el apremio de ir tras el sueño americano. Sus motivos son personales y por tanto merecen el mayor respeto. Pero no está de más, para esta cinematografía, conmovida por su penosa ausencia, y para un país del que a diario emigran tantos ciudadanos, preguntarnos ¿por qué?

Para sus hijos, Alejandro, Adriana y Daniel, en la solidaridad del afecto.

* Cineasta

La trágica noticia

Alejandro García, el hijo de la familia que quedó con vida, sigue en su intento por recaudar los fondos necesarios para poder trasladar el cuerpo de sus padres. Pese a la ayuda de muchas personas, todavía no han logrado reunir todo, pues el transporte de los cadáveres cuesta entre US$12.000 y 15.000.

Según las primeras investigaciones de la policía de Nueva York, todo apunta a que el incendio fue ocasionado por una pareja de ecuatorianos que vivía en el segundo piso de la casa. “El hombre (que murió en el hospital) trabajaba limpiando alfombras, al parecer empezó una discusión con su pareja, que se encuentra en grave estado, y se arrojaron algunas sustancias inflamables que el hombre utilizaba en su trabajo”, explicó la policía.

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