De chofer a criminal de guerra

Salim Ahmed Hamdan vestía una tradicional túnica blanca con un turbante cuando en 1997 la vida le cambió. Por fin conseguía un empleo para mantener su familia.

Por un salario de 200 dólares mensuales tenía que conducir una camioneta Toyota a donde su patrón deseara. Con el tiempo se dio cuenta de que lo único malo del trabajo era justamente su jefe, la cabeza de la organización terrorista más combatida por Estados Unidos: al-Qaeda.

Del modo como se ganó la vida fue capturado. En noviembre de 2001, durante la guerra de Estados Unidos en Afganistán, un comando lo arrestó mientras transportaba a una familia. Según las autoridades , en su carro llevaba varios misiles tierra-aire que serían entregados a milicianos de al-Quaeda. La versión de Hamdan es contraria. Declara que cuando fue capturado por los soldados, llevaba a una mujer y su hija. Ambas querían escapar de la cruda guerra en el país y hacer una nueva vida en Pakistán.

Durante su detención inicial, Hamdan dijo ser víctima de humillación sexual por una interrogadora, y mientras ha estado en Guantánamo dice que lo han privado del sueño, golpeado y confinado en espacios reducidos.

Los delitos de los que se le acusa son conspiración y terrorismo, que por su arresto en una polémica condición de “combatiente enemigo” lo tienen hoy ante tribunales militares por crímenes de guerra, que lo llevarían a pasar el resto de su vida en una cárcel estadounidense.

En la última visita a los tribunales no hubo ni túnica ni turbante. Igual que su vida, el tradicional vestuario fue sustituido por el uniforme de los presos en Guantánamo, de donde espera salir y demostrar que no es un criminal de guerra ante un polémico tribunal donde jueces, fiscales y sus abogados son militares americanos.

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