El desembarque de Lula

Este viernes llega a Colombia el presidente de Brasil. El tema comercial: una característica de la actual política exterior brasileña.

La semana pasada, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, posó para una foto. La imagen lo muestra junto al general vietnamita Vo Nguyen Giap, de 96 años, la leyenda comunista que derrotó a los invasores franceses y estadounidenses en el siglo pasado. Acto seguido, Lula declaró: “No podía partir de Vietnam sin visitarlo. Me sentí muy emocionado”.

Al otro lado del mundo, la prensa latinoamericana se preparaba para cubrir la reunión entre los presidentes de Colombia y Venezuela, después de meses de insultos y crisis en las relaciones binacionales. El viaje de Lula por el sureste asiático pasó desapercibido, y aún más los acuerdos de cooperación que firmó con los gobiernos de Vietnam, Indonesia y Timor Oriental.

A pesar de su bajo perfil mediático, las cifras favorecen a Lula. Una encuesta reciente de Ibope reveló que la aprobación de los brasileños a la gestión del Mandatario es de 73%, un porcentaje alto si se tiene en cuenta los múltiples escándalos de corrupción que han condenado a miembros de su Gabinete. “Algunos de sus ministros tuvieron que renunciar, pero eso no lo ha afectado”, opina la analista uruguaya Laura Gil.

Estos números se trasladan al campo económico. Las inversiones netas en el extranjero alcanzaron en mayo un acumulado histórico, en 12 meses, de US$38.000 millones; por otra parte, las reservas internacionales alcanzaron a principios de este mes los US$203.000 millones, superando ampliamente la deuda externa del país (US$16.000 millones) lo que, de paso, lo


convierte en prestamista a nivel mundial. El único lunar en la economía carioca por estos días es la inflación: las proyecciones oficiales la sitúan en 6,48% al término de este año.

Los balances en materia social también son positivos. Durante sus años al frente del Ejecutivo brasileño, la tasa de mortalidad infantil se ubicó en 26,6%, cuando la había recibido en 69%; gracias al programa ‘Universidad para Todos’, las instituciones federales ofrecen unos 122.000 cupos gratuitos cada año; las cifras de empleo han aumentado, creándose un millón de plazas en los cinco primeros meses de 2008.

“Nosotros, que solíamos vivir en un país con crecimiento cero e inflación del 80% al mes, diríamos que este momento que vivimos es casi llegar al paraíso. Con poco más estaremos allí”, declaró Lula días atrás.

Sin embargo, algo que desconcierta a los expertos es su papel a nivel de Latinoamérica. Siendo el Jefe de Estado de la principal economía de la región, su liderazgo en los medios de comunicación es mínimo si se compara con la imagen del presidente venezolano Hugo Chávez. “Representa a una izquierda madura, muy reservada en los pronunciamientos de la política internacional”, dice Gil.

El académico Álvaro Tirado Mejía es escéptico sobre el protagonismo de Chávez. “Tiene problemas internos sumamente graves, la economía está casi en bancarrota y la inflación es muy elevada”, sostiene, mientras considera que el brasileño “es un hombre serio”.

Uno de los puntos fuertes de Lula es el pragmatismo con que maneja las relaciones internacionales de su país: en lugar de condenar las decisiones de los vecinos ante las cámaras, prefiere el diálogo para solucionar diferencias. “Ojalá esta izquierda pragmática tuviera más protagonismo. Así no se polarizaría tanto la región”, comenta Gil.


Generalmente, cada reunión termina con la firma de un acuerdo en materia comercial, política o de cooperación.

Invitado de honor

En mayo pasado, durante la firma de la Constitución de Unasur, el presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, le hizo una invitación especial a su similar brasileño: asistir a  las celebraciones de la independencia colombiana. Lula aceptó, y las cancillerías comenzaron a trabajar en la agenda común.

“Hay tres objetivos fundamentales en esta visita: impulsar el comercio, la inversión y el turismo entre ambos países; firmar acuerdos y memorandos de entendimiento entre las naciones, y estrechar, todavía más, las relaciones políticas binacionales”, revela el embajador colombiano en Brasil, Tony Jozame.

No es una sorpresa que el tema económico sea el eje central del viaje de Lula. El año pasado, el comercio entre ambas naciones favoreció a los cariocas: Colombia compró US$2.393 millones, y vendió US$471 millones. Ese déficit de US$1.922 millones obedece, según Tirado Mejía, a la política exterior de Bogotá: “Últimamente, los embajadores se han dedicado a predicar”.

Para Jozame, el saldo negativo tiene una explicación práctica. “Ese desequilibrio es muy común entre Brasil y los países suramericanos”, dice.

Las exportaciones brasileñas a América Latina durante 2007 correspondieron al 22,6%, mientras la Unión Europea recibe una cuarta parte de sus ventas. En las economías emergentes del sureste asiático, la participación carioca es pequeña, algo que Lula quiere remediar, y de ahí los tratados firmados la semana pasada.

La estrategia colombiana es clara. “La única manera de compensar el déficit comercial es incrementar sustancialmente las inversiones brasileñas en Colombia”, indica el Embajador.

Por lo pronto, el Gobierno colombiano espera que con la visita de Lula se fortalezcan los lazos políticos y de cooperación con Brasil. El tema económico, por supuesto, es a otro precio.

La agenda de Lula

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva llegará hoy a Colombia, acompañado por al menos 80 empresarios brasileños.  El sábado se reunirá con su homólogo colombiano, Álvaro Uribe Vélez, con quien hablará de la consolidación de Unasur y la creación del Consejo de Defensa Suramericano; ese día se llevará a cabo, en el Hotel Tequendama, una rueda de negocios. El domingo, Día de la Independencia colombiana, asistirá a los festejos junto a Uribe y el mandatario peruano, Alan García, en Leticia, Amazonas. “Allí se firmará un acuerdo tripartito”, confirmó el embajador colombiano en Brasil, Tony Jozame.

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