Las elecciones del miedo

Hace dos meses, Morgan Tsvangirai era el futuro presidente de Zimbabue. Pero la violencia y el temor tienen hoy a la oposición del país lejos de este legítimo escenario.

Adam Ashforth 

Investigador del Centro para el Estudio Afroamericano y los Estudios Africanos de la Universidad de Michigan. Es autor del libro ‘Witchraft, violence and democracy in South Africa’, de la Editorial de la Universidad de Chicago y ha sido becario de las fundación Guggenheim y MacArthur.

Robert Mugabe llegó al poder en 1980, tras la independencia de Zimbabue de Gran Bretaña. Desde entonces, el país se ha aislado gradualmente del resto del mundo, en la medida que Mugabe ha diseñado una política económica desastrosa y ha erosionado los derechos civiles. El principal partido político de oposición, el Movimiento para el Cambio Democrático (MCD), ganó las elecciones de marzo, pero el régimen demandó una segunda vuelta, argumentando que la diferencia de votos no daba el suficiente margen de victoria.

 El domingo, excusándose en los altos niveles de violencia contra miembros del MCD y sus partidarios, el líder de la oposición, Morgan Tsvangirai, se retiró de las elecciones. El Espectador habló con Adam Ashforth, profesor y experto en politica del sur de África

¿Cómo ha logrado Mugabe mantener su poder por tanto tiempo?

Él controla el ejército y recibe apoyo de los antiguos participantes de la Guerra de Independencia. Pero el gran apoyo popular del que gozó hasta hace diez años comenzó a disminuir recientemente.

La oposición se está retirando de las elecciones y se supone que Mugabe va a mantener su puesto, ¿Cuánto tiempo piensa que ese régimen puede mantenerse unido?

Es discutible que ese régimen esté unido ahora, pero creo que el consenso general es que aparentemente tiene a los militares bajo control. Es una posibilidad que  Mugabe contemple su salida, pero muchos miembros de la cúpula militar estarían muy inquietos de terminar en La Haya por cargos de crímenes de guerra.

Su retórica, cosas como “sólo dios me despedirá”, ¿de donde vienen?

Creo que eso viene de la profunda creencia de que él y el partido ZANU-PF son dueños del Estado. Ellos lo crearon y éste les pertenece. El hecho de que la mayoría de la población ya no los apoye es un contratiempo inoportuno.


Frente a la violencia, ¿podríamos pensar en algo distinto a que existe una campaña del Ejército y de aquellos que están en el poder?

No. Pienso que sin duda la campaña de intimidación busca impedir que la gente vaya a las urnas o monitoree  la votación. Además, sospecho que Tsvangirai se dio cuenta ayer de que esa campaña iba a funcionar y Mugabe sería visto como ganador.

El gobierno tiende a ser mesiánico, ¿es un autoengaño o saben qué necesitan para estar en el poder?

Ellos quieren mantenerse en el poder. Es difícil saber cuánto logran capitalizar realmente con esa retórica anticolonial, porque  puede que la mayoría de gente ya no trague entero: han visto al gobierno destrozar la economía y el país. No les importa el colonialismo. Pero para algunos en el Gobierno,  todavía tiene algo de valor político.

¿Veremos a Sudáfrica presionar más a Zimbabue?

Lo dudo. Algo se deberá hacer, pero Thabo Mbeki, presidente de Sudáfrica,  no ha mostrado las ganas de  hacer algo. Además, es difícil saber qué tipo de presión puede ser ejercida. Sudáfrica puede, por ejemplo, aislar al país completamente –ya que Zimbabue depende mucho de Sudáfrica–. Pero eso castigaría a toda la población, y los sudafricanos no han llegado a ese punto. Creo que Mbeki tiene un respeto sincero y un afecto por Mugabe. El Congreso Nacional Africano (CNA) ya toleró otros robos de elecciones de Mugabe.

¿Piensa que más presión internacional  podría cambiar algo?

Lo dudo, y no veo qué podrían hacer. Tienen sanciones específicas contra Mugabe y 130 personas de su círculo de poder. Las opciones son muy limitadas. Ese país está tan desordenado, que las sanciones comerciales no van a hacer mucho. El mundo puede bramar, pero poco puede hacerse.

¿Hay alguna esperanza para Zimbabue en el futuro próximo, en cuanto a salir de ese desorden?

No, creo que va a empeorar mucho antes que mejorar. El verdadero problema es que el liderazgo militar está afianzado y perderá todo si sale del poder. Entonces, la mejor salida radica en lograr un tipo de gobierno negociado y bipartidista, del tipo ‘unidad nacional’, que le dé inmunidad a Mugabe y al liderazgo militar, y traiga gente nueva al gobierno. Pero hasta eso parece mucho pedir a estas alturas.