El mundo según Google

A meses de cumplir 10 años, ha transformado al mundo. Pero algunos se   preguntan si su poder, como su nombre, es ya   “inimaginable”.

A mediados de mayo, en Hertfordshire, Inglaterra, frente a los asistentes a la conferencia Zeitgeist Europa, organizada por el gigante de las búsquedas en internet, Google, la Reina Rania de Jordania abrió su discurso con una anécdota.

“¿Saben?”, dijo la Reina, “me puse a buscar a Jordania en internet (‘googlear’ para los cibernautas), y obtuve 184 millones búsquedas; luego ‘googlié’ a Gran Bretaña y obtuve 358 millones; para Estados Unidos resultaron 795 millones. Pero luego “googlié” Google y encontré...”, dijo Rania abriendo los ojos y espaciando las sílabas: “...1.900 millones de búsquedas”. Sonriendo, la Reina concluyó: “Y ustedes todavía se preguntan ¿quién es el dueño del mundo?”.

Simultáneamente, como si escuchara a distancia la Reina, el director del Instituto para los Sistemas de Información y Medios Computarizados de la Universidad Tecnológica de Granz, Austria, el profesor Hermann Maurer, redactaba un informe que está próximo a presentar ante la Comisión Europea. El reporte, basado en investigaciones de su Instituto, y enviado por el profesor a El Espectador, lleva un sugestivo título: “La Comisión Europea debe dividir o cambiar a Google”.

¿Qué ha hecho esta empresa norteamericana para crear este tipo de sugerencias? Para algunos, mucho: se ha convertido en el amo y señor de la información global. Para otros, nada: sólo ha sabido hacer bien su negocio.

El miedo europeo

1.500 millones de personas acceden hoy a internet, según los ratings de Nielsen. Esto, según lo expresó el ejecutivo de Google Eric Schmidt en el pasado Zeitgeist, “significa que sólo un cuarto de la población está penetrada”. Según Schmidt, la compañía aspira a contar en los próximos años con la llegada de mil millones de usuarios a la red.

Pero una cosa es el ingreso de usuarios a la red, y otra el ingreso de usuarios a una red donde Google controla el 62% de las búsquedas de información, y su gran competidor (Yahoo), un 12%. Esto es lo que comienza a preguntarse Europa.

Google no sólo se ha convertido en el mejor buscador de sitios web en el mundo, sino en el mejor sistematizador de información global. Tras la compra de más de 50 compañías, hoy organiza libros (google books); artículos académicos (google scholar); lugares geográficos (google earth); redes sociales (orkut); videos (YouTube), imágenes, constelaciones, planos submarinos, noticias, entre otros.

Los investigadores en Granz sostienen que tanto poder “pone en riesgo a nuestra sociedad”. Google, dicen, podría llegar a manipular el orden en que se exhiben los resultados de una búsqueda, dándoles prioridad a ciertas páginas en lugar de otras. Pero también se preocupan por las formas en las que almacena información de sus usuarios.

Google siempre ha afirmado que su manera de priorizar enlaces relevantes es puramente matemática. Pero acepta que, para  ubicar a los potenciales clientes de sus anunciantes, Google crea perfiles. Cada vez que una persona realiza una


búsqueda, una “cookie” o pequeña huellita es depositada en la computadora, que registra el tipo de búsqueda que realizó el usuario.

Muchos periodistas, al igual que la portada de febrero de 2006 de Time Magazine, se preguntan: “¿si podemos confiar a Google nuestros secretos?” De la empresa han respondido que sí, que Google piensa primero en los usuarios y que la utilización de la información busca garantizarles mejores resultados en su búsqueda. “La privacidad es una bomba atómica”, le dijo un ejecutivo de Google al periodista Ken Auletta, de The New Yorker, “nuestro éxito está basado en la confianza”.

La cosa política

Al ser el más grande jugador en el control de la información virtual, Google se convirtió en una piedra en el zapato de muchos sectores. Lo tildan de monopolista, le temen al poder de manipulación de las búsquedas y se preguntan qué pasaría si la información que recolecta de sus usuarios cayera en manos extrañas; una agencia de inteligencia, por ejemplo; un gobierno autoritario o, como sugieren los investigadores de Granz, un especulador que utilice esta información a favor suyo en los mercados bursátiles.

Un par de incidentes han puesto a muchos a pensar. En enero de 2006 el gobierno de Estados Unidos demandó que Google y otros buscadores entregaran millones de récords de búsquedas para recolectar evidencia fundamental para la Ley de Protección al Menor, que buscaba erradicar de internet páginas pornográficas. Google se negó y ganó la batalla. Y aunque demostró su independencia, alarmó al mundo entero. “La gran noticia no es que la administración (Bush) quiere récords más confidenciales.

La revelación es que cada una de las búsquedas que usted ha hecho en su vida –absolutamente todas— están guardadas en una base de datos, en algún lugar”, escribió para Slate Tim Wu, experto en legislación para la red, de la Universidad de Columbia.

Casi simultáneamente, Google entró al mercado chino, segundo mercado mundial de internet y que, según los ratings de Nielsen, cuenta con 162 millones de usuarios. Al hacerlo, aceptó censurar ciertas páginas, como condición del gobierno comunista, evitando que, por ejemplo, sus usuarios, al buscar “Tiananmen”, encontraran información sobre la masacre perpetrada en este sitio en el 89.

Defensores y detractores le salieron al gigante buscador. Para algunos, Google era sólo una empresa que debía hacer negocios, y eso estaba haciendo, como escribió un analista de Time Magazine. Para otros, demostraba el poder de censura del buscador.

Poco a poco, Larry Page y Sergei Brin, dueños de la compañía, se dieron cuenta de que ya era hora de entrar en política. En junio de 2006, según reportó The Washington Post, Brin viajó a Washington a entrevistarse con algunos políticos. La visita fue


el primer paso para crear un Comité de Acción Política (PAC), que recibió, como todo en Google, un nombre ingenioso: NetPAC.

Desde ese momento su inversión en política se disparó. En 2004, el dinero invertido en cabildeo no superaba los 80 mil dólares. A finales de 2007, el Centro para la Política Responsable registró donaciones de un millón y medio de dólares. Según esta misma organización, Google es la quinta empresa que más ha donado a la campaña de Barack Obama.

Google comprendió el lugar privilegiado que ocupa en el mundo. Y ahora invita a influyentes personajes del planeta Tierra a discutirlo. Por el Google Plex, sus cuarteles generales en California, han pasado desde Noam Chomsky hasta Barack Obama.

Y sólo en el último mes, mientras que Condoleezza Rice daba una charla en sus instalaciones sobre globalización, en California, la Reina Rania de Jordania compartía, en el Zeitgeist Europa, el lanzamiento de su canal virtual en YouTube, y el primer ministro inglés, Gordon Brown, anunciaba una alianza con Google para monitorear los cambios climáticos atmosféricos en todo el mundo.

Algunos sectores no ven esto con buenos ojos. El hecho de que, por ejemplo, el departamento encargado de vincular a nuevos usuarios a la red sea llamado en Google “departamento de Evangelización”, preocupa a intelectuales como la francesa Barbara Cassin, quien en la última Feria del Libro de Buenos Aires lanzó con el Fondo de Cultura Económica su libro Googléame, la segunda misión de Estados Unidos”.

“Es obsceno desplegar intereses económicos y comerciales so capa de una misión de civilización”, afirmó en Buenos Aires la filósofa. Su libro sostiene que el gran buscador, con sus dos lemas “Organizar, y hacer universalmente accesible la información” y “No hagas el daño”, busca enarbolar un ideal de “libertad y democracia universal” que encierra las mismas contradicciones de la cruzada por la libertad y la democracia de George Bush.

Algo similar aparece en el informe que presentará a la Comisión Europea el profesor Maurer, donde se lee que “Google se ha convertido en la potencia que controla y domina la información mundial. Hoy en día, y en los días que vienen, ésta sera una posición que rivalice con la influencia de la fuerza militar”.

Y, sin embargo, Google no es el monstruo invencible que algunos pintan. “Basta con hacer un clic para cambiar de buscador, por ejemplo, Yahoo”, le dijo a El Espectador el ex editor económico y hoy columnista de tecnología del británico The Guardian, Victor Keegan.

Ante esta perspectiva, Maurer pedirá a la Comisión Europea, que los gobiernos promuevan la diversificación de buscadores en el continente. Pero, hoy nadie puede, como Google, “recolectar la información que hay en el mundo y hacerla universalmente accesible”.

“Es finalmente una misión muy noble”, concluye Keegan. “pero, ¿quién podrá  supervisarlos?”.

Del garaje al mundo entero

Dos estudiantes de doctorado de la Universidad de Standford, Larry Page y Sergei Brin, fundaron  Google en septiembre de 1998,  en el garaje de un amigo.  Su nombre se inspira en la palabra googol (un uno seguido por cien ceros conocido como un número “inimaginablemente grande).

En junio de 2000,  se convirtió en el buscador de sitios más grande del mundo, indexando  mil millones de páginas. Hoy, indexa 8 mil millones. A finales de 2000, 100 millones de usuarios consultaban su página; hoy, supera los 380 millones. Y, en términos globales, dominan el  62,4% de las búsquedas , sólo seguido por Yahoo, con el  12,8% .

Una expansión  aparentemente sin competencia integral. “Competimos en búsquedas contra Yahoo, y en publicidad, contra el resto de los medios de comunicación, pero en tecnología, nadie compite contra nosotros”, le dijo a El Espectador, Gonzalo Alonso, director general de Google Hispanoamérica. “Yo  compito es contra la brecha digital”, añadió, “buscar que más gente entre a internet hace que me levante cada mañana”.

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