“Las Farc ya no son lo que eran”

El Subsecretario de Estado para la región, Thomas Shannon, dice que Estados Unidos no descuida a A. Latina. El funcionario de la administración de George W. Bush dice que no sabe si la guerrilla colombiana tenga la organización necesaria para una salida negociada.

El nombre oficial del cargo de Thomas Shannon es Subsecretario de Estado para el hemisferio Occidental. En realidad, él es el jefe de todos los embajadores estadounidenses en América Latina. Y, por supuesto, tiene a su cargo el desarrollo de la política de la Casa Blanca en la región.

En 2005 fue nombrado por el presidente George W. Bush para esta difícil posición, que ha ejercido más bien con discreción, sin generar grandes polémicas (a diferencia de algunos de sus antecesores) a pesar de los terremotos políticos que la ha tocado vivir en estos tres años.

Estuvo en el sur de la Florida, invitado por el Instituto de Política Hemisférica de la Universidad de Miami. Fue muy prudente frente a las últimas declaraciones del presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, en las que pide la liberación sin condiciones de los secuestrados de las Farc y afirma que la guerra de guerrillas pasó a la historia.

Le pareció positiva la posición del Mandatario venezolano, pero, al mismo tiempo, señala el hecho de que, como ha sido demostrado por los computadores de Raúl Reyes, apoya a una guerrilla que quiere derrocar a un gobierno democrático.

En cuanto al populismo, lo considera como la respuesta del electorado cuando fallan los gobiernos y los partidos políticos. A pesar de acusaciones de que Chávez está interviniendo en El Salvador, a favor del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln), ve como positivo que el candidato de esa organización no haya sido comandante guerrillero, ni haya estado comprometido con la violencia en ese país.

Estados Unidos ha sido crítico con la posibilidad de que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, se perpetúe en el poder. Pero, ahora, el mandatario vecino, Álvaro Uribe, al parecer va por el mismo camino. ¿Cómo ven ustedes esa posibilidad?

Pues, para empezar, yo creo que la cuestión es prematura, porque tiene que pasar por una serie de cambios constitucionales. Además, el presidente Uribe no ha indicado su interés de un tercer mandato…

Pero sí sus aliados más cercanos...

Pero él no. Colombia, por sus propias instituciones y sus propios ciudadanos, debe tener un debate interno. Entonces, yo creo que no sería inteligente de mi parte pronunciarme al respecto.

El vicepresidente Francisco Santos dijo que era factible que este año se firmara el Tratado de Libre Comercio, ¿son tan optimistas, dado que Estados Unidos está en un año electoral?

Todo es posible. Es decisión de los líderes del Partido Demócrata en la Cámara si van a permitir una votación o no. Y uno podría imaginarse escenarios en los que esa votación podría ocurrir.

Pero hay unos compromisos de los demócratas con los sindicatos, y  un elemento adicional: en Colombia sigue el asesinato de sindicalistas, de activistas de derechos humanos, de militantes de izquierda...


Eso no le preocupa al Partido Demócrata. El debate dentro de esa organización no tiene nada que ver con Colombia, sino con la propia estructura del partido y el interés que tiene de usar el TLC para lograr otros acuerdos con la administración. Los demócratas, además, han reconocido los grandes logros que ha habido en Colombia en derechos humanos.

El ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, dijo que las tropas habían visto a los tres contratistas norteamericanos bañándose en un río. Eso da a entender que el Gobierno sabe dónde están. ¿Ustedes estarían de acuerdo en un rescate?

Nuestro propósito con los rehenes es, primero, que las Farc los liberen. Segundo, que vuelvan a sus familias sanos y salvos. Y vamos a hacer todo lo posible para lograr su libertad. Pero siempre asegurando sus vidas.

¿EE.UU. sigue compartiendo la idea de que en Colombia no hay un conflicto armado sino una amenaza terrorista que hay que derrotar por la vía militar?

Sin duda hay una amenaza terrorista. El presidente Uribe ha demostrado capacidad para usar la fuerza militar con el fin de promover otras soluciones a este problema. Es el caso de los paramilitares, y el hecho de que aún haya conversaciones con miembros del Eln. Esto demuestra el poder militar que posee Colombia para obligar a estos grupos a sentarse en una mesa de negociación. Creo que históricamente la falta de interés para negociar no ha sido de los gobiernos, sino de las Farc.

El gobierno de Uribe se está jugando la carta de la derrota militar de la subversión, ¿ustedes creen que es posible?

Sin duda. Lo que pasa es que las Farc ya no es el grupo que era antes. Ahora se dedica al narcotráfico, al secuestro. No sé si tenga la organización necesaria para una salida negociada.

¿Es factible una base militar estadounidense en Colombia que reemplace la de Ecuador, en Manta?

Mire, nuestro acuerdo con Ecuador termina en 2009. Todavía hay bastante tiempo para ver qué se puede hacer. Entonces, aún es demasiado temprano para hablar de bases en otros países.

¿Pero al respecto  ha habido conversaciones con el Gobierno colombiano?

No. Cualquier discusión que tengamos con Colombia no tiene nada que ver con ese tema.

Estados Unidos está trabajando ahora con México en la Iniciativa Mérida y uno ve que allá la guerra contra el narcotráfico está siguiendo los mismos pasos de lo vivido por Colombia en los últimos veinte años: ¿esa guerra no está definitivamente perdida, no sólo en términos estratégicos sino sociales, debilita la democracia, pone a las Fuerzas Armadas en tareas que no le corresponden?

Todo lo contrario: esa guerra es necesaria para las democracias. Hay que enfrentar al crimen organizado y a los carteles de traficantes que tienen como objetivo estratégico, para hacer su negocio, debilitar al Estado, corromper a sus funcionarios, a los partidos políticos y tratar de asegurar que los propios ciudadanos no tengan el control de sus comunidades.


Pero en Colombia, por ejemplo, el narcotráfico ha sido la gasolina de la guerrilla, de los paramilitares. El gobierno de Samper, por el Proceso 8.000 y las sanciones de Estados Unidos, se vio enfrentado a un debilitamiento del Ejército que dio el espacio para una ventaja estratégica de la guerrilla. Esa guerra nos ha hecho más vulnerables desde el punto de vista social, político e incluso económico.

¿Está hablando en serio? ¿Qué me está sugiriendo, que no debemos enfrentar ese flagelo, que debemos dejarlo correr como el agua?

Estoy hablando de la alternativa militar, del tema de la oferta y la demanda. A mayor represión, mayor incremento de los precios de la droga.

Para empezar, yo no veo otra alternativa. Estados Unidos no va a legalizar el consumo de drogas. Punto. Eso simplemente no va a ocurrir. Nosotros vamos a hacer todo lo posible para disminuir la demanda, tratar nuestros problemas sociales y de salud pública, pero también la oferta.

¿Qué quiere decir eso en términos de la política exterior?

Los sistemas democráticos tienen que enfrentar a estas organizaciones. Yo no veo cómo dejar de combatirlas. En el momento en que grupos insurgentes como las Farc deciden utilizar las drogas como la forma principal de financiar sus actividades, la lucha contra el narcotráfico adquiere un aspecto diferente. Y en este sentido, el poder militar tiene un papel muy importante. Yo entiendo que en los países se genera un nivel de confrontación muy alto, pero yo no veo manera de evitarlo. Quiero decirle una cosa: para nosotros, la guerra contra el narcotráfico es tan natural como el sol, el cielo, las nubes. Nosotros también estamos pagando un alto precio por ese flagelo: nuestra juventud, el crimen en las calles.

Contradictores y aliados

Argentina, país clave. El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner enfrió las relaciones con Estados Unidos. Sin embargo, Shannon dice que “estamos listos a trabajar. Es un país clave”.

Venezuela, en la mira. Los enfrentamientos con Hugo Chávez son el pan de cada día. Para Washington es una amenaza regional.

Bolivia bajo la lupa. Aunque es bien conocida la influencia de Chávez en el gobierno del altiplano, Estados Unidos ha mantenido una relación calmada con Evo Morales.

Panamá, el otro aliado Martín Torrijos ha mantenido una política de acercamiento con Estados Unidos. “Panamá es nuestro aliado y amigo”, dijo Bush recientemente.

Colombia. mejor amigo El presidente Álvaro Uribe ha sido uno de los mandatarios que más veces se ha reunido con Bush. En la región lo tildan como el “aliado especial” de E.U.

Perú, apoyo firme Desde que Alan García llegó a la Presidencia, estrechó vínculos con Washington. Ha sido uno de los pocos países que ha logrado la aprobación de un Tratado de Libre Comercio con E.U.

 

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