La gran metamorfosis de Beijing

Las ciudades chinas son una mezcla de modernidad e historia. En Shanghai, Guangzhou, Hong Kong y Shenzhen se levantan imponentes edificios, mientras que en Xi’an, Suzhou y Hangzhou el panorama es otro. Eso mismo pasa con Beijing.

Cuando llegué a vivir a Hong Kong, en abril de 2005, la gente decía que había que ir a esta ciudad antes de los Olímpicos, porque después nadie la iba a reconocer. A mediados de ese año viajé a Beijing y aunque nadie hablaba inglés ni español logré recorrer a mis anchas la Ciudad Prohibida. Fue así como llegué a los Huntongs, los barrios más antiguos de todo Beijing, que han estado ahí desde mucho tiempo antes de que existiera la Ciudad Prohibida.

Es ahí donde se desarrolló la ciudad y donde han vivido generaciones tras generaciones de chinos, bajo diferentes formas de gobiernos. En las estrechas e intrincadas calles se podían ver los carteles, donde el partido chino oficializaba las noticias, las mujeres preparando la comida en fogones callejeros. Todos escupían en la calle y los baños públicos eran letrinas muy olorosas y con unas condiciones higiénicas lamentables. Una perfecta inmersión en el siglo pasado.

Hablé con el dueño de una casa, que había sido confiscada en la época de Mao. Vivía con sus padres, unos profesores que como toda la clase intelectual cayeron en desgracia durante la Revolución Cultural. Estuvieron refugiados en Camboya hasta principios de los 80, cuando se les autorizó nuevamente el ingreso al país. Sin embargo, su casa ya no era su casa y llegaron a compartirla con varias familias más. Ésta constaba de un patio central y varios cuartos alrededor, donde tiempo atrás habían dormido cada uno de los hijos. Al volver, toda la familia se tuvo que organizar en un solo cuarto y así vivió por muchos años hasta que, con ocasión de los trabajos de remodelación para los Olímpicos, el Gobierno regresó las propiedades.

En diciembre pasado tuve la oportunidad de volver y sólo en ese momento entendí lo que me habían dicho: ¡La ciudad estaba irreconocible! Y no me refiero únicamente al aspecto visual. Ya la gente hablaba inglés, no escupía, respetaba las filas y, lo mejor, los baños habían avanzado dos siglos. Tenían inodoro para los extranjeros y letrina para los locales. El aroma había disminuido y los habían categorizado con estrellas, como a los hoteles.

Respecto al panorama, no era el mismo que vi hace tres años. Empecemos por la construcción de la Torre de la CCTV (Canal oficial de Tv), desde donde se transmitirán los Juegos Olímpicos al mundo. El edificio es una joya arquitectónica que desafía las leyes de la gravedad, al comunicar los pisos superiores de dos edificios de cristal, dejando un vacío de aproximadamente 800 metros.

También me pareció impresionante el estadio de “Nido de Pájaro”, construido prácticamente al frente de la Ciudad Prohibida. Qué contraste tan marcado y un ejemplo perfecto de lo que es China: una mezcla de tradición y a veces retraso, con la vanguardia del siglo XXI.

Pero no solamente los edificios de espejos contribuyen a esta imagen de la ciudad, sino también la “limpieza” de construcciones antiguas. Los grandes ausentes: los Hutongs, tal vez la mayor muestra de una ciudad en continua evolución.

¿Cómo lo lograron? Beijing ha trabajado desde hace tres años por el sueño de mostrarle al mundo lo poderosa que es y este es el resultado. Lo lograron a costa de sacrificio personal en pro de una causa colectiva. Aun cuando tuvieron jornadas de trabajo agotadoras y algunos perdieron la vida en el camino, todo el pueblo chino está orgulloso de mostrar lo que son capaces de lograr.

 

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