Los Kirchner se quedan solos

La derrota parlamentaria de Cristina Fernández en el conflicto agrario puso en evidencia la soledad del poder. Los Kirchner perdieron la batalla política más importante. ¿Quién manda en Argentina?

Explica el politólogo Luciano Anzelini que en los corrillos políticos de Argentina suele decirse en broma que el peronismo es el único partido del mundo que festeja “el día de la lealtad”, porque en el resto del año lo que impera es la traición.

Así parecen haberlo sentido en la Casa Rosada, tras lo sucedido la semana pasada cuando el vicepresidente Julio Cobos votó en el Senado en contra de la ley de retenciones a las exportaciones del campo, por la que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ha tenido que lidiar con una protesta que ha desestabilizado la nación tanto política como económicamente.

La alianza que formó la entonces candidata con Cobos, miembro del partido radical, opositor al peronismo donde ella militaba, pareció en su momento una hábil jugada en búsqueda de mayores votos para hacerse a la presidencia argentina. Fernández de Kirchner fue la primera mujer en ser elegida para la primera magistratura del país austral y Cobos mantuvo durante los primeros seis meses de gobierno un bajo perfil, siempre apoyando la labor de la presidenta.

Sin embargo, en su papel de presidente del Senado, el pasado 17 de julio, Cobos tomó una decisión que ha revelado las grietas existentes en el interior del gobierno. Fernández de Kirchner había decidido dejar en manos del Congreso la decisión de aprobar el decreto por el cual las exportaciones de soja, girasol y carne, entre otros productos, serían gravadas con impuestos cercanos al 50%.

Según varios analistas consultados por El Espectador la mandataria argentina desestimó las presiones que tenían los legisladores provenientes de las provincias. Por ello, a pesar de contar en el papel con amplias mayorías, el proyecto apenas si fue aprobado en la Cámara de Diputados, y rechazado finalmente en el Senado, donde una serie de senadores aliados al gobierno decidieron votar en contra de la medida.

Un empate de 36 legisladores a favor y 36 en contra, tuvo que ser decidido por el vicepresidente de la nación, quien votó negativamente a pesar de todas las presiones que recibió directamente por parte de miembros del gabinete.

Las reacciones no se hicieron esperar. El debate sobre el campo pasó a un segundo plano. Desde el kirchnerismo se le acusó de traidor a Cobos, quien fue visto por la oposición como el héroe de la jornada. El vicepresidente se defendió: “Yo no me aparté de los principios que me llevaron a compartir la fórmula”, afirmó; “ellos tienen que evaluar por qué perdieron tantos votos”.

Y es que lo que se observa entretelones, es la pérdida de los aliados que tenían los Kirchner, en un escenario donde cada vez son más quienes les voltean la espalda. Primero fue el ex ministro de economía, quien por solicitud o conveniencia, se retiró


cuando comenzó el conflicto con el campo. El ex presidente Duhalde apareció en escena criticando el accionar del gobierno, y comenzó a desbaratar una alianza existente entre kirchneristas y duhaldistas en el Congreso.

Para el columnista del diario argentino La Nación, Joaquín Morales Solá, “la primera puerta de la sublevación de los diputados la abrió Felipe Solá, el ex gobernador bonaerense que les hizo importantes favores políticos a los Kirchner y que los Kirchner olvidaron rápidamente”.

Con Cobos, la situación no fue muy distinta. Hacía más de un mes que no hablaba directamente con la Presidenta y cada vez con mayor frecuencia manifestaba su inconformidad con las decisiones que esta tomaba en compañía del ex presidente Néstor Kirchner.

Votaron también en contra del proyecto dos ex presidentes de la Nación –Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá– y cinco ex gobernadores, quienes ofician actualmente como congresistas. La mayoría de ellos son peronistas y estuvieron alineados en algún momento con los Kirchner.

Tras la decisión del Senado, los peronistas disidentes salieron a cobrarle la factura al presidente del Partido Justicialista, Néstor Kirchner. Algunos le reclamaron urgentes gestos de “humildad” y “apertura”.

Por otro lado, los actuales gobernadores Daniel Scioli, José Alperovich, Sergio Urribarri y Jorge Capitanich, todos cercanos al gobierno, reclamaron públicamente aceptar la decisión del Parlamento sin consulta previa con la Casa Rosada.

La furia del ex presidente no se hizo esperar e incluso planteó la renuncia de Cristina, en la primera reunión que tuvo con su bancada. La propuesta tuvo poca aceptación. Pareciera que el mismo peronismo le mostrara a Kirchner los límites a los que podía llegar. La derrota parlamentaria reimpulsó a los jefes partidarios disidentes.

“El reciente conflicto con el campo mostró los límites y el agotamiento de esa estrategia confrontativa que ha manejado el matrimonio Kirchner”, explica Anzelini. No son pocos quienes piden ya públicamente que sea Cristina Fernández la que comience a gobernar. La pareja se ha mostrado distanciada en sus opiniones. “La presidenta soy yo”, le habría dicho la mandataria a su esposo, según fuentes cercanas al gobierno.

La derrota comenzó a cobrar víctimas dentro del gobierno. Por resolución ministerial expulsó a seis funcionarios que respondían al vicepresidente Julio Cobos. El politólogo argentino Anzelini, señala que es ahora el tiempo para otro tipo de estrategia, “de corte más consensual, que seguramente Cristina, si se la deja actuar, puede encarar satisfactoriamente, justo porque cuenta con habilidades para ello”. Ella, tendrá ahora tres años y medio para aprender de los errores y poder sacar su gobierno a flote.

Sin embargo, y pese a los deseos de la oposición, la derrota del oficialismo en el Senado no alterará la composición del núcleo: Néstor Kirchner no resignará su participación en el gobierno nacional, aunque se afirma que se replegará mientras se soluciona la crisis, pues siempre preferirá mantenerse en el poder.

 

últimas noticias