Los nuevos Rockefeller de EE.UU.

“El Rockefeller de nuestros tiempos”. Así definen a Bill Gates en el mundo de la filantropía.

Todos los ojos están sobre él tras su salida de Microsoft, porque va a dedicarse de lleno a la fundación que preside junto a su mujer, Melinda. Como señala Stacy Palmer, editora de The Chronicle of Philanthropy, Gates es junto a su amigo Warren Buffett el gran referente de un sector que en Estados Unidos mueve 306.400 millones de dólares anuales.

Los Gates crearon su fundación en 1997. Una década después, sus cofres acumulan 37.500 millones, la mayor organización caritativa privada del mundo. Es una cantidad 10 veces superior a la que maneja la Fundación Rockefeller y que triplica los fondos la Fundación Ford.

Pero las de Gates y Buffett no son las únicas caras de la generosidad. A la lista pueden sumarse Michael Dell, David Packard, William Hewlett, George Soros, Michael Bloomberg, Jerry Yang, Larry Page, Sergey Brin o Richard Branson. Los principales donantes el año pasado fueron William Hilton (1.200 millones de dólares), Jon y Karen Huntsman (750 millones) y Denny Sanford (505).

Y este año ya se desmarcan el James LaVoy (4.500 millones), Peter Peterson (1.000) y Harold Alfond (360). Hay también otros filántropos destacados fuera del mundo de la tecnología o de las finanzas, como Bono, Oprah Winfrey, Lance Armstrong, Tiger Woods, Brad Pitt y Angelina Jolie, o los Clinton.

La filantropía vive su edad de oro en estos tiempos, pues mucha gente que no necesariamente es dueña de grandes fortunas también se está metiendo la mano al bolsillo para participar en obras sociales que despierten su interés. Se dice que las ingentes donaciones de los magnates antes citados esparcen el ejemplo por toda la sociedad.

Palmer no espera que la crisis económica y financiera vaya a trastocar las donaciones que hacen estos megafilántropos, porque tienen mucho dinero disponible. No pasó tras el estallido de la burbuja tecnológica y espera que no pase ahora.

El problema podría llegar de más abajo. La gente con menos recursos es, de hecho, la que destina una mayor parte de sus ingresos a caridad, como señalan desde el Center of Philanthropy de la Universidad de Indiana.

Las familias que ganan menos de 50.000 dólares anuales suelen donar un 4,2% de sus ingresos. Pero aunque que los que ganan más de 100.000 dólares dan el 2,2%, la mitad, su impacto es desproporcionado en el conjunto. El año pasado fue la primera vez que se superó la marca de los 300.000 millones, según Giving USA.

 

Temas relacionados