Noventa años de lucha de Mandela

El mundo celebrará el 18 de julio el nacimiento de uno de los personajes políticos más conocidos y respetados. Conciertos, exposiciones y conferencias marcarán esta fecha histórica.

Los líderes políticos que también son líderes morales son muy escasos y Nelson Mandela es sin duda el más apreciado de los que hoy viven. Lo que ha hecho grande a Mandela no es sólo la nobleza de su causa, sino la paciencia e integridad que han distinguido a su lucha.

En especial porque su enemigo fue uno de los sistemas políticos más crueles del siglo XX: la política del Apartheid, que entre 1948 y 1994 impuso el Partido Nacional Afrikáner, que basó su poder en sofocar por la fuerza los reclamos de la población.

Las batallas políticas de Mandela, no obstante, se iniciaron antes de 1948 y se extendieron más allá de 1994. Mandela, con su característica humildad, ha dicho que sus inicios en el activismo político fueron un proceso natural: “El ser africano en Sudáfrica significa que se está politizado desde el momento en que se nace.

 No tuve ninguna epifanía, ninguna revelación, ningún momento de verdad, pero sí una acumulación de mil agravios, mil injusticias y mil momentos que si bien no recordaba, provocaban en mí furia, rebeldía y el deseo de luchar contra el sistema que aprisionaba a mi gente”.

Sin embargo, hubo una decisión que Mandela debió tomar conscientemente: abandonar una posición privilegiada en la estructura política de su región natal, que estaba integrada al sistema de dominación británica. Desde los veinte años vivió en Johannesburgo y se integró al Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés), una organización fundada en 1912 para reivindicar los derechos de la población negra. Organizó su primera huelga a los 25 años para oponerse a las alzas en las tarifas de transporte.

Aunque su actividad política lo obligó a aplazar la obtención de su título de abogado, “me di cuenta de que no se necesita un grado universitario para ser un líder. En Johannesburgo encontré que muchos de los líderes más extraordinarios jamás habían estado en una universidad”.

En 1948 se libraron unas elecciones parlamentarias que definieron los siguientes 50 años de historia sudafricana. El Partido Unido, que había estado en el poder hasta entonces y era de inspiración británica, perdió ante el Partido Nacional, compuesto en su totalidad por afrikáners, los descendientes de los colonizadores holandeses.

Durante la Segunda Guerra Mundial apoyaron a los nazis y su eslogan principal fue: “El kaffir en su lugar y los coolies fuera del país”. ‘Kaffir‘ y ‘coolie’ eran términos para referirse a los africanos y a los indios, respectivamente.


Bajo el liderazgo del primer ministro Daniel Malan se inició una política oficial de desplazamiento que prohibió a los africanos vivir en los cascos urbanos de las ciudades, los expulsó de sus hogares y los obligó a vivir en unos suburbios que aún no habían terminado de construirse.

Nelson Mandela no soportó más. Al lado de Manilal Gandhi, el hijo de Mahatma Gandhi, protagonizó una multitudinaria marcha en Durban y fue allí en donde comenzó a aplicar los principios de la no violencia practicados durante la lucha por la independencia de la India.

Pero cada vez que los habitantes se oponían a una medida, el régimen del Partido Nacional respondía con mayor violencia y represión política. “Empecé a sospechar que las protestas legales pronto serían imposibles. La oposición no-violenta y pasiva es efectiva siempre y cuando la oposición se adhiera a las mismas reglas.

 Pero si la protesta pacífica se combate con violencia, su eficacia se acaba. Para mí, la no-violencia no es un principio moral, sino una estrategia; no hay ninguna bondad moral en utilizar una estrategia inefectiva”.

Las marchas pacíficas no funcionaron y Mandela huyó de Sudáfrica para buscar apoyo en su objetivo de iniciar una lucha armada. Fundó el brazo armado de la ANC llamado Umkhonto we Siswe (la Lanza de la Nación). Sus entradas y salidas del país en forma clandestina, utilizando distintas identidades y disfraces, le ganaron el apodo del Pimpinela Negro, pues recordaba las hazañas del espía francés el Pimpinela Escarlata.

Los atentados de la ANC se realizaron contra instalaciones militares y gubernamentales, y los lazos de esta organización con regímenes comunistas le valieron la enemistad de la CIA y el Departamento de Estado de Estados Unidos, que definió a la ANC como terrorista. En 1963 el gobierno sudafricano arrestó a Nelson Mandela. William Blum, antigo empleado del Departamento de Estado americano, sostiene que fue gracias a información de la CIA.


Tras un juicio que tardó casi dos años y en el que Mandela actuó como su propio abogado, fue condenado a cadena perpetua en la prisión insular de Robben Island.

El aislamiento y los embargos con que la comunidad internacional castigó al régimen del Apartheid, la renovación de acciones violentas por la ANC y una nueva generación de blancos sudafricanos que no se identificaban con las políticas de segregación debilitaron el fanatismo del Partido Nacional. El golpe final lo dio la caída del comunismo en Rusia y Europa Oriental.

Fue entonces que el gobierno inició diálogos con Mandela en secreto. En 1990 el gobierno de F.W. de Klerk legalizó la ANC y se anunció que el prisionero político más famoso del mundo sería liberado después de 27 años de confinamiento. Por su labor en crear una nueva Sudáfrica, Nelson Mandela y De Klerk obtuvieron el Premio Nobel de Paz en 1993.

Después de múltiples dificultades, el 11 de febrero de 1994 se libraron las primeras elecciones libres en Sudáfrica. Nelson Mandela ganó por una dramática mayoría y heredó un país al borde de una severa crisis.

Su gobierno debió concentrarse en cerrar heridas dejadas por cincuenta años de opresión estatal y en reformar las instituciones oficiales para acoplarlas al nuevo ambiente democrático. En cinco años debió darle un vuelco de ciento ochenta grados a la relación del Estado con los habitantes de Sudáfrica y lograr una transición democrática.

Desde que dejó la silla presidencial, Nelson Mandela ha seguido la cláusula que ha regido su vida: colocar los intereses del partido por encima de los personales, y los intereses de la nación por encima de los del partido.

Esto explica los silencios de Nelson Mandela a las críticas a su sucesor: Thabo Mbeki, quien ocupa la presidencia desde 1999 y ha sido duramente criticado por la laxitud de sus políticas contra el sida, la xenofobia que se desató en el país recientemente y su tolerancia a regímenes como el de Robert Mugabe.

Mandela guarda silencio frente a esta situación. Algunos le solicitan intervenir. Pero el líder, que el próximo viernes cumple 90 años, dejó clara su posición en un mensaje que pronunció el 26 de junio en Hyde Park, y que parece dirigido a la juventud sudafricana: “Digo esta noche, después de 90 años de vida: es hora de que nuevas manos asuman los fardos. Ahora está en las manos de ustedes”.

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